Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Manuel Almansa Moreno, Catedrático de Historia del Arte del Departamento de Patrimonio Histórico, Universidad de Jaén

¿De dónde procede el folclore español?
A pesar de que es muy antiguo, habría que decir que parte de su recuperación (o de su utilización) no se remonta más allá del siglo XX. Cuando acabó la guerra civil española, y con el fin de reorganizar el Estado, Franco tomó el control político de distintos organismos e instituciones. De esa forma se procedió al adoctrinamiento de la sociedad de acuerdo con sus designios y directrices.
La Sección Femenina
Todo empezó con la Sección Femenina. Fundada en 1934, y dirigida hasta el fin de su existencia por Pilar Primo de Rivera, fue una agrupación centrada en actividades para las mujeres que estaba bajo el control de la Falange Española.
Surgió con un carácter asistencial, cultural, educativo y deportivo, y tomaba como referencia las figuras de Isabel la Católica y santa Teresa de Jesús, consideradas como modelos de conducta y símbolos de su acción.
La agrupación se organizaba de forma jerarquizada en varias regidurías nacionales. Entre ellas estaba la de Cultura, que se encargaba de visitar las poblaciones rurales, acompañándose de equipos de instructoras dedicadas a enseñar cocina, economía doméstica, costura, puericultura, formación del espíritu nacional, etc.
De forma paralela, se realizaba un censo de la población y de su situación sanitaria, recopilando recetas autóctonas, canciones y bailes propios de cada región.
Buscar la autenticidad
A partir de 1940 se perfiló la constitución de la sección de Coros y Danzas, con el objetivo de recuperar y difundir la música, canciones, romances y bailes populares de todas las regiones de España. Según Pilar Primo de Rivera, había “que buscar por encima de todo la autenticidad” sin desarraigar “lo propio de cada región; así los catalanes cantan en catalán, los vascos en vasco, los gallegos en gallego, en reconocimiento de sus valores específicos”.
Se anotaban por tanto la música y la letra de las canciones, la coreografía y los pases de bailes y también las tradiciones festivas a las que se vinculaban, así como una descripción fidedigna de la indumentaria e instrumentos musicales.
Para esta labor contaban con magnetófonos, descripciones escritas, fotografías y, sobre todo, los testimonios orales de los mayores del lugar, elaborando hasta un millar de fichas. Posteriormente se enseñaba este material en las escuelas y de ahí surgían los diferentes grupos de danzas y bailes regionales.
Con el tiempo se celebraron competiciones para dar a conocer la labor de sus participantes a nivel nacional. El I Concurso Nacional de Coros y Danzas de España tuvo lugar en el Teatro de la Zarzuela (Madrid) en 1942 y en él participaron 33 grupos. Estos habían sido seleccionados entre diferentes pueblos y ciudades de la geografía española, y se había valorado la autenticidad de trajes, música, letras, pasos e indumentarias.
Fue tal su éxito que muchos se emitieron por la televisión pública, y se convirtieron en un importante reclamo turístico. Los participantes incluso realizaron diversas giras por Europa, EE. UU. y Latinoamérica. Se calcula que hacia el final del franquismo habían participado hasta 700 grupos en estos concursos.
¿Cómo vestir a los bailarines?
Durante el Desarrollismo (1959-1975) algunos pueblos y ciudades se apropiaron de determinados bailes, debido a la costumbre de nombrarlos como parte o herencia de un lugar concreto. Al buscar una indumentaria adecuada y representativa, los trajes regionales se diseñaron a partir de la recopilación selectiva de trajes locales.
Para su elaboración se acudió a los estudios sobre indumentaria tradicional del antropólogo español Luis de Hoyos Sáinz, que aportaban documentación fotográfica, patrones y dibujos de las prendas, muestras de tejidos y materiales, terminología propia, etc.
También se tomaron otras fuentes gráficas como referentes: los grabados de trajes de Juan de la Cruz Cano y Olmedilla (1777), los lienzos de la serie Visión de España pintados por Joaquín Sorolla para la Hispanic Society de New York (1911), o la serie fotográfica España. Tipos y Trajes de José Ortiz Echagüe (1930).

Archivo Ruiz Vernacci, IPCE, Ministerio de Cultura y Deporte
Muchos trajes locales acabaron transformados en símbolos provinciales debido a su riqueza, personalidad y especificidad. Así ocurrió con el de charra (que se convirtió en típico de Salamanca), con el rústico atuendo de las labradoras de las zonas altas de la provincia de Guadalajara (que se dulcificó en el inventado traje de alcarreña), o con el de flamenca (que pasó de las clases humildes sevillanas a identificarse con toda Andalucía, e incluso con España a nivel internacional).
Igualmente, se adaptó un gran número de prendas para facilitar los movimientos de bailes, aliviándose el peso excesivo de la ropa. También la moda ejerció su influencia, como se hizo patente en el acortamiento de las sayas durante los 60 y 70 (aunque se mantuvo siempre el recatamiento y la modestia “propias” de la mujer española).
Al igual que se había hecho con los cancioneros y recetas de cocina tradicional, en estos años se editaron algunas publicaciones sobre los trajes (e incluso series de sellos y postales) en donde quedaba codificado el perteneciente a cada región.
El folclore en la actualidad
Como hemos visto, el patrimonio inmaterial español, o al menos parte de él, se instrumentalizó con un uso político y simbólico del régimen franquista, tanto a nivel nacional como internacional.
Con la instauración de la democracia y la desaparición de la Sección Femenina (1977) fue difícil mantener el folclore popular debido a su vinculación con la dictadura, y se llegó a olvidar que estas cuestiones tenían un pasado anterior. A pesar de ello se siguieron celebrando algunas de las antiguas competiciones, aunque los bailes, coreografías y vestimentas encajaban más con los cambios sociales.
Actualmente asistimos a una recuperación de folclore como elemento identitario y tradicional frente a un mundo globalizado. Junto a la existencia de legislación y organismos específicos para ello, este patrimonio inmaterial se recrea anualmente en ferias y romerías. También proliferan las academias de baile, renovación de los trajes típicos, etc.
Además, músicos como Rodrigo Cuevas, Karmento o Rosalía y diseñadores de moda como Moisés Nieto y Palomo Spain se están apropiando del folclore local, reivindicando su riqueza e identidad propia.
En conclusión, el folclore no es el pasado sino un hilo conductor. Recuperarlo no es mirar atrás con melancolía, sino recoger el testigo de una sabiduría acumulada durante siglos para responder a las preguntas del presente.
Su futuro no está en las vitrinas sino en la calle, en los escenarios, en las pantallas y en la boca de la gente. Su existencia está asegurada siempre y cuando nos atrevamos a hacer lo que nuestros antepasados hicieron: adaptarlo para que siga sirviendo para vivir.
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Este artículo se enmarca dentro del proyecto “Literatura y arte como elementos conformadores de la identidad desde el siglo XVIII a la actualidad: fronteras, simbiosis y cambio cultural” (Programa Operativo FEDER de Andalucía 2014-2020), dirigido por Laura Luque Rodrigo y Yolanda Caballero Aceituno (Universidad de Jaén).
– ref. De la Sección Femenina a Rosalía: el resurgir del folclore tradicional – https://theconversation.com/de-la-seccion-femenina-a-rosalia-el-resurgir-del-folclore-tradicional-278275
