Josefina Molina, mucho más que una directora esencial para la historia del cine español

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sonia García López, Profesora titular del Departamento de Comunicación, Universidad Carlos III

Entrega de medallas Junta de Andalucía en 2012. Junta de Andalucía/Wikimedia Commons, CC BY-SA

El 30 de mayo falleció en Madrid, a los 89 años, Josefina Molina. Las principales instituciones cinematográficas y medios de comunicación del país la han celebrado como revolucionaria cineasta, autora visionaria y referente indiscutible del feminismo en el cine español.

Nació en Córdoba en 1936, en plena Guerra Civil, y estudió Dirección en la Escuela Oficial de Cinematografía (EOC) durante la década de 1960. Simultaneó su labor como directora cinematográfica, realizadora de televisión y dramaturga a lo largo de más de 30 años. Hoy es recordada por su deslumbrante trabajo en el documental Función de noche (1981), la serie Teresa de Jesús (1983) y la adaptación teatral de la obra de Miguel Delibes Cinco horas con Mario (1979).

Sin embargo, lo cierto es que durante muchos años –la mayor parte de los que permaneció en activo– su trabajo no gozó del reconocimiento que hubiera merecido. Recibió el Goya de Honor en 2012 y el Premio Nacional de Cinematografía en 2019, siendo, en ambos casos, la primera mujer en recibir esos galardones en sus 25 y 40 años de historia, respectivamente.

Josefina Molina recibe el Goya de Honor 2012.

Por otro lado, Molina fue, junto con Cecilia Bartolomé, una de las dos primeras mujeres que consiguieron graduarse en Dirección en la EOC, en 1969. Esto ocurría más de tres décadas después de la fundación del que fuera el primer centro oficial de enseñanza del cine en España. Bartolomé y Molina constituyen, junto a Pilar Miró –graduada en la especialidad de Guion en 1967–, la primera generación de mujeres cineastas que dirigieron películas tras la dictadura franquista. Parece este, por tanto, un buen momento para examinar el lugar que ocupa Josefina Molina en el canon del cine español.

Un lenguaje visual para todo

Si Josefina Molina pudo conquistar un pequeño gran lugar como directora en las historias del cine español, fue, fundamentalmente, gracias a los cinco largometrajes que dirigió entre 1973 y 1993: Vera, un cuento cruel (1973), Función de noche (1981), Esquilache (1988), Lo más natural (1990) y La Lola se va a los puertos (1993).

Pero conviene interrogar y ampliar ese corte de 20 años que suele acotar su obra. Porque la totalidad de los trabajos que realizó Molina como directora se extiende, en realidad, desde 1964 a 1999 y se eleva a más de 70 producciones. Entre ellas, se incluyen películas estudiantiles, cortometrajes y largometrajes –documentales y de ficción–, realizados en 16 mm, en 35 mm y en vídeo y emitidos, principalmente, en la primera y la segunda cadena de Televisión Española.

Solo en los últimos diez años, investigadoras como Natalia Martínez Pérez han comenzado a prestar atención y poner en valor los trabajos televisivos de Josefina Molina. Que esta producción sea virtualmente desconocida ni siquiera se justifica desde la óptica de las historias tradicionales del cine. Sobre todo, si tenemos en cuenta que directores como Alfred Hitchcock, Ingmar Bergman o Roberto Rossellini trabajaron con asiduidad e innovaron en la televisión a través de formatos sobre los que Rossellini, entre otros, teorizó ampliamente.

La propia Josefina Molina confesaba en sus memorias, publicadas por la Semana Internacional de Cine de Valladolid (SEMINCI) el año 2000, no haber entendido nunca “esas disquisiciones sobre el lenguaje específicamente televisivo o lenguaje cinematográfico”. Ya por entonces, Molina ponía de manifiesto algo que hoy es, a todas luces, evidente: que el cine está producido en gran medida por las cadenas de televisión, y que la pequeña pantalla ha dado cabida a todo tipo de películas.

Experimentación televisiva

Josefina Molina no solo cuenta con un apasionante recorrido en el ámbito de la adaptación literaria para televisión y el teatro televisivo, en el contexto de programas como Hora once, Teatro de siempre o Estudio 1. También se desempeñó en la realización de series de ficción para televisión con trabajos como Aire frío (1974), El camino (1977), Teresa de Jesús (1983) y Entre naranjos (1997).

Una mujer vestida de monja.
Concha Velasco en un fotograma de la serie Teresa de Jesús, dirigida por Josefina Molina.
RTVE

El camino, adaptación de la novela homónima de Miguel Delibes, recibió el premio a la Mejor Dirección en el XV Festival Internacional de Televisión de Praga. Teresa de Jesús –coproducida por la Radiotelevisione Italiana (RAI)– recibió el Premio Italia y fue elegida “Serie del Año” en la 29 SEMINCI, y Entre naranjos ganó el premio a la Mejor Dirección de la Academia de las Ciencias y las Artes de la Televisión.

La importancia de muchos de los trabajos realizados por Josefina Molina para televisión no difiere demasiado de sus obras cinematográficas en lo que concierne a valores técnicos y estéticos, innovación y reconocimiento. De hecho, la experimentación que Molina puso en práctica en sus creaciones televisivas le sirvió también para innovar en el campo cinematográfico, y viceversa.

Documentalista desde el inicio

Por otro lado, cabe destacar las contribuciones de la cineasta al campo del documental a través de programas como Aquí España y Fiesta, para los que realizó, en 35 mm, los reportajes Écija (1967), Almagro (1968) y Feria en Córdoba (1968).

Cartel de Función de noche.
Cartel de Función de noche, un documental con formato innovador.
Sabre Films

El interés de la cineasta por la forma documental –con tan reveladores resultados en Función de noche– resulta notorio desde su primer trabajo cinematográfico. Se trata de la práctica de 16 mm que realizó en la EOC durante el curso de 1963-1964, titulada Cárcel de mujeres o Documental.

Existe poca o nula documentación sobre este insólito cortometraje, pero llama poderosamente la atención el hecho de que Molina lograse adentrarse con su equipo en la sección de maternología de una prisión. Allí la cineasta en ciernes observó la vida de las reclusas realizando labores de costura, cocina y limpieza, amamantando a sus bebés o asistiendo a misa, siempre bajo la implacable supervisión de sus carceleras. Quizá sea este uno de los pocos registros, si no el único, que han quedado de la vida de las mujeres en prisión durante la dictadura franquista.

La extrañeza de una mujer tras la cámara

La invisibilidad de estos trabajos ha sido paliada solo en parte gracias a la posibilidad de acceder a algunos de ellos a través de las plataformas Platfo y RTVE Play o de perfiles de usuarios de YouTube. La dificultad de acceder a estas obras seguramente haya tenido que ver con el “olvido” del que han sido objeto durante tan largo tiempo.

Retrato en blanco y negro de una mujer con un jersey de cuello alto.
La actriz y directora de cine Ana Mariscal, en un retrato de 1952.
Wikimedia Commons, CC BY-SA

Pero no es ese el único motivo. Un año antes de que Josefina Molina se graduase como directora en la EOC, había dejado de dirigir Ana Mariscal, la única cineasta que, a lo largo de más de una década, había conseguido sacar adelante largometrajes en la España franquista, consolidando una filmografía de 11 películas.

Molina y Mariscal, que solo se conocieron ocasionalmente, se encontraban en los antípodas desde un punto de vista ideológico, especialmente con respecto a la dictadura. Sin embargo, cuando en 2002 Victoria Fonseca publicó la primera monografía sobre Ana Mariscal, Josefina Molina firmó el prólogo. En él reivindicaba “la solidaridad y el respeto que debemos hacia las que vinieron antes que nosotras y sentaron el precedente para que cuando llegáramos otras generaciones fuera un poco menos extraño y admisible para la sociedad vernos allí”. Molina reconocía haberse beneficiado, “si no de su trabajo o de su experiencia, sí de que ver a una mujer tras la cámara no resultara tan extraño”.

Aunque parece haber llegado el momento en que ver a una mujer tras la cámara ya no resulta tan raro, todavía queda mucho camino por recorrer. Así lo evidencian los informes de CIMA (Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales) que Josefina Molina contribuyó a fundar hace ahora veinte años. Recordémosla, por tanto, también, en su lucha incansable por reivindicar a las mujeres cineastas.

The Conversation

Sonia García López no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Josefina Molina, mucho más que una directora esencial para la historia del cine español – https://theconversation.com/josefina-molina-mucho-mas-que-una-directora-esencial-para-la-historia-del-cine-espanol-284678