La salud mental es más popular que nunca, pero no siempre sabemos de lo que hablamos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier José Pérez Flores, Profesor del área de Psicobiología de la Universidad de La Laguna, Universidad de La Laguna

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En la última década, la salud mental ha ganado mucha presencia en el debate público. Se habla de ella en empresas, instituciones y redes sociales. Esto ha ayudado a reducir el silencio y el estigma y también ha recordado algo importante: pedir ayuda no debería dar vergüenza.

Sin embargo, esta mayor visibilidad también tiene riesgos. Hoy hablamos mucho de salud mental, pero no siempre sabemos a qué nos referimos.

Un término amplio y ambiguo

La idea de “salud mental” es un término amplio y ambiguo. Históricamente, deriva del movimiento por la “higiene mental”, surgido a comienzos del siglo XX. Su objetivo inicial fue mejorar el trato a las personas con trastornos mentales. Con el tiempo, aquel interés se amplió: empezó a incluir la prevención, la vida en comunidad y la promoción del bienestar.

Todos estos objetivos son importantes, pero no son exactamente lo mismo. Por eso, hoy la expresión “salud mental” reúne ideas distintas. Algunas veces se usa para hablar de bienestar; otras, de malestar; y otras, para referirnos a trastornos mentales.

La Organización Mundial de la Salud la define como un estado de bienestar. Dicho estado permite afrontar el estrés, desarrollar el potencial propio, aprender, trabajar y contribuir a la comunidad. Es una definición útil, pero puede resultar poco precisa.

Esta falta de precisión también aparece en las investigaciones. Por ejemplo, un trabajo reciente identificó 34 modelos teóricos diferentes que intentaban explicar los problemas de salud mental. Algunos modelos daban más peso al cuerpo, mientras que otros se centraban en la mente, la sociedad, la cultura o la experiencia personal. Varios incluso eran contradictorios entre sí.

El peso de una mirada demasiado biológica

No todos esos modelos influyen por igual en la sociedad y la cultura. Hoy domina una mirada biológica e individual del malestar. Desde esa visión, el problema se sitúa en la persona: el sufrimiento se explica por el cerebro y su química, los genes y la falta de autocontrol.

Esa mirada puede ser útil en algunos casos, ya que nadie puede negar que somos organismos biológicos y que lo que sentimos también ocurre en el cuerpo. El problema aparece cuando esa explicación ocupa todo el espacio. Entonces se dejan fuera otros factores importantes.

Las condiciones laborales pueden generar sufrimiento, igual que pueden hacerlo la falta de apoyo, los problemas económicos, la vivienda y las relaciones personales. Si olvidamos ese contexto corremos el riesgo de convertir muchos problemas de la vida en problemas médicos.

Este proceso, llamado medicalización, ocurre cuando experiencias humanas que son parte de la vida se entienden y tratan como si fueran enfermedades. La tristeza, la angustia y la sobrecarga pueden necesitar atención, pero no son, por sí mismas, trastornos mentales. A veces indican que algo no va bien. Pueden señalar una situación injusta, una pérdida, un exceso de exigencia o una falta de apoyo.

Por eso, las emociones no son solo molestias. También son señales que nos invitan a mirar el entorno y a preguntarnos qué nos está afectando.

El riesgo opuesto: idealizar el sufrimiento

También existe el riesgo contrario. A veces no convertimos el malestar en enfermedad, sino en una identidad atractiva.

Esto ocurre cuando el sufrimiento se presenta de forma idealizada. En esos casos, ciertos problemas de salud mental aparecen como signos de sensibilidad, creatividad o autenticidad. Así, dejan de verse como experiencias complejas o como problemas que pueden dañar la vida diaria. Incluso pueden parecer rasgos especiales o deseables.

Esta idealización puede tener consecuencias como frenar la búsqueda de ayuda o, incluso, reforzar el malestar en vez de aliviarlo.

Muchas veces no hay mala intención detrás de esto. Puede surgir del deseo de visibilizar el sufrimiento, o puede ayudar a reducir el estigma y a encontrar una comunidad. El problema aparece cuando la visibilidad se convierte en admiración. Entonces, el malestar deja de ser algo que necesita cuidado y pasa a funcionar como una marca personal.

Las etiquetas clínicas pueden usarse como identidades rápidas: los síntomas se transforman en rasgos estéticos y el sufrimiento se vuelve una forma de singularidad.

No hace falta hablar más, sino mejor

Frente a estos riesgos, no basta con hablar más de salud mental, sino hacerlo mejor. También es importante una mayor alfabetización. Este concepto se refiere a los conocimientos y creencias que ayudan a reconocer el malestar, darle relevancia, manejarlo, prevenirlo y saber cuándo pedir ayuda. Incluye conocer señales de alerta, saber dónde buscar información fiable y qué recursos pueden ayudar en cada caso.

Pero la alfabetización no debería limitarse a aprender nombres de diagnósticos, porque saber más de salud mental no consiste solo en conocer etiquetas. Implica entender cómo se cuida el bienestar y mirar el papel que juegan factores como el trabajo, la vivienda, la educación, las relaciones y la exclusión social.

Hablar mejor de salud mental exige usar un vocabulario más preciso. No es lo mismo estar cansado que estar deprimido. No es lo mismo pasar una mala etapa que tener un trastorno mental.

Tampoco todo sufrimiento se resuelve igual. Algunas situaciones necesitan descanso y otras requieren apoyo social, cambios en el entorno o ayuda profesional.

En definitiva, hablar de salud mental no debería consistir en etiquetarlo todo, ni servir para embellecer el sufrimiento. El reto es aprender a diferenciar qué necesitamos en cada situación. Quizá aquí está lo difícil: aprender ahora, para usarlo cuando lo necesitemos. Porque no debemos esperar al sufrimiento para actuar; debemos actuar ahora, para que el sufrimiento no nos desborde en el futuro.

The Conversation

Javier José Pérez Flores no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La salud mental es más popular que nunca, pero no siempre sabemos de lo que hablamos – https://theconversation.com/la-salud-mental-es-mas-popular-que-nunca-pero-no-siempre-sabemos-de-lo-que-hablamos-283318