Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Alexis Alonso Sánchez, Profesor en el Área de Didáctica y Organización Escolar, Departamento de Educación, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

En muchas escuelas se repite una escena conocida: reuniones de tutoría con varias sillas vacías o actividades organizadas por el centro a las que acuden pocas familias. Ante esto, suele aparecer una explicación rápida: “Las familias no se implican lo suficiente en la educación de sus hijos”. Pero ¿es realmente así?
Cuando hablamos de participación familiar en la escuela, muchas personas piensan únicamente en asistir a reuniones o tutorías. Sin embargo, la implicación de las familias es mucho más amplia. Incluye, por ejemplo, comunicarse con el profesorado, seguir el proceso educativo de los hijos, apoyar el aprendizaje en casa, colaborar en actividades del centro o participar en la gestión del centro.
Numerosas investigaciones han mostrado que cuando las familias se implican en la educación de sus hijos, los beneficios son claros: mejora el rendimiento académico, aumenta el bienestar del alumnado y se fortalece el clima escolar.
En España, la participación familiar no es solo una recomendación pedagógica, sino un derecho dentro del sistema educativo. Aun así, la participación real sigue siendo desigual. Estas son las principales conclusiones que hemos alcanzado tras nuestro reciente estudio entre 1 433 familias españolas con hijos escolarizados desde Educación Infantil hasta Bachillerato.
Tres perfiles de familias
Para comprender mejor cómo participan las familias, el estudio analizó diferentes dimensiones de la relación entre familia y escuela: comunicación, apoyo pedagógico, implicación en la vida escolar y necesidades formativas.
A partir de estos datos se identificaron tres perfiles principales de participación familiar.
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Familias con hijos en primaria: con progenitores de entre 36 y 45 años, con dos hijos. Muestran los mayores niveles de participación en diferentes aspectos: comunicación con el centro, implicación en actividades escolares y seguimiento educativo. La etapa de primaria parece ser un momento especialmente activo en la relación entre familias y escuela, especialmente en las dimensiones de la comunicación y de la implicación en la vida escolar.
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Familias con hijos en infantil, muchas veces con un solo hijo. Aunque no siempre presentan los niveles más altos de participación, sí muestran una implicación más constante en distintos ámbitos. Destacan especialmente en aspectos relacionados con la formación y orientación educativa, algo comprensible en los primeros años de escolarización.
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El tercer perfil es el más numeroso. Está formado principalmente por padres y madres de 46 a 55 años con hijos en educación secundaria. En este grupo los niveles de participación suelen ser más bajos, especialmente en la implicación directa en la vida del centro.
Este patrón no es exclusivo de España. Diversos estudios han mostrado que la participación familiar tiende a disminuir a medida que los hijos crecen, en parte porque los adolescentes buscan mayor autonomía y las dinámicas educativas cambian.
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Maneras de implicarse en secundaria
Con frecuencia se asume que en Educación Secundaria la implicación de las familias no solo disminuye, sino que incluso resulta poco deseada, tanto por los propios adolescentes –que buscan mayor autonomía– como por algunos profesores. Sin embargo, más que desaparecer, la participación familiar se transforma.
En lugar de una presencia constante en el centro, adopta formas más discretas pero igualmente relevantes, como el acompañamiento académico, la orientación en la toma de decisiones o la comunicación puntual con el profesorado. Es decir: es deseable que en la adolescencia los estudiantes adquieran mayor autonomía y capacidad de gestionar sus problemas académicos directamente, pero esto no quiere decir que las familias no sean igualmente fundamentales, de manera más indirecta, aconsejando, supervisando desde casa o hablando directamente con los docentes si es necesario.
Revisar con los docentes los informes de evaluación para acordar pautas de mejora, asistir a tutorías individuales y grupales, asistir a charlas sobre itinerarios académicos, participar en el Consejo Escolar, colaborar en grupos de trabajo del centro, e incluso ofrecerse para dar charlas en relación a experiencia profesional relevante son algunas de las muchas maneras en las que las familias se pueden sentir implicadas en esta etapa.
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Las madres participan más
Nuestro estudio también confirma algo que muchos docentes observan en su experiencia cotidiana: las madres siguen participando más que los padres. En promedio, las madres obtienen puntuaciones ligeramente superiores en todas las dimensiones analizadas, especialmente en la relación con el centro y en la implicación en la vida escolar.
Este resultado abre un debate relevante sobre la corresponsabilidad educativa y sobre cómo siguen influyendo ciertos roles de género en el seguimiento escolar de los hijos.
Un equilibrio necesario
En definitiva, nuestra investigación apunta a que a medida que los hijos se hacen mayores la implicación de los padres en la vida escolar disminuye. Sin embargo, esto no tiene por qué ser así, y de hecho, incluso en la adolescencia la participación de las familias en los centros escolares es beneficiosa para los estudiantes. Sin caer en la sobreprotección, y dejando espacio para el desarrollo de la autonomía, las madres y sobre todo los padres del alumnado de secundaria podrían y deberían, implicarse más.
Esto puede fomentarse mediante la puesta en marcha de estrategias sencillas pero efectivas por parte de los centros educativos, como facilitar canales de comunicación más flexibles y accesibles (por ejemplo, a través de plataformas digitales, tutorías en línea o en horarios adaptados, y sistemas de mensajería), ofrecer orientaciones claras sobre cómo acompañar el aprendizaje desde casa o compartir información comprensible y periódica sobre el progreso del alumnado.
También resulta clave implicar activamente a los padres, tradicionalmente menos presentes, y generar una cultura de colaboración en la que la participación no se limite a acudir al centro, sino que se entienda como un proceso compartido de apoyo al desarrollo académico y personal del alumnado.
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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.
– ref. Por qué las familias dejan de implicarse en la vida académica de sus hijos cuando estos se hacen adolescentes – https://theconversation.com/por-que-las-familias-dejan-de-implicarse-en-la-vida-academica-de-sus-hijos-cuando-estos-se-hacen-adolescentes-276451
