Naufraga el megaproyecto de Royal Caribbean en México, pero los tribunales no han dicho su última palabra

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Martín Flores Almendárez, PTC Asociado "B"; Especialista en Capital Humano e integrante del CA en Gestión, Innovación Educativa y Tecnología, Universidad de Guadalajara

El amanecer en Mahahual, Quintana Roo (México), prometía un futuro dorado frente al mar Caribe cuando se anunció la construcción de un gigantesco parque acuático con una inversión de 1 000 millones de dólares para 107 hectáreas. Tras la cancelación del proyecto por la presión conservacionista, este pequeño pueblo pesquero cercano a la frontera con Belice, en el que solo residen 2 600 personas, vive hoy un debate que trasciende sus fronteras.

El proyecto Perfect Day México de Royal Caribbean se presentaba como un milagro económico. La inversión anunciada por la compañía de turismo de cruceros se iba a destinar específicamente al desarrollo del parque temático y a la mejora de la infraestructura vial de “Nuevo Mahahual”. Las 107 hectáreas sobre las que se iba a construir forman parte de la zona terrestre colindante con la infraestructura portuaria existente en el sur de Quintana Roo, de acuerdo con la narrativa oficial

En su origen, el plan simbolizaba un México que abrazaba la modernidad sin temores gracias a la inversión extranjera. La llegada de la transnacional se percibía como un acto de justicia financiera y parte de los residentes locales la recibían con esperanza.

Sin embargo, el espejismo chocó pronto contra los límites de un ecosistema frágil. Organizaciones como Greenpeace, Salvemos Mahahual y Change.org movilizaron a la población civil afectada.

Valor ecológico

Mahahual es el corazón de la Costa Maya, una región en el sur de Quintana Roo que destaca por su aislamiento y pureza biológica. A diferencia de la explotada Riviera Maya, este destino representa una de las últimas reservas de selva baja y manglares vírgenes que actúan como barrera natural y refugio de biodiversidad.

Su relevancia ambiental es crítica, ya que su litoral forma parte del Sistema Arrecifal Mesoamericano. Se trata del segundo arrecife de barrera más extenso del planeta, que incluye territorio de México, Belice, Guatemala y Honduras. Un ecosistema de frágil equilibrio que depende de la conservación de sus costas para sobrevivir.

Un choque de escalas brutal

Mahahual es una comunidad pequeña con apenas 2 600 residentes fijos actualmente. El proyecto pretendía recibir hasta 21,000 turistas diarios en sus instalaciones costeras. Esta fórmula buscaba replicar el éxito de CocoCay en las Bahamas.

La desproporción y escala del proyecto desplazan las necesidades locales, como han venido denunciando miembros de la comunidad.

Mahahual tiene un muelle internacional denominado Puerto Costa Maya que, desde 2009, está concesionado para el arribo de hasta tres cruceros diarios. Estos pagan un impuesto de 5 dólares por pasajero al municipio. A pesar de los ingresos, los locales sufren carencias en servicios básicos como el agua y la electricidad.

Además, en México, la vida comunitaria implica identidad colectiva y un arraigo territorial profundo. La relación espiritual de los pescadores con el mar trasciende el valor inmobiliario.

Imponer un proyecto de esta magnitud rompe el tejido comunitario y atenta contra la cohesión social. La invasión de extraños transforma espacios de convivencia en zonas de tránsito comercial. Para la empresa, el territorio representa rendimiento; para el local, es familia.

El eco de un malestar global

La crisis de Mahahual refleja un fenómeno de saturación turística en todo el mundo. Ciudades como Venecia o Santorini ya imponen restricciones severas a los megacruceros. Venecia prohibió grandes naves en su laguna para proteger su patrimonio histórico. También implementaron tasas de acceso para desincentivar el excursionismo masivo sin beneficios.

Mientras estas y otras ciudades, como Ámsterdam o Barcelona, legislan su soberanía y regulan el modelo crucerista, Mahahual se asoma al abismo de la turistización desde la lucha por la conservación. Aquí se disputa la supervivencia de un ecosistema virgen amenazado por el impacto del “turismo de enclave”.

También enfrenta lo que expertos denominan una compleja “gentrificación hídrica o por agua”. Esta implica el desarrollo de frentes marítimos que revalorizan el suelo urbano para atraer a residentes de mayor poder adquisitivo. Una lógica que expulsa a las familias locales que ya no pueden pagar el coste de la vivienda.

Loreto, en el mexicano estado de Baja California Sur, afronta una encrucijada similar, que, por ahora, se está saldando con otro frenazo al turismo de cruceros. La presión social logró que las medidas de protección del Parque Nacional Bahía de Loreto y el Programa de Acción de Protección de la Ballena Azul continúen vigentes tras la cancelación del decreto presidencial que apostaba por cruceros y omitía el sitio de crianza de las ballenas.

El modelo de cruceros genera una reconfiguración socioterritorial que resulta sumamente violenta. En Monterey, California, las comunidades también luchan por proteger sus santuarios marinos.

La burbuja del circuito cerrado

En todos estos ámbitos litorales, el crucero masivo intenta colonizar pueblos de baja densidad. El beneficio económico se concentra en las navieras mediante circuitos de consumo cerrados. El costo real se externaliza hacia la población en forma de inflación. Los servicios públicos colapsan mientras la identidad comunitaria se pierde bajo el cemento.

El turismo de enclave visualiza al destino como una burbuja hermética móvil. El pueblo se convierte en escenografía observada desde la cubierta del barco. Se desvía agua potable para el turista mientras los locales sufren apagones.

El suelo kárstico de Quintana Roo no soporta la demanda hídrica de tal magnitud y los datos de SITUR-Q –indicadores oficiales– confirman que las ganancias no permean en la economía local.

El giro político y el riesgo legal

En este 2026, el Gobierno de México ha dado un giro político inesperado. La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales de México (Semarnat) cataloga ahora el proyecto de Mahahual como un riesgo para la soberanía ecosistémica. En la misma línea, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) clausuró obras por destrucción de manglares y compactación de selva baja.

Este cambio de postura responde a la presión social y a la crisis climática. Defender a la transnacional ante un desastre ecológico acarreaba un costo político impagable. Pero la cancelación del proyecto no significa una retirada pacífica de la empresa.

Royal Caribbean podría usar el Capítulo 14 del tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) contra el Estado mexicano. La compañía alega “inseguridad jurídica” y podría reclamar indemnizaciones multimillonarias ante tribunales de arbitraje internacional. México queda vulnerable: proteger el arrecife hoy podría comprometer presupuestos futuros.

Por el momento, la compañía ha retirado el proyecto para que no figure como legalmente denegado, lo que deja abierta la puerta a futuras negociaciones para una propuesta modificada. El Gobierno estudia reforzar la protección ambiental para cerrar el capítulo.

Tres incógnitas para el futuro

La inversión prometida en 2024 es hoy un riesgo inminente de litigio. La amenaza al Sistema Arrecifal Mesoamericano eclipsó cualquier promesa de empleo temporal. El desarrollo se vuelve una carga si ignora los límites biofísicos naturales. Quedan en el aire tres preguntas:

¿Es posible un turismo de gran escala que no sea puramente extractivo? El naufragio de este “Día Perfecto” obliga a repensar el derecho al territorio.

¿Hasta qué punto los tratados comerciales (T-MEC) limitan la capacidad de un país para proteger sus propios recursos naturales?

¿Qué pasará con Mahahual, ahora que el gigante se retira dejando tras de sí una infraestructura a medias y una comunidad fracturada?


En este artículo ha colaborado Marian Gutiérrez De Anda, alumna de Negocios Internacionales de la Universidad de Guadalajara.


The Conversation

Juan Martín Flores Almendárez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Naufraga el megaproyecto de Royal Caribbean en México, pero los tribunales no han dicho su última palabra – https://theconversation.com/naufraga-el-megaproyecto-de-royal-caribbean-en-mexico-pero-los-tribunales-no-han-dicho-su-ultima-palabra-283742