Tambores, fuegos artificiales y sentido de pertenencia: por qué los ‘diablos de fuego’ de Barcelona sacrifican su audición por la comunidad

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Karla Berrens, Tenure track lecturer, Universitat de Barcelona

El _correfoc_ es una fiesta muy importante, tanto en Barcelona como en toda Cataluña. Calvesklein/Wikimedia Commons, CC BY-SA

Cada año, el 15 de agosto, el barrio de Gràcia, en Barcelona, se despierta con una procesión pirotécnica de “diables”, o “diablos de fuego”, que recorren sus estrechas calles, seguidos poco después por grupos de tamborileros. Mientras los juerguistas bailan al ritmo de la percusión y las explosiones, el ruido y el humo inundan el barrio, transformando su ambiente y marcando el inicio de las fiestas locales, que duran siete días.

Estos eventos anuales –conocidos como correfocs– son parte integral del tejido del barrio. Pero la exposición de toda una vida a ruidos extremos tiene un grave impacto en la salud de los participantes, en particular en su audición. Entonces, ¿por qué siguen interviniendo?

El fuego como cultura

El fuego ha marcado durante mucho tiempo los ritmos de la vida pública en Cataluña. Su presencia se remonta a antes del siglo XIV y aparece en uno de los primeros registros escritos de los rituales cívicos de Barcelona: el Libro de las solemnidades de 1424. En aquella época, el fuego formaba parte de las celebraciones religiosas. Durante eventos como el Corpus Christi, las procesiones recorrían las calles de la ciudad, en ocasiones acompañadas de los primeros efectos pirotécnicos o de figuras simbólicas como bestias que escupían fuego.

Pero lo que comenzó como un elemento ritual ha ido adquiriendo vida propia. Con el tiempo, el fuego traspasó la esfera estrictamente religiosa y se convirtió en un rasgo definitorio de la cultura popular catalana. Hoy en día, no es solo parte del espectáculo: es el espectáculo. El fuego da forma a cómo las comunidades se reúnen, celebran y viven la ciudad, arraigándose profundamente en las prácticas colectivas y los imaginarios compartidos.

Esto se aprecia a lo largo de todo el calendario festivo, ya que las celebraciones públicas suelen incluir espectáculos pirotécnicos a gran escala que transforman la ciudad en un escenario compartido para conmemorar las fiestas locales y las transiciones estacionales. Uno de los momentos más emblemáticos es el solsticio de verano, el 23 de junio, la Nit de Sant Joan o la Noche de San Juan, cuando el fuego y los fuegos artificiales iluminan calles, plazas y cielos.

Las fiestas del fuego son organizadas por grupos vecinales conocidos como colles (colla en singular), y pueden dividirse en tres tipos principales de representaciones.

  • El Ball parlat: literalmente significa “baile hablado”; se trata de una representación que narra la lucha entre el arcángel San Miguel y Lucifer y sus demonios. Al final, Lucifer es derrotado y se marcha, mientras que sus demonios lanzan fuegos artificiales incrustados en sus bastones de madera.

  • El Cercavila: consiste en un desfile de colles por el barrio, a menudo ataviados con trajes y acompañados de música, fuegos artificiales y una variedad de figuras que representan a gigantes y humanos. Llevan trajes, un conjunto de dos piezas confeccionado en algodón grueso ignífugo, normalmente con cuernos en la capucha y una variedad de motivos pintados a mano que incluyen demonios, serpientes, dragones y llamas.

  • Correfocs: compuestos exclusivamente por colles de fuego, estos eventos tienen lugar por la noche. Consisten en demonios que llevan un palo de madera, la maça, con una punta metálica que contiene fuegos artificiales. Estos emiten un sonido mientras arden, con un fuerte estruendo al final, conocido como el trueno. El término correfoc se utiliza a menudo para referirse a estas festividades de manera más amplia, especialmente fuera de Cataluña.

Tanto en el correfoc como en la cercavila, los demonios de múltiples colles lanzan fuegos artificiales mientras bailan al ritmo de los tambores que los siguen. La banda sonora de estos eventos es un rugido constante y atronador de ruido pirotécnico mezclado con percusión.

Ruido por encima del umbral del dolor

Gràcia –históricamente un pequeño pueblo que en su día estuvo separado de la ciudad romana de Barcino– es uno de los barrios más antiguos de Barcelona. El ruido resuena en sus calles estrechas y atrapa el humo de los fuegos artificiales. Durante un cercavila o un correfoc, varios demonios “arden” a la vez, lo que significa que se lanzan múltiples fuegos artificiales simultáneamente.

Cada artefacto pirotécnico utilizado en las fiestas está sujeto a controles estándar de salud y seguridad, que incluyen un límite de ruido de 120 dB. Este es el umbral del dolor y del daño auditivo, equivalente al ruido que hace una motosierra.




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Pero esta norma solo se aplica a cada artefacto de forma individual, y actualmente no existe ningún requisito para comprobar las explosiones simultáneas. Esto significa que en una cercavila o un correfoc, especialmente en calles estrechas, el ruido puede alcanzar hasta los 175 dB –equivalente a un disparo de escopeta cerca del oído–, muy por encima del umbral del dolor de 120 dB.

Las actuaciones de fuego y tambores de los demonios de Gràcia tienen lugar durante toda la semana del 14 al 21 de agosto, a menudo varias veces al día. Se trata de una exposición concentrada a música alta y explosiones en un breve periodo de tiempo.

Sacrificar la salud por la comunidad

Pertenecer a una colla significa formar parte de un aspecto consolidado y apreciado de la cultura popular catalana. Muchas personas permanecen en su colla durante décadas, mientras que otras empiezan a los 18 años o antes (la mayoría cuenta con una sección infantil específica) y nunca la abandonan. Para muchos diablos de fuego de toda la vida, la pérdida auditiva acumulada es simplemente algo que va con el territorio.

Algunos diablos incluso llevan su pérdida auditiva como una insignia de honor y pertenencia. Pero en términos más generales, la protección auditiva no es algo que todos los diablos utilicen, a pesar de que los guantes, la protección ocular y la ropa ignífuga se usan ampliamente.

La verdadera pregunta es si la pérdida auditiva es realmente una parte intrínseca de ser un “diablo”, y qué les impide protegerse. ¿Por qué, por ejemplo, los fuegos artificiales más ruidosos siguen probándose individualmente, y no al unísono como se utilizan en realidad? ¿Y por qué no se anima más enérgicamente a los participantes a proteger su audición? Es difícil abrir estos debates porque pueden interpretarse como un cuestionamiento o incluso un desafío a la propia cultura popular catalana.

Existe una polarización entre los propios diablos al respecto. Por un lado, son conscientes de su pérdida auditiva y no se engañan sobre lo que la causa. Sin embargo, el uso de protección auditiva aún no está generalizado en los correfocs o cercavilas, al igual que no lo está en tantas otras actividades no pirotécnicas que pueden dañar la audición, como conciertos, discotecas o incluso estar en un bar con música muy alta.




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Quizá ahí radique la respuesta. Tal vez no sea una cuestión de pertenencia, sino de costumbre social. Es socialmente aceptable, por ejemplo, protegernos los ojos de la luz solar o del polvo, pero aún no estamos acostumbrados a proteger nuestra audición. Y en el caso de los diablillos de fuego de Barcelona, lo pagan muy caro.

The Conversation

Karla Berrens es miembro del grupo de investigación CRIT y del centro de investigación CR Polis. Formó parte de dos asociaciones culturales relacionadas con este artículo —la Colla Vella de Gràcia y la colla Farrofoc— hasta 2026.

ref. Tambores, fuegos artificiales y sentido de pertenencia: por qué los ‘diablos de fuego’ de Barcelona sacrifican su audición por la comunidad – https://theconversation.com/tambores-fuegos-artificiales-y-sentido-de-pertenencia-por-que-los-diablos-de-fuego-de-barcelona-sacrifican-su-audicion-por-la-comunidad-284610