Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alba Jurado Ruzafa, Instituto Español de Oceanografía (IEO, CSIC), Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)

Imagínese una caballa pescada frente a Tenerife en 1973 y otra capturada en 2021. A simple vista, son prácticamente idénticas. Sin embargo, tienen una diferencia esencial: la de hace medio siglo contenía en su músculo casi el doble de mercurio que la actual.
Este descenso, superior al 50 %, fue documentado al comparar ejemplares históricos con otros recientes capturados en aguas canarias. Es la prueba de que medidas ambientales como la eliminación progresiva del plomo en los combustibles o el Convenio de Minamata sobre el mercurio han tenido efectos reales.
De igual manera, el seguimiento de las poblaciones de sardina realizado durante la última década ha revelado una disminución progresiva de las concentraciones de plomo.
Estos ejemplos ilustran por qué los peces pequeños pelágicos –que viven en aguas medias o cerca de la superficie–, como sardinas, chicharros (o jureles en la península ibérica), caballas y alachas, representan una herramienta fundamental para evaluar la salud química marina.
Sensores con aletas
Desde hace décadas, se sabe que determinados organismos marinos pueden actuar como centinelas de la contaminación. Los peces pelágicos pequeños resultan especialmente útiles porque viven pocos años, crecen rápido y ocupan una posición intermedia en la cadena alimentaria. Así, reflejan cambios ambientales en cuestión de meses y ofrecen una imagen casi instantánea del estado del ecosistema.
Además, se encuentran entre los pescados más consumidos del mundo, con un papel esencial en la seguridad alimentaria global. Analizar los elementos químicos presentes en sus tejidos permite, al mismo tiempo, comprender los procesos ambientales que ocurren en el océano y evaluar la seguridad de los productos marinos que comemos.

Alba Jurado.
Metales buenos, metales malos
Los estudios realizados en el Atlántico nororiental han analizado hasta veinte elementos químicos distintos en el músculo de estas especies. Algunos son esenciales para la vida, como hierro, cobre, zinc o manganeso, necesarios para funciones fisiológicas básicas. Otros, como cadmio, plomo o mercurio, pueden resultar tóxicos cuando se acumulan en exceso. La buena noticia es que las concentraciones de estos últimos detectadas en los pequeños pelágicos canarios suelen encontrarse por debajo de los límites establecidos por la legislación europea. Sin embargo, esos niveles no son constantes: cambian con la estación del año, el tamaño y la edad del pez, la zona de captura e, incluso, ante fenómenos naturales puntuales.
Canarias, un laboratorio natural
Las aguas canarias constituyen un escenario excepcional para este tipo de investigaciones. Uno de los factores clave es la influencia del gran afloramiento del noroeste africano, un proceso que hace ascender aguas frías profundas, ricas en nutrientes y determinados elementos químicos. Cuando este fenómeno se intensifica, especialmente durante los meses fríos, aumentan las concentraciones de algunos metales en especies como los chicharros y las caballas. No se trata de contaminación, sino de la propia dinámica natural del océano.
Otro elemento fundamental es la calima, que transporta enormes cantidades de partículas minerales desde el desierto del Sáhara hasta el Atlántico. Este polvo aporta hierro, aluminio, cobre y zinc al océano, que pasa al fitoplancton (organismos fotosintéticos del plancton, que constituyen la base de la cadena alimentaria marina) y, posteriormente, al resto de la red trófica. Por ello, concentraciones elevadas de ciertos elementos en los peces pueden reflejar la influencia del desierto, aparte de la actividad humana, también detectable en el músculo de estos peces.
Asimismo, la actividad volcánica también deja su impronta. Las erupciones recientes en Canarias modificaron temporalmente la química marina y estudios posteriores detectaron incrementos de varios metales en caballas capturadas en las zonas afectadas, especialmente tras la erupción en La Palma, cuyos efectos fueron perceptibles durante meses.
Cada isla tiene su firma química
Las investigaciones recientes muestran que los peces analizados en diferentes islas presentan características propias. Así, las caballas capturadas en Tenerife y Gran Canaria, donde la presión humana es mayor, tienden a registrar concentraciones ligeramente superiores de elementos asociados a actividades urbanas y portuarias.
Por el contrario, los ejemplares procedentes de Lanzarote y Fuerteventura suelen mostrar niveles más elevados de elementos relacionados con el afloramiento africano y la calima sahariana. Por todo ello, estos peces funcionan como auténticos mapeadores químicos del archipiélago.
Escuchar a los peces
La biología también influye en los patrones de acumulación. La edad, el tamaño, el estado reproductivo o los hábitos alimentarios modifican la composición química de cada ejemplar. En conjunto, los resultados apuntan a una idea sencilla: cada sardina, cada chicharro y cada caballa que llega al mercado es también un pequeño sensor ambiental. En sus tejidos queda reflejada la estación en que fue capturado, la intensidad del afloramiento, la influencia de la calima o, incluso, la huella de una erupción volcánica reciente.
En un contexto de cambio global y creciente presión sobre los océanos, estos estudios adquieren gran importancia. Los peces que consumimos no solo alimentan a millones de personas en todo el mundo, también nos ayudan a comprender, mediante la química y la biología, qué está ocurriendo bajo la superficie del mar.
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Alba Jurado Ruzafa está empleada por el Instituto Español de Oceanografía (IEO, CSIC), que pertenece al Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Los estudios relacionados con Pesca estaban cofinaciados con fondos FEMPA de la Unión Europea, destinados a reforzar los conocimientos científicos necesarios para apoyar el diseño de políticas basadas en la ciencia para la conservación y gestión de la pesca.
Enrique Lozano Bilbao no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. La cantidad de mercurio en la caballa canaria se ha reducido a la mitad en 50 años – https://theconversation.com/la-cantidad-de-mercurio-en-la-caballa-canaria-se-ha-reducido-a-la-mitad-en-50-anos-287796
