Hantavirus: el papel de los alimentos y la hidratación

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Miguel Soriano del Castillo, Catedrático de Nutrición y Bromatología del Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública, Universitat de València

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El hantavirus es una infección poco frecuente, pero potencialmente grave, asociada sobre todo al contacto con roedores silvestres infectados, que eliminan el virus por la orina, las heces y la saliva. Cuando esas secreciones se secan, se mezclan con el polvo y se dispersan en el aire, pueden ser inhaladas por las personas. Es la vía de contagio más habitual.

La mayoría de los casos se relacionan con zonas rurales, bodegas, cabañas cerradas, galpones o actividades al aire libre. Sin embargo, las infecciones asociadas al crucero MV Hondius llamaron la atención porque llevaron el hantavirus a un escenario poco habitual. Y con ello surgieron varias preguntas: ¿puede transmitirse por alimentos? ¿Existe especial riesgo en barcos? ¿Qué papel cumplen la comida y la hidratación en los pacientes?

El caso del crucero: un antecedente inusual

El actual brote ha sido particularmente llamativo porque no había antecedentes claros en cruceros. Hasta entonces, los barcos turísticos se habían relacionado sobre todo con otros virus, como norovirus, influenza o SARS-CoV-2, que se transmiten con facilidad en espacios cerrados, por contacto cercano, superficies contaminadas o alimentos y agua mal manipulados.

El hantavirus funciona de otra manera. Su reservorio natural son los roedores, aunque el causante del brote en el MV Hondius es la variante Andes, que puede transmitirse de persona a persona en contactos estrechos.

Por eso, el episodio del crucero no debe interpretarse como una señal de que los barcos sean un nuevo foco habitual de este tipo de patógenos. Más bien parece tratarse de una situación excepcional, probablemente vinculada a una exposición previa en zonas endémicas y a transmisión posterior entre personas cercanas durante el viaje.

¿Se transmite por alimentos?

Una de las dudas más frecuentes es si el hantavirus se transmite por la comida. La respuesta requiere matices: no es una enfermedad alimentaria en el sentido clásico. No se contagia porque un alimento esté mal cocinado ni porque el virus se multiplique en la comida, como sí ocurre con algunas bacterias.

La vía principal es respiratoria: inhalar polvo contaminado con orina, heces o saliva de roedores infectados. Aunque teóricamente podría existir un riesgo si alimentos o agua estuvieran directamente contaminados con excrementos de roedores infectados, la evidencia actual no respalda la transmisión alimentaria del hantavirus como ruta clínicamente relevante. Debe considerarse un riesgo de contaminación ambiental en locales cerrados.

Por eso, en zonas rurales, campamentos, cabañas, almacenes o espacios cerrados durante mucho tiempo, las medidas preventivas incluyen guardar los alimentos en recipientes herméticos, no dejar comida expuesta durante la noche, mantener la basura cerrada, evitar atraer roedores, limpiar superficies con desinfectante y consumir solo agua segura, hervida o desinfectada cuando no haya garantía sanitaria.

También conviene tener precaución con frutas, verduras o alimentos almacenados en lugares donde pueda haber roedores. Si hay señales de infestación, como heces, nidos, olor fuerte o envases mordidos, no se debe barrer en seco, porque eso puede levantar partículas contaminadas. Primero hay que ventilar, humedecer con desinfectante y limpiar con protección.

La idea central es sencilla: el hantavirus no se transmite habitualmente por la comida, pero los alimentos y el agua pueden convertirse en vehículos si han sido contaminados por heces, orina o saliva de roedores infectados. Esa diferencia ayuda a evitar alarmas innecesarias y, al mismo tiempo, refuerza medidas básicas de higiene.

Hidratación en pacientes con hantavirus: necesaria, pero con mucho cuidado

La hidratación es importante para cualquier infección, especialmente cuando hay fiebre, vómitos, diarrea o pérdida de apetito. En las fases iniciales del hantavirus, cuando el paciente aún está estable, beber líquidos puede ayudar a prevenir la deshidratación, siempre que no haya dificultad respiratoria, shock o compromiso renal.

Pero en el síndrome cardiopulmonar por hantavirus, la situación cambia. Esta forma grave, producida por la variedad Andes, puede generar una fuga de líquido desde los vasos sanguíneos hacia los pulmones, generando edema pulmonar e insuficiencia respiratoria. Además, el corazón puede bombear con menos fuerza. En ese contexto, administrar demasiado líquido puede empeorar el cuadro, ya que puede terminar filtrándose hacia los pulmones y dificultar aún más la respiración.

Por eso, hidratar bien no significa hidratar mucho. En pacientes hospitalizados, debe ser estrictamente controlada por el equipo médico. Se vigilan la presión arterial, la oxigenación, la diuresis, la función renal y el balance entre los líquidos administrados y eliminados. A veces se requieren líquidos intravenosos, pero en cantidades cuidadosamente calculadas. En otros casos se priorizan medicamentos vasoactivos, oxígeno, ventilación mecánica o soporte intensivo antes que grandes volúmenes de suero.

La familia también cumple un papel importante. No debe ofrecer agua, jugos, caldos o bebidas “por fuera” de la indicación médica si el paciente está internado con compromiso pulmonar o renal. Aunque la intención sea buena, esa suma de líquidos puede contribuir a la sobrecarga.

En fases posteriores, si aparece compromiso renal, la hidratación también debe ajustarse. Puede haber momentos de poca orina, en los que se restringen líquidos, y fases de mucha diuresis, en las que hay que reponer pérdidas para evitar deshidratación y alteraciones de electrolitos. Por eso no existe una recomendación universal como “tomar dos litros diarios” para todos los pacientes con hantavirus.

Es importante entender que no es un virus típico de cruceros ni una infección alimentaria común, pero el caso reciente recuerda que las enfermedades emergentes pueden aparecer en escenarios inesperados. La clave está en prevenir la contaminación por roedores, proteger alimentos y agua y manejar la hidratación con precisión médica.

The Conversation

José Miguel Soriano del Castillo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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