¿Existe la justicia urbana? Barrios creativos como antídoto contra la desigualdad meritocrática

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pablo Miguel De Souza Sánchez, Doctor Arquitecto y Licenciado en Bellas Artes. Profesor Titular en el Departamento de Proyectos y Representación de la Arquitectura., Universidad Europea

En esta época donde la meritocracia es considerada el estándar para el progreso individual y social, surge una pregunta incómoda: ¿realmente estamos premiando el mérito o perpetuando la desigualdad? En el caso concreto de los entornos urbanos, destaca una solución. Los barrios creativos pueden ser una alternativa que desafíe este paradigma, estableciendo focos de cooperación y creatividad comunitaria que funcionen como motor del desarrollo de la ciudad.

La dicotomía entre barrios creativos y la supuesta igualdad meritocrática abre un debate decisivo sobre el futuro de nuestras ciudades y de las democracias contemporáneas.

Mientras la meritocracia tiende a legitimar desigualdades de origen, presentándolas como resultados “justos” del esfuerzo individual, los barrios creativos apuntan a otra lógica. La cooperación, el reconocimiento mutuo y la construcción de capacidades colectivas como motor del desarrollo urbano. En este sentido, la revolución creativa no es solo una alternativa cultural o estética: es una estrategia de justicia urbana.

La falsa promesa de la meritocracia

La meritocracia, definida como un sistema en el que los puestos de responsabilidad se adjudican en función de los méritos personales, parece a simple vista una forma justa de gobernanza. Sin embargo, numerosos estudios sugieren lo contrario.

Michael Young, en su obra seminal The Rise of the Meritocracy, criticó la meritocracia como un sistema que inevitablemente conduce a una sociedad estratificada y desigual. Más de 60 años después, la vigencia de sus críticas sigue intacta.

La educación y el empleo son los dos ámbitos más afectados por el mito meritocrático. Según Spiros Themelis, la movilidad social en el Reino Unido ha retrocedido desde las políticas económicas de los años 80. Este autor sugiere que el mérito tiene un impacto muy limitado como ascensor social. Las clases altas disponen de mejores medios para superar las pruebas que acreditan ese mérito, perpetuando así la desigualdad inicial. Así pues, la meritocracia no solo es una promesa incumplida, sino una promesa imposible de cumplir, ya que legitima las desigualdades sociales como justamente merecidas.

Richard Florida, en su obra The New Urban Crisis, critica la creciente desigualdad y segregación urbana provocada parcialmente por el sistema meritocrático, proponiendo un urbanismo participativo como solución. Esta visión se alinea con los principios de John Rawls, quien defendía una sociedad cooperativa donde todos los ciudadanos tienen igual acceso al poder y a las oportunidades.

Barrios creativos: la alternativa inclusiva

¿Está la sociedad preparada para abandonar un sistema que, según muchos críticos, perpetúa la exclusión social en favor de un modelo más inclusivo y participativo?

Los barrios creativos se presentan como una propuesta urbana que fomenta la equidad y la integración social a través del arte y la cultura. En el documento “Barrios creativos: Propuestas urbanas para la solución de problemas sociales de equidad”, se exponen estrategias para convertir estos espacios en nuevos atractores urbanos. Focos que revitalizan nuestras ciudades y mejoran la participación social.

Los distritos creativos aprovechan el valor del arte para rehabilitar áreas urbanas afectadas por la exclusión social. El arte, como pilar de la civilización, define nuestra identidad y mejora nuestra calidad de vida. Este enfoque no solo dignifica la vida urbana, sino que también da voz a las esperanzas, realidades y protestas de los ciudadanos, promoviendo una cultura activa y participativa.

El Handbook for Livable and Resilient Cities del Banco Mundial subraya que los procesos urbanos deben incorporar prácticas participativas que reconozcan la diversidad social y cultural como un beneficio, y no como un “ruido” a gestionar. Este enfoque incorpora explícitamente lo “sociocultural” como parte del marco de ciudades vivibles y resilientes, junto a lo ambiental, lo económico y lo infraestructural.

¿Una utopía realizable?

Se podría argumentar que estas iniciativas, aunque bien intencionadas, son difíciles de implementar a gran escala y pueden ser vistas como utópicas. Sin embargo, ejemplos de éxito en diversas ciudades del mundo muestran que es posible crear espacios inclusivos y cooperativos que mejoren significativamente la calidad de vida de sus habitantes.

En mi investigación Sustainable urban innovation: Correlations between art, society, and individuals in fostering creative neighborhoods, se ofrecen evidencias de cómo la creatividad compartida mejora el bienestar, la salud mental y la cohesión social.

En España y, más concretamente en Barcelona, la aplicación del concepto de “supermanzanas”, acuñado por Salvador Rueda, director de la Fundación de Ecología Urbana y Territorial, y su equipo, está ayudando a proveer espacios para la ciudadanía. Esta solución urbana multiplica y diversifica las actividades hacia un nuevo modelo de ciudad del conocimiento.

Las intervenciones artísticas no deben ser efímeras, superficiales y cosméticas acciones mercantiles, sino que deben apoyarse en valores de transformación y mejora urbana permanente. Con estrategias artísticas se puede cambiar la percepción y significación de los barrios históricos. Del producto turístico se pasa al atractor turístico y cultural.

Esto confiere a esos barrios un nuevo carácter como agente de transformación, impulso y mejora de la creación cultural y de la calidad del espacio habitable de la ciudad.

El Festival Internacional de Cine Medioambiental de Canarias (FICMEC) es un ejemplo vivo y sostenido en el tiempo. Con 28 ediciones, es el festival internacional de cine medioambiental más longevo de Europa. Su trayectoria demuestra que, cuando la cultura se arraiga en el territorio, se convierte en una infraestructura social capaz de activar redes, generar identidad, movilizar a la comunidad y reforzar la respuesta colectiva ante crisis y cambios.

Del mito meritocrático a la revolución creativa

El gran reto ya no es únicamente corregir la desigualdad: es dotar a nuestras sociedades democráticas de resiliencia real. Ello equivale a la capacidad de adaptarse y responder sin fracturarse ante desafíos globales cada vez más frecuentes y simultáneos.

Por ejemplo, el cambio climático intensifica temperaturas extremas, lluvias torrenciales y episodios de riesgo que golpean con especial dureza a los entornos urbanos más vulnerables. A ello se suman movimientos migratorios, tensiones por el acceso a recursos, y desequilibrios económicos que presionan los sistemas de bienestar y erosionan la confianza institucional. En este escenario, la desigualdad no es solo una injusticia: es una debilidad estructural, porque reduce la cohesión social y dificulta la acción colectiva que exigen las crisis complejas.

La creatividad como infraestructura social

Aquí es donde el desarrollo de competencias creativas, entendidas estas como pensamiento crítico, imaginación aplicada, capacidad de cooperación, aprendizaje situado y producción cultural compartida, se convierte en infraestructura social de resiliencia.

Sociedades más justas y abiertas, que activan estas competencias en el espacio urbano, mejoran su habilidad para anticipar riesgos, reorganizarse ante emergencias, sostener redes de apoyo y generar soluciones locales con impacto sistémico.

Los barrios creativos, cuando se conciben como procesos de transformación micropolítica y no como intervenciones cosméticas, pueden fortalecer vínculos comunitarios, ampliar la participación y producir un “capital cívico” imprescindible para afrontar escenarios climáticos y socioeconómicos inciertos.

¿Estamos dispuestos a abandonar el mito meritocrático –competitivo, individualizante y frecuentemente excluyente– para apostar por una cultura democrática de la creatividad compartida? La respuesta condicionará nuestra capacidad de sostener ciudades habitables en un mundo más extremo.

El desafío es monumental, pero la recompensa también lo es. Comunidades con mayor cohesión, instituciones más legítimas y una resiliencia urbana construida desde la equidad. Si adoptamos esta revolución creativa, no solo estaremos corrigiendo desigualdades: estaremos aumentando la capacidad colectiva de adaptación y supervivencia democrática ante los grandes desafíos del siglo XXI.

The Conversation

Pablo Miguel De Souza Sánchez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Existe la justicia urbana? Barrios creativos como antídoto contra la desigualdad meritocrática – https://theconversation.com/existe-la-justicia-urbana-barrios-creativos-como-antidoto-contra-la-desigualdad-meritocratica-233589