Si conocemos bien sus efectos, ¿por qué no se receta ejercicio contra la ansiedad y la depresión?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raúl Fabero Garrido, Investigador predoctoral en fisioterapia cardiológica y respiratoria, Universidad Complutense de Madrid

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Hay un método para combatir la depresión y la ansiedad que no necesita receta, no produce dependencia, mejora simultáneamente la salud física y mental y funciona tan bien –o mejor– que los fármacos más recetados del mundo. Lleva años teniéndolo al alcance de la mano, pero su médico probablemente nunca se lo ha ofrecido.

Se llama ejercicio físico.

La paradoja es difícil de ignorar. El Informe Anual del Sistema Nacional de Salud 2023, por ejemplo, certificaba que el 34 % de la población española padecía algún problema de salud mental (un 30 % más que antes de la pandemia), mientras que la depresión y la ansiedad afectarían a más de 330 millones de personas, según estima la Organización Mundial de la Salud. Sin embargo, si consultamos los tratamientos que recomienda el Ministerio de Sanidad de España en 2024, encontraremos terapia cognitivo-conductual y antidepresivos. El ejercicio físico queda relegado como una opción poco implementable.

Una síntesis sin precedentes

A la luz de lo que sabemos hoy, esta omisión es un problema serio. Sin ir más lejos, eso se desprende de un estudio reciente, publicado en el British Journal of Sports Medicine, que constituye el análisis más completo hasta la fecha sobre el efecto del ejercicio en la depresión y la ansiedad. Los investigadores revisaron 63 trabajos científicos que agrupaban 81 metaanálisis, más de 1 000 estudios individuales y casi 80 000 participantes de todas las edades.

El resultado es contundente: la actividad física reduce los síntomas de depresión con un efecto moderado-alto y los de ansiedad con un efecto moderado en todos los grupos de población analizados. Una valoración publicada en World Psychiatry sugiere que esos efectos podrían ser mayores que los de los fármacos antidepresivos y la psicoterapia.

Hay que ser cautos: no existen aún estudios que comparen directamente ambas opciones. Pero los datos obligan a replantearse por qué el ejercicio sigue siendo el gran ausente de las guías clínicas.

Existen explicaciones neurobiológicas que justifican esos resultados: por un lado, el ejercicio aumenta los niveles de serotonina y norepinefrina, los mismos neurotransmisores que regulan los antidepresivos; y por el otro, entrena al organismo para generar una respuesta de cortisol más contenida ante el estrés. Esto último se traduce en mayor resiliencia ante los desencadenantes cotidianos de la ansiedad y la depresión.

La dosis importa: no todo el ejercicio es igual

Como fisioterapeutas especializados en actividad física terapéutica, lo que más nos importa de este nuevo trabajo es que no se limita a decir que “el ejercicio ayuda”. Detalla qué tipo beneficia más y a quién, algo esencial para pasar de la evidencia a la prescripción real.

  • Para la depresión, el ejercicio aeróbico –correr, caminar a buen ritmo, nadar o montar en bicicleta– mostró los efectos más potentes. Pero igual de determinante fue el formato: la actividad en grupo y con supervisión profesional resultó claramente más eficaz que en solitario. Cuando se mueve el cuerpo en compañía también se activan mecanismos de pertenencia social y apoyo mutuo que tienen un efecto antidepresivo propio.

  • Para la ansiedad, el hallazgo cambia el enfoque por completo. Aquí no son los programas largos e intensos los que mejores resultados ofrecen, sino intervenciones de corta duración –hasta ocho semanas– y de baja intensidad. La persona con ansiedad suele vivir el ejercicio intenso como una fuente adicional de activación fisiológica que puede confundirse con los propios síntomas del trastorno. Una caminata diaria, yoga o actividad moderada y regular son, en este caso, la opción más respaldada.

Quiénes se benefician más

El estudio identificó dos colectivos a los que el ejercicio beneficiaba de manera especial, precisamente los que reciben menos atención en consulta.

El primero son los jóvenes de entre 18 y 30 años: el grupo más castigado por la epidemia de salud mental actual, y en el que suelen aparecer los primeros episodios de depresión y ansiedad. Se trata de una población que choca frecuentemente con listas de espera y barreras de acceso a la atención psicológica.

El segundo grupo son las mujeres en el periodo posparto. La depresión postparto, que afecta al 12-15 % de las madres, sigue siendo infradiagnosticada y estigmatizada. El ejercicio ofrece una alternativa de bajo riesgo en un periodo en el que la medicación plantea dudas adicionales para muchas mujeres.

Una brecha que tiene solución

La evidencia lleva años acumulándose, pero el ejercicio rara vez aparece en los planes de tratamiento como intervención de primera línea. Las razones son múltiples: falta de formación de los profesionales, ausencia del ejercicio en los protocolos oficiales y una tendencia estructural del sistema sanitario a priorizar intervenciones farmacológicas.

Hay también, seamos honestos, una resistencia cultural: cuesta tomar en serio que algo tan accesible y barato pueda competir con un fármaco o con años de terapia.

Aunque el ejercicio no es la solución a todo –y la medicación y la psicoterapia resultan insustituibles en muchos casos–, los datos son suficientemente robustos para exigir cambiar el paradigma: las guías clínicas deben incorporar el ejercicio estructurado –supervisado, en grupo cuando sea posible, adaptado al perfil de cada persona– como estrategia de primera línea. No como complemento bienintencionado, sino como tratamiento.

La pregunta ya no es si el ejercicio funciona. La pregunta es quién va a encargarse de recetarlo.

The Conversation

Raúl Fabero Garrido recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (MICIU) y de la Universidad Complutense de Madrid (UCM)

Ibai López de Uralde Villanueva no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Si conocemos bien sus efectos, ¿por qué no se receta ejercicio contra la ansiedad y la depresión? – https://theconversation.com/si-conocemos-bien-sus-efectos-por-que-no-se-receta-ejercicio-contra-la-ansiedad-y-la-depresion-277147