Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Manuel de Amo Sánchez-Fortún, Catedrático de Universidad en el área de Didáctica de la Lengua y la Literatura, Universidad de Almería
No a todo el mundo le gusta leer. O, al menos, no cualquier libro, en cualquier momento o de cualquier manera. Cuando un adolescente dice que leer le aburre o que no le gusta, lo más probable es que sea porque no ha encontrado el libro ideal. A menudo, si las experiencias de lectura previas no respondían a sus gustos o procedían, sobre todo, de las lecturas escolares obligatorias, no es fácil identificar la lectura con una actividad placentera.
Las vacaciones pueden ser un buen momento para probar otra vez. Hay menos presión y más libertad para elegir un libro, dejarlo si no convence o empezar otro porque alguien lo ha sugerido. También permiten leer sin objetivo ni presión: no hay que preparar después un resumen o demostrar que se ha entendido correctamente.
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Para ese grupo de chicos y chicas que no forman parte del 76,9 % que leen por ocio, y cuyos gustos no coinciden con lo que se recomienda a través de vídeos breves, BookTok o comunidades de fanfiction, hemos preparado una lista alternativa de libros infalibles.
1. Para quienes quieren instalarse en otro mundo: Una corte de rosas y espinas, de Sarah J. Maas

Crossbooks / Editorial Planeta
Una novela de más de cuatrocientas páginas puede parecer una elección arriesgada para alguien que no suele leer. Sin embargo, en esta saga la extensión forma parte de su atractivo: ofrece tiempo para adentrarse en un universo, conocer a sus personajes y prolongar una experiencia que no se agota en unas pocas horas.
Sarah J. Maas facilita la entrada mediante una historia con ecos de La Bella y la Bestia. El lector reconoce algunos elementos del cuento, pero pronto descubre un territorio más complejo, poblado por criaturas mágicas, amenazas, alianzas cambiantes y personajes cuyas intenciones nunca están del todo claras. Esa combinación entre lo familiar y lo imprevisible permite orientarse sin perder la curiosidad.
A medida que avanza la lectura, importa no solo lo que pueda ocurrir, sino también volver a determinados lugares, reencontrarse con los personajes y comprobar cómo cambian sus relaciones. La incertidumbre sentimental, las traiciones y los conflictos morales favorecen que el lector tome partido y se implique emocionalmente en la historia. Así, la dificultad inicial de aprender nombres, espacios y reglas puede convertirse en una recompensa: comprender ese mundo produce la satisfacción de sentirse dentro de él, y las numerosas páginas dejan de intimidar porque permiten permanecer más tiempo junto a personajes que ya importan.
La lectura se prolonga, además, fuera de la novela. La saga ha generado comunidades de seguidores que comparten teorías, ilustraciones y opiniones. Para muchos adolescentes, leer significa también participar en esas conversaciones y sentirse parte de un grupo unido por una historia común.
2. Para quienes quieren descubrir la verdad: Asesinato para principiantes, de Holly Jackson

Crossbooks / Editorial Planeta
Algunos lectores necesitan algo más que seguir una historia: quieren intervenir en ella. Asesinato para principiantes les permite hacerlo. La novela combina narración, entrevistas, mensajes y notas de investigación que entregan al lector una parte de las pruebas y lo invitan a comparar testimonios, detectar contradicciones y formular hipótesis junto a Pip. Una frase que parecía insignificante puede adquirir otro sentido varias páginas después.
Esa estructura convierte una posible resistencia –la dificultad para mantener la atención– en una ventaja. Concentrarse tiene un propósito: cualquier detalle puede acercarnos a la solución. El placer no está solo en descubrir al culpable, sino también en participar en la construcción de la verdad, equivocarse y revisar aquello que se daba por seguro.
El comienzo se toma cierto tiempo para presentar el caso y sus numerosos implicados, pero esa aparente lentitud permite conocer la versión que todos han aceptado antes de empezar a desmontarla. Pip no investiga únicamente un asesinato: cuestiona la facilidad con la que una comunidad construye reputaciones y decide quién merece confianza. El lector debe valorar los indicios, desconfiar de las explicaciones cómodas y aceptar que incluso la protagonista puede equivocarse.
2. Para quienes quieren vivir la historia desde dentro: Lágrimas en el mar, de Ruta Sepetys

Maeva Ediciones.
La historia puede parecer lejana cuando llega convertida en fechas, cifras y nombres. Lágrimas en el mar recupera el hundimiento del crucero alemán Wilhelm Gustloff, una tragedia poco conocida de la Segunda Guerra Mundial, y lo acerca a través de cuatro voces jóvenes.
Sus protagonistas no saben cómo terminará el conflicto ni qué lugar ocuparán después en los libros de historia. Solo saben que deben huir, proteger un secreto, decidir en quién confiar o ayudar a alguien cuando ellos mismos están en peligro. El frío, el miedo, una herida o una maleta permiten comprender la dimensión humana del pasado sin convertir la novela en una lección.
Los capítulos breves y la alternancia de voces dan agilidad al relato. Al principio hay que recordar quién habla y qué sabemos de cada personaje; pronto esa pequeña exigencia se transforma en uno de los placeres de la lectura: relacionar las piezas y descubrir cómo se cruzan sus vidas. Los protagonistas tienen miedos, afectos y contradicciones reconocibles, aunque se enfrenten a circunstancias extremas.
Su mayor logro llega quizá después de la última página, cuando nace el deseo de averiguar qué ocurrió realmente. La ficción no sustituye al conocimiento histórico: hace que queramos buscarlo porque las personas que vivieron aquel episodio ya nos importan. El pasado deja entonces de ser algo que debe memorizarse y se convierte en una historia que no queremos olvidar.
4. Para quienes disfrutan preguntándose ‘¿Y si…?’: El efecto Frankenstein, de Elia Barceló

Edebé.
La ciencia suele presentarse mediante respuestas. Esta novela entra en ella a través de preguntas: ¿todo lo que podemos crear debería existir? ¿Qué responsabilidad tiene quien pone algo nuevo en el mundo? ¿Quién podía estudiar, investigar o decidir hace doscientos años?
Elia Barceló retoma las grandes cuestiones de Frankenstein, de Mary Shelley, y las convierte en una aventura juvenil con viajes en el tiempo, intriga y atmósfera gótica. No hace falta conocer el clásico para disfrutarla. Al contrario, la novela puede despertar el deseo de leerlo después.
La obra permite contemplar el siglo XVIII desde la mirada de una estudiante de Medicina del presente. El viaje temporal hace visibles diferencias que una explicación histórica podría dejar en abstracto: Nora debe modificar su ropa, su forma de hablar e incluso la identidad que muestra para desenvolverse en una sociedad que no concede a las mujeres las mismas posibilidades.
La ambientación histórica y el diálogo con un clásico se convierten así en una fortaleza. El lector entra por la aventura y acaba pensando en los límites de la ciencia, la desigualdad y las consecuencias de nuestras decisiones. La documentación histórica, la evolución de los personajes y la fluidez de la trama fueron algunos de los aspectos destacados por el jurado que le concedió el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil en 2020.
Frente a otras novelas que utilizan la ciencia como un decorado espectacular, esta recuerda que crear algo implica también responsabilizarse de ello. Su singularidad está en tratar al lector como alguien capaz de disfrutar y pensar al mismo tiempo.
Encontrar una razón para continuar
Estos cuatro títulos no forman una lista de obras que todos los adolescentes deban leer. Son puertas de entrada a deseos distintos: escapar, descubrir, comprender y hacerse preguntas. Familias, docentes y bibliotecas pueden acompañar esa búsqueda prestando atención a lo que cada joven ya disfruta y ampliando las opciones, no imponiendo un único camino.
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También conviene permitir el abandono. Dejar un libro que no atrae no significa rechazar la lectura; a veces forma parte del aprendizaje de elegir. El gusto por leer no suele nacer de terminar cualquier obra, sino de encontrar una historia que dé una razón para pasar a la página siguiente.
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José Manuel de Amo Sánchez-Fortún recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación porque es investigador principal (IP) de un proyecto I+D+I obtenido en concurrencia competitiva y financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades del Gobierno de España.
Kevin Baldrich no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. Lecturas veraniegas: cuatro propuestas para adolescentes que aún no han encontrado su libro – https://theconversation.com/lecturas-veraniegas-cuatro-propuestas-para-adolescentes-que-aun-no-han-encontrado-su-libro-286766

