Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio J. Ruiz Alcaraz, Profesor de Inmunología de la Universidad de Murcia e investigador del Grupo de Inmunidad Innata del IMIB, Universidad de Murcia

El sistema inmunitario humano depende de una coordinación exquisita entre distintos tipos de células para proteger al organismo frente a patógenos como virus o bacterias y, al mismo tiempo, no atacar a los tejidos propios. En este delicado contexto, las células dendríticas desempeñan un papel central, ya que actúan como el principal vínculo entre la inmunidad innata, que supone la primera línea defensiva –inmediata, pero no siempre eficaz–, y la inmunidad adaptativa, compuesta por un sistema de defensa más especializado.
Desde su hallazgo y la descripción de sus funciones, que supuso el premio Nobel de Fisiología o Medicina en 2011 para el inmunólogo canadiense Ralph M. Steinman, estas células han sido reconocidas como iniciadoras clave de la respuesta inmunitaria específica. Así se denomina la activación de una serie de células (linfocitos T y B) capaces de atacar a cada patógeno de la forma más apropiada y de guardar memoria inmunitaria para recordarlo y activarse de forma rápida si la misma amenaza vuelve a aparecer.
Pero además de actuar como “agentes de aduanas” (es decir, controlando qué entra en nuestro organismo y dando la voz de alarma cuando hay peligro), las células dendríticas están implicadas en patologías autoinmunes, cáncer y procesos alérgicos. A ello hay que sumar que actualmente son el punto de partida para desarrollar nuevas estrategias terapéuticas.
Origen y desarrollo de las células dendríticas
Las células dendríticas se originan a partir de células madre de la médula ósea, de las que surgen poblaciones con una notable diversidad. A grandes rasgos, se distinguen las células dendríticas convencionales y las células dendríticas plasmocitoides, cada una con sus funciones definidas dentro de la respuesta inmunitaria.
Las convencionales están altamente especializadas en la presentación de las sustancias que el sistema inmunitario identifica como extrañas (antígenos) a los linfocitos T, iniciando así la reacción defensiva frente a los intrusos.
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En cambio, las células dendríticas plasmocitoides destacan por su capacidad para producir grandes cantidades de interferones de tipo I, proteínas capaces de combatir infecciones virales, lo que las convierte en un elemento crucial de nuestra inmunidad innata frente a los virus.
Además, cuando se produce inflamación pueden diferenciarse nuevas células dendríticas a partir de los llamados monocitos, que circulan por la sangre. Esto ilustra la plasticidad del sistema inmunitario para establecer la mejor respuesta posible.
Localización estratégica en el organismo
Las células dendríticas se distribuyen estratégicamente en tejidos que están en contacto directo con el entorno, actuando como sensores tempranos de peligro. Son especialmente abundantes en la piel, donde reciben el nombre de células de Langerhans, así como en las mucosas respiratorias, intestinales y genitourinarias.
En esas ubicaciones capturan antígenos procedentes de microorganismos, partículas ambientales o células dañadas. Tras la captación de la sustancia sospechosa, las células dendríticas migran hacia los órganos linfoides secundarios, como los ganglios linfáticos y el bazo. Allí presentan a los linfocitos T sus “informes aduaneros” sobre la presencia de elementos extraños, lo que desencadena la respuesta inmunitaria adaptativa.
Esta capacidad de desplazarse de un lugar a otro, unida a su localización estratégica, las convierte en auténticas “células centinela” que rastrean y protegen nuestras fronteras.
Patógenos “desenmascarados”
La función más característica de las células dendríticas es, como señalábamos antes, la presentación de antígenos. Tras capturarlos mediante distintos mecanismos, los procesan en su interior y los colocan en su superficie asociados a moléculas del complejo mayor de histocompatibilidad (MHC).
El MHC es una proteína que actúa como un pasaporte para diferenciar entre moléculas propias (pasaporte correcto) y extrañas (pasaporte adulterado). Cuando los linfocitos T reconocen la documentación falsa, se generan respuestas inmunitarias específicas contra los patógenos “desenmascarados”.
Además de presentar antígenos, las células dendríticas proporcionan señales para activar a los linfocitos T y secretan citoquinas –pequeñas proteínas que actúan como señales de alarma– con el fin de determinar el tipo de respuesta defensiva más conveniente. Dependiendo de su estado de activación y del microambiente, pueden inducir respuestas proinflamatorias frente a patógenos o promover tolerancia inmunológica, un mecanismo esencial para prevenir la autoinmunidad y las reacciones alérgicas y favorecer la aceptación de trasplantes. Esta capacidad reguladora sitúa a las células dendríticas también como piezas clave del equilibrio inmunológico.
Implicación en enfermedades humanas
La alteración en la función de las células dendríticas se asocia con numerosas enfermedades. En el caso de dolencias autoinmunes como el lupus eritematoso sistémico, la esclerosis múltiple, la artritis reumatoide o la enfermedad inflamatoria intestinal, una activación inapropiada puede favorecer que se reconozcan como extraños los pasaportes propios y se desencadene un “fuego amigo” inmunitario.
En el caso de las alergias, las células dendríticas pueden promover una activación exagerada de linfocitos T frente a antígenos ambientales inofensivos (polen, polvo, ciertos alimentos, etc.). En lo referente al cáncer, los tumores suelen interferir en la maduración y función de las células dendríticas, propiciando su evasión del sistema inmunitario. De manera similar, la disfunción de estas células contribuye a que las respuestas inmunitarias contra los patógenos causantes de infecciones crónicas sean ineficaces.
Potencial terapéutico y aplicaciones futuras
El conocimiento detallado de la biología de las células dendríticas ha impulsado el desarrollo de terapias inmunológicas innovadoras. Una de las estrategias más prometedoras es el diseño de vacunas para combatir el cáncer. Según este enfoque, las células dendríticas del propio paciente se cargan con antígenos tumorales específicos y son reintroducidas para estimular una respuesta inmunitaria precisa contra las células cancerosas.
Paralelamente, se están investigando terapias que aprovechan la capacidad de nuestras protagonistas para inducir tolerancia, con aplicaciones potenciales en el tratamiento de enfermedades autoinmunes y en la prevención del rechazo en trasplantes. La idea es restaurar el equilibrio inmunitario sin necesidad de recurrir a una inmunosupresión generalizada del paciente, que puede desencadenar efectos colaterales como la aparición de infecciones oportunistas.
A medida que se profundiza en su estudio, las células dendríticas se consolidan como protagonistas clave en el desarrollo de la medicina del futuro.
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Antonio J. Ruiz Alcaraz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. Así nos protegen y pueden curarnos las células dendríticas, los ‘agentes de aduanas’ del organismo – https://theconversation.com/asi-nos-protegen-y-pueden-curarnos-las-celulas-dendriticas-los-agentes-de-aduanas-del-organismo-276197
