La vida en el vientre materno puede dejar una huella duradera en la salud adulta

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jorge López-Tello, Investigador Principal (Programa Cesar Nombela), Universidad Autónoma de Madrid

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Puede que su salud no empiece con usted. Ni con lo que come. Ni con el ejercicio que hace. Ni siquiera con las decisiones que toma como adulto. Puede que empezara antes de que naciera, incluso antes de que tuviera un cuerpo formado.

Durante mucho tiempo hemos pensado que nuestra salud es, en gran medida, el resultado del estilo de vida, algo que no es falso, pero sí incompleto. Hoy sabemos que parte de lo que seremos, incluido nuestro riesgo de enfermar, se define en un periodo del que no tenemos memoria: la vida dentro del útero.

El desarrollo fetal es uno de los procesos más complejos y, al mismo tiempo, más frágiles de la biología humana. En apenas nueve meses, un organismo pasa de ser un conjunto de células a un sistema perfectamente organizado. En ese proceso, cada señal cuenta.

El feto no se desarrolla aislado, sino en un entorno muy concreto: el cuerpo de su madre. Su estado de salud, su alimentación, su nivel de estrés o las condiciones en las que vive dejan huella desde el principio.

La placenta: el primer intérprete del mundo

Entre madre y bebé existe una conexión tan esencial como poco conocida: la placenta. No es solo un “puente”, sino un órgano activo que decide qué llega, cuánto llega y en qué condiciones. Regula nutrientes, oxígeno y señales hormonales, pero, sobre todo, interpreta el entorno.

Traduce la realidad materna en señales biológicas para el feto. Y, en función de esa información, el organismo en desarrollo se ajusta. Si el entorno es favorable, el desarrollo sigue su curso. Pero si algo cambia –diabetes gestacional, hipertensión o estrés–, la placenta también se modifica.




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Puede transformar su estructura, su tamaño o su forma de funcionar con un objetivo claro: sobrevivir. Sin embargo, esa adaptación tiene un precio. Para seguir adelante en un entorno adverso, el feto puede ajustar su crecimiento o el funcionamiento de sus órganos.

Es una estrategia eficaz a corto plazo, pero esas decisiones biológicas no siempre encajan con el mundo que llegará después.

Enfermedades que se gestan antes de nacer

La idea del origen prenatal de muchas enfermedades empezó a tomar forma en los años 80, cuando el epidemiólogo David Barker observó que las personas con bajo peso al nacer tenían más riesgo de sufrir dolencias cardiovasculares y metabólicas en la edad adulta.

Aquello cambió nuestra forma de entender la salud. Hoy sabemos que factores como la nutrición materna, el metabolismo o el estrés pueden “programar” el organismo en desarrollo, dejando una huella que puede durar toda la vida. Por ejemplo, un estudio realizado en Suiza y Dinamarca con casi siete millones de mujeres mostró que el estrés materno asociado a la pérdida de un familiar cercano durante el tercer trimestre del embarazo se relacionaba con un mayor riesgo de desarrollar cardiopatía isquémica en la descendencia a lo largo de la vida.

Las implicaciones van más allá de lo esperado. Además de influir en el riesgo de sufrir obesidad o enfermedades cardiovasculares, investigaciones recientes sugieren que incluso patologías complejas, como la esclerosis múltiple, podrían tener un componente prenatal.

Así, un estudio reciente con más de un millón de personas ha mostrado que nacer con un peso elevado para la edad gestacional o haber estado expuesto a diabetes materna se asocia con un mayor riesgo de desarrollar esa enfermedad en la edad adulta.

Cuando la historia continúa en la siguiente generación

Aún hay algo más desconcertante: ¿qué ocurre si esas huellas no se quedan solo en nosotros?

Uno de los ejemplos más impactantes proviene de la hambruna que sufrió Holanda en el invierno de 1944-45. Décadas después, quienes estuvieron expuestos a esa desnutrición en el vientre materno presentaban más enfermedades metabólicas y cardiovasculares.

Pero lo inesperado llegó después. Los hijos de hombres que habían vivido esa experiencia en el útero tendían a tener mayor peso e índice de masa corporal en la edad adulta. Es decir, una experiencia antes de nacer podía influir en la siguiente generación.

¿Cómo es posible que el cuerpo recuerde algo que nunca vivimos conscientemente? La clave está en la epigenética, los mecanismos que regulan cómo se expresan los genes sin modificar el ADN. No cambian el texto, pero sí la forma en que se lee. El entorno deja marcas y, en algunos casos, esas marcas pueden transmitirse.

Así, el embarazo no solo construye un cuerpo. También puede transmitir información sobre el mundo en el que ese cuerpo tendrá que vivir.

Pensar el embarazo de otra manera

Todo esto plantea una pregunta incómoda, pero necesaria: ¿hasta qué punto somos dueños de nuestra salud? La respuesta no es sencilla. Aunque nuestros hábitos importan, no partimos todos del mismo punto de salida, ya que el entorno prenatal, como hemos visto, forma parte de esa historia.

Entenderlo no debería generar culpa ni alarma, sino conciencia. Cuidar el embarazo no es solo acompañar el inicio de una vida. Es influir en su trayectoria futura… y, quizá, en la de las siguientes generaciones.

The Conversation

Jorge López-Tello recibe fondos de la Comunidad de Madrid a través del programa Atracción de Talento César Nombela (2023-T1/SAL-GL-28960).

Rubén Bermejo Poza no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La vida en el vientre materno puede dejar una huella duradera en la salud adulta – https://theconversation.com/la-vida-en-el-vientre-materno-puede-dejar-una-huella-duradera-en-la-salud-adulta-279158