Las lecciones económicas tras las gestas del Tour de Francia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Francisco Albert Moreno, Profesor Ayudante Doctor (Departamento de Economía Aplicada), Universitat de València, Universitat de València

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Con la llegada de julio comienza uno de los grandes acontecimientos deportivos del año: el Tour de Francia. Un espectáculo mundial que nos puede hacer más llevaderas las tardes cada vez más tórridas de las primeras semanas del verano.

El Tour trasciende lo puramente deportivo. Es un fenómeno cultural, una maquinaria económica perfectamente engrasada y una de las mayores demostraciones de resistencia humana. Pero también puede convertirse en un magnífico laboratorio para comprender cómo funciona la economía.

En esta edición de 2026, que arranca en Barcelona el 4 de julio, todas las miradas apuntan al esloveno Tadej Pogačar (1998). Si logra conquistar su quinto Tour igualará a los franceses Jacques Anquetil y Bernard Hinault, el belga Eddy Merckx y el español Miguel Induráin. No lo tendrá fácil. Frente a él estarán el danés Jonas Vingegaard, doble vencedor del Tour, y el joven francés Paul Seixas, la gran revelación de la temporada y la esperanza de un país que no celebra un campeón del Tour desde Bernard Hinault, en 1985.

Lecciones de economía en bicicleta

La batalla sobre el asfalto promete emociones. Pero, además del espectáculo, el Tour ofrece algo menos evidente: una extraordinaria colección de lecciones económicas, como cuento en mi libro Un economista en el Tourmalet (2026).

Muchas de las situaciones que se producen durante una etapa ilustran principios económicos mejor que algunos ejemplos académicos. Basta observar con atención las decisiones que toman los corredores para descubrir conceptos que normalmente estudiamos en los manuales universitarios.

Volvamos a Bernard Hinault. El francés conquistó cinco Tours de Francia y en 1986 afrontaba su última oportunidad de alcanzar el sexto, una cifra que ningún ciclista ha logrado todavía. Un año antes, su joven compañero, el estadounidense Greg LeMond, había trabajado para ayudarle a conseguir su quinta victoria, con la promesa de que en la siguiente edición los papeles se invertirían.

Pero Hinault nunca fue un corredor resignado. En la etapa reina de los Pirineos atacó desde el Tourmalet, a muchos kilómetros de la meta, abriendo una amplia ventaja gracias a un despliegue de fuerza y orgullo. Sin embargo, incluso los mejores ciclistas están sometidos a la escasez: la energía es un recurso limitado. Aquel esfuerzo resultó imposible de sostener, Hinault terminó hundiéndose en la subida final a Superbagnères, y LeMond acabó dando la vuelta a la clasificación general para conquistar su primer Tour.

¿Y si Hinault perdió aquel sexto Tour por no pensar como un economista?

Uno de los primeros conceptos que enseñamos en cualquier curso de economía es el coste de oportunidad: aquello a lo que renunciamos cuando tomamos una decisión. Cada pedalada del ataque de Hinault tenía un coste. Al consumir gran parte de sus fuerzas en un momento de la carrera, renunciaba a disponer de ellas cuando más las necesitaría. El precio de aquella apuesta no fue únicamente una etapa. Probablemente fue la oportunidad de convertirse en el único ciclista de la historia con seis Tours de Francia en su palmarés.

Tres años después, el propio LeMond protagonizaría otra de las grandes lecciones económicas de la historia del ciclismo. El Tour de 1989 llegó a su última etapa con el francés Laurent Fignon vestido de amarillo y una ventaja de 50 segundos sobre el estadounidense. Todo parecía decidido.

Sin embargo, LeMond utilizó una innovación que muchos consideraban poco más que una extravagancia: un manillar de triatlón que mejoraba notablemente su posición aerodinámica. Fignon, en cambio, mantuvo el equipamiento tradicional, sin casco y con su característica coleta al viento. El resultado es ya historia del deporte: LeMond recuperó toda la desventaja y ganó el Tour por apenas ocho segundos, la diferencia más pequeña jamás registrada.

Greg Lemod ganó el Tour de 1989 por apenas 8 segundos. Fuente: Tour de France, YouTube.

Aquellos ocho segundos fueron mucho más que un desenlace deportivo. Demostraban cómo una innovación tecnológica puede transformar por completo el resultado de una competición. Es el mismo mecanismo que explica buena parte del crecimiento económico. Las sociedades prosperan cuando son capaces de producir más y mejor gracias al progreso técnico y la innovación.

Espectáculo deportivo y lección económica

Estos son solo dos ejemplos. El ciclismo está lleno de situaciones que recuerdan a conceptos económicos. El pelotón busca continuamente un equilibrio semejante al de un mercado. Las escapadas muestran los incentivos y los problemas de coordinación. Las alianzas entre rivales revelan cómo la cooperación puede beneficiar incluso a quienes compiten entre sí. Y las famosas “pájaras ciclistas” ilustran cómo un crecimiento aparentemente exuberante termina provocando las temibles burbujas financieras.

Quizá esa sea una de las razones por las que el Tour sigue fascinando más de un siglo después. No solo porque gana el más fuerte, sino porque cada etapa reproduce algunos de los grandes dilemas de la economía: cómo gestionar recursos limitados, cuándo asumir riesgos, cuándo innovar y qué coste tiene cada decisión. Quien siga la carrera este verano disfrutará de uno de los mayores espectáculos deportivos del mundo. Pero si observa el pelotón con ojos de economista, descubrirá que cada etapa también puede convertirse en una clase de economía magistral.

The Conversation

El autor es autor del libro Un economista en el Tourmalet, en el que desarrolla algunas de las ideas expuestas en este artículo.

ref. Las lecciones económicas tras las gestas del Tour de Francia – https://theconversation.com/las-lecciones-economicas-tras-las-gestas-del-tour-de-francia-286532