250 años de la independencia de EE. UU.: la gran contradicción del país fue proclamar la igualdad mientras se mantenía la esclavitud

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alvaro Ferrary, Profesor de Historia Contemporánea, Universidad de Navarra

George Washington en la plantación de Mount Vernon (1797), segun una litografía de Nathaniel Currier (1852). Met Museum

Según la politóloga Danielle Allen, nunca se ha escrito nada tan trascendental en materia de igualdad como la afirmación de la Declaración de Independencia de Estados Unidos: “todos los hombres han sido creados iguales”. Apenas puede sorprender que el 4 de julio de 1776, fecha en la que se firmó la Declaración, se haya fijado como efeméride fundacional de EE. UU.; ni que se haya asegurado que, desde su fundación, el país se distinguió del resto de las naciones por su carácter de “faro de la libertad”.

Esa visión idealizada es, por supuesto, una simplificación que se aleja de las complejidades de la historia americana. Un caso particularmente elocuente fue el drama de la esclavitud. En este asunto, tras la promulgación de la Declaración, las cosas siguieron siendo como antes sin que, de repente, se desplegara ninguna suerte de plan providencial que comenzara a cambiarlo todo.

Sin embargo, tampoco debemos interpretar la Declaración como una cáscara vacía. Lo que se aprobó en aquel mes de julio en Filadelfia y se proclamó solemnemente cuatro días después comprometía a la recién creada nación con una aspiración de igualdad jurídica y legal para todos sus ciudadanos.

Aunque enseguida surgieron y se extendieron las dudas. Once años más tarde, en una memorable ocasión, Benjamin Franklin las expresó con gran claridad. Fue el 17 de septiembre de 1787, en el curso de los últimos debates que condujeron a la aprobación de la Constitución. Meditando sobre la suerte que el futuro depararía al experimento político democrático que entonces se ratificaba (del cual la Declaración había supuesto su arranque) fijó su mirada en la figura del sol tallada en el respaldo de la silla de caoba que utilizaba Washington. A continuación se preguntó: “¿Es un sol naciente o es un sol poniente?”

Pocas veces se ha aludido de manera tan poética a uno de los dos grandes dilemas de la historia estadounidense: la contradicción existente entre los principios de libertad y de igualdad proclamados en 1776 y la persistencia del drama de la esclavitud.

George Washington y su plantación de esclavos

Aquí no cabe recurrir a subterfugios exculpatorios. Por ejemplo, al inevitable peso de los prejuicios heredados, lo que habría impedido a los Padres Fundadores mirar de cara a la realidad de la esclavitud. Nunca pasó nada de eso. Todos ellos eran plenamente conscientes de lo que esa institución implicaba. También George Washington, el primer presidente de los Estados Unidos (1789-1797), conocido como “padre de la Patria”.

Washington fue y se sintió un genuino hombre del sur. Mount Vernon –el solar familiar de los Washington– era una importante plantación agrícola con más de un centenar de esclavos. Así pues, las conexiones de Washington con la esclavitud y sus prácticas eran profundas.

Sin embargo, también interpretó que la lucha que emprendía al frente del Ejército Continental (formado por las Trece Colonias durante la Guerra de Independencia) no era solo por la libertad de los colonos, sino para acordar un nuevo pacto de valor universal, fundado en la igualdad de todos ante la ley. Aquella aspiración fue lo que le llevó a cuestionar, sin grandes aspavientos –pero también de manera constante y sin concesiones– el conjunto de supuestos y asunciones que, durante años, le habían llevado a comulgar con la dominante mentalidad esclavista de su tierra sureña.

En muy poco tiempo, Washington fue capaz de reconocer que, sin contar con la igualdad de todos ante la ley, resultaba vano hablar de libertad. Pero también era plenamente consciente de lo poco equipados, política y psicológicamente, que estaban sus compatriotas, sobre todo en los territorios del sur, para aceptar la supresión del régimen esclavista.

Al mismo Washington le resultaba difícil y doloroso renunciar a su estatus de hacendado de Virginia. Al final, dejó escrito en su testamento que, a su muerte, sus 123 esclavos debían convertirse en personas libres. Asimismo, esperaba que sus sucesores en la presidencia siguieran sus pasos, para dar ejemplo e ir abriendo el camino hacia la abolición.

Conciliando la autoridad con la prudencia

Desde nuestros parámetros actuales, todas esas medidas y deseos suenan a demasiado poco. Pero, para calibrarlas adecuadamente, también hay que tener muy en cuenta el pavor que Washington sentía a que una decisión apresurada en una cuestión tan sensible como esa acabara por hacer descarrilar el gran “experimento político” bajo su dirección. La eventualidad de un fracaso generó en él un estado de ansiedad permanente.

Asimismo, se sentía transitando por un terreno totalmente inexplorado. Por ello pensaba que debía actuar y comportarse con suma prudencia. Llegó a concluir que, cara al exterior, debía inspirar respeto para no parecer débil; pero no tanto como para ser tomado, cara al interior, como un rey. Consideraba que solo sabiendo conciliar la autoridad y la osadía con la prudencia y la humildad lograría evitar lo que más temía: el “faccionalismo” y la división del país en sectores irreconciliables.

Con la perspectiva que nos proporcionan los 250 años trascurridos desde la Declaración de la Independencia se puede llegar a afirmar que, en su forma de dirigir el país y de tratar a sus compatriotas, George Washington encarna la némesis de lo que hoy representa Donald Trump.

The Conversation

Alvaro Ferrary no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. 250 años de la independencia de EE. UU.: la gran contradicción del país fue proclamar la igualdad mientras se mantenía la esclavitud – https://theconversation.com/250-anos-de-la-independencia-de-ee-uu-la-gran-contradiccion-del-pais-fue-proclamar-la-igualdad-mientras-se-mantenia-la-esclavitud-286503