Todas las músicas que se esconden en ‘La península de las casas vacías’

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan José Pastor Comín, Catedrático de Universidad. Área: Música. Investigación: Relaciones entre Música y Literatura. CIDoM (UCLM-CSIC). Premio de Investigación e Innovación en Arte y Humanidades (Gobierno de Castilla-La Mancha), Universidad de Castilla-La Mancha

Edificios semiderruidos por la guerra civil española. Otto Wunderlich. Archivo Wunderlich, IPCE, Ministerio de Cultura y Deporte

David Uclés se define en su página web como escritor, músico y dibujante, y allí aloja sus propias composiciones. Pertenece a esa nómina de talentos que cultivaron la música y la literatura, desde Juan del Encina a Julio Cortázar, pasando por Góngora, Sor Juana Inés de la Cruz, Galdós, Gerardo Diego o Federico García Lorca, una escritura renovada que busca un apoyo constante en la participación de las artes.

Así, por su última novela, La ciudad de las luces muertas, desfilan, en espacios emblemáticos como el Palau de la Música, Pau Casals, Montserrat Caballé o Jordi Savall, al tiempo que el joven escritor selecciona quince piezas musicales para acompañar su lectura.

¿Qué sentido tienen estos referentes musicales recurrentes integrados en sus novelas? Más allá del realismo mágico –o realismo uclesiano– que define su estilo, ¿no será, quizá, una de sus propuestas más innovadoras hacernos ver que la música trasciende y da sentido al espacio silencioso de la lectura?

‘La península de las casas vacías’, un tapiz sonoro elocuente

La península de las casas vacías refiere la descomposición y desaparición de una familia durante los años de la Guerra Civil española. En ella la música tiene un papel vertebrador.

Sus cuatro partes diferenciadas bien podrían ser cuatro movimientos sinfónicos en los que Odisto –imagen de Odiseo–, el personaje principal, sentirá las voces de la guerra que arrastra el viento. Él deberá evitar estas voces aniquiladoras, que recuerdan a las de las sirenas que Ulises escucha atado al mástil en la Odisea. A pesar de que los cantos representan la tentación del conocimiento absoluto y el olvido del hogar, ambos héroes, Odisto y Ulises, cruzarán esa experiencia musical y lograrán regresar a su patria.

En este largo viaje el lector contemplará el paisaje sonoro cotidiano de los años 1920 y 1930. En él se encuentran las coplillas que se hicieron a raíz del atentado contra Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battenberg el 31 de mayo de 1906:

“En la Plaza Mayor

ha caído una bomba

ha ido a parar a la reina Victoria.

Victoria está mala

y el rey no la quiere,

por eso Victoria

de pena se muere”.

También las parodias y las nuevas letras para el Himno de Riego que se cantaban en la España republicana:

“Si los curas y Franco supieran

la paliza que les van a dar,

subirían al coro cantando

¡libertad, libertad, libertad!”

Igualmente, Uclés incluye la versión popular de Los cuatro muleros titulada Los cuatro generales, que hacía referencia a Franco, Sanjurjo, Mola y Queipo de Llano. Todas ellas presentan un auténtico tapiz sonoro de la realidad del momento que recuerda al lector que en una guerra civil nada, y mucho menos la música, es inocente.

Más allá de estas músicas contextuales, Uclés introduce otras obras que interfieren como anacronías en la ficción. Al igual que hace Miguel de Unamuno en Niebla, el autor rompe la “cuarta pared” narrativa, establece un diálogo con sus personajes y, gracias a esta capacidad de interacción, les concede en momentos esenciales músicas a las que el lector deberá acudir si quiere participar en una experiencia interartística inmersiva.

Un ejemplo claro es el regreso de Odisto a su pueblo:

“Hice que, algo lejana, sonara en sus oídos una melodía que lo iba a acompañar en aquella última estación del viacrucis de vuelta. Para quien desee escucharla al mismo tiempo, se trata del ”Himno de los querubines“ de Piotr Ilich Tchaikovsky”.

Esto mismo sucede en la descripción de la toma de Badajoz por el coronel Yagüe, donde advierte “os dejo antes el nombre de una pista de audio, por si queréis finalizar el capítulo con la misma música con la que estoy escribiendo yo: Miserere mei, Deus, de Gregorio Allegri”, marcando así la matriz emocional del episodio.

Este recurso evocando el patrimonio histórico musical se repite en distintas ocasiones. En la batalla del Jarama, el corneta Camilo “decidió improvisar un aire parecido al Tuba mirum de Verdi, pero el doble de lento y de largo”, acentuando la dimensión fúnebre de la guerra fratricida.

Otras veces el narrador introduce músicas más próximas a los personajes para consolar por la pérdida de los fallecidos: “Antes de seguir con la lectura, os animo a que pongáis el Andante festivo de Sibelius que fue reorquestado en 1938 y lo escuchéis mientras leéis el siguiente capítulo”.

Las músicas del futuro

Pero también, y de una forma audaz, Uclés hace que sus personajes escuchen obras que fueron compuestas mucho tiempo después de la Guerra Civil. Sucede así, por ejemplo, cuando decide suspender el relato sobre la masacre en la carretera de Málaga-Almería para hacer que los soviéticos de las Brigadas Internacionales canten Sacred Love, de Georgui Svirídov, compuesto en 1973.

Estas referencias extemporáneas transforman hechos históricos puntuales en universales. De este modo los personajes de 1936 pueden ver en Madrid la escultura de Agustín Lara realizada por Humberto Peraza en 1975 frente a las Escuelas Pías. La pieza alude a la canción “Solamente una vez”, y en su pedestal se puede leer la letra del famoso chotis de 1948: “Madrid, Madrid, Madrid, pedazo de la España en que nací… en México se piensa mucho en ti”. En la novela no se menciona esta canción, pero es extraordinariamente elocuente en su recuerdo del exilio.

En el relato de la evacuación de los niños vascos en 1937 se intensifica el dolor de las madres, haciéndoles llegar como consuelo “una melodía balcánica llamada Ederlezi, hoy día bellamente interpretada por Nigel Kennedy y Goran Bregovic”.

La dulzura de esta obra se contrapone con la brutalidad y densidad sonora del Requiem II. Kyrie de Ligeti, que enmarca la cuarta parte de la novela y el estallido del volcán que fractura la península. A estas músicas imposibles hay que añadir el bálsamo que concede el narrador a uno de los personajes tras matar a un miliciano: “Hice que sonara muy tibiamente una pieza en su cabeza: la melancólica interpretación que Miles Davis haría tiempo después del adagio del Concierto de Aranjuez”.

Las piezas empleadas por Uclés no solo ayudan a comprender una época: expanden el mundo de los lectores. La península de las casas vacías es así un lugar donde la experiencia musical –las obras clásicas, coetáneas y futuras que aparecen en la particular odisea de Odisto– transforma la vivencia del tiempo.

El sentido se desplaza más allá del reino de la palabra y solo parece encontrarse donde la música, vivida en primera persona, se expresa poderosamente e invade el terreno silencioso de la novela.


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The Conversation

Juan José Pastor Comín no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Todas las músicas que se esconden en ‘La península de las casas vacías’ – https://theconversation.com/todas-las-musicas-que-se-esconden-en-la-peninsula-de-las-casas-vacias-281090