Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lidia Gil Otero, Profesora Ayudante Doctora de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social, Universidade de Santiago de Compostela
El asesinato de Teresa de Jesús González, trabajadora del servicio de ayuda a domicilio en O Porriño, el pasado mes de julio, nos sacudió y mostró algo que llevaba años señalándose desde el sector: quienes cuidan en las casas ajenas trabajan solas y están expuestas a riesgos laborales que el sistema no está sabiendo prevenir.
El Servicio de Ayuda a Domicilio (SAD) es una prestación reconocida en la Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a la Dependencia que permite a personas mayores o dependientes seguir viviendo en sus casas mientras son atendidas. El SAD incluye apoyo en actividades esenciales de la vida diaria: higiene, alimentación, movilización, acompañamiento y tareas domésticas básicas.
Corresponde a los ayuntamientos prestar este servicio, bien de forma directa, bien mediante empresas contratadas.
La mayoría de las personas que trabajan en el SAD son mujeres. Su labor permite que miles de personas puedan ser cuidadas en su entorno. Según el IMSERSO, en España, 552 603 personas dependientes recibieron el SAD en 2023, lo que representa el 5,7 % de la población mayor de 65 años. Sin embargo, por la propia naturaleza del servicio, estas personas trabajan en un espacio que es, al mismo tiempo, un centro de trabajo y una vivienda privada. Ello complica enormemente la prevención de riesgos laborales.
Antes de hablar de riesgos, entendamos el contexto
Cuando pensamos en el SAD, solemos imaginarnos a una mujer entrando en una casa para “echar una mano”. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja: cada vivienda es distinta, cada persona usuaria tiene sus propias necesidades y cada intervención exige decisiones rápidas en contextos que no siempre son seguros.
Por eso, nuestra investigación se centra en entender bien a qué tipo de riesgos están expuestas las trabajadoras y cómo se combinan.
Un trabajo con riesgos físicos y emocionales constantes
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Sobrecarga física diaria. Movilizar a personas dependientes en pisos pequeños, sin grúas ni ayudas mecánicas, con camas bajas o baños estrechos, pasa factura: lumbalgias, tendinitis, cervicalgias…
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Casas difíciles de adaptar. A pesar que los domicilios son los centros de trabajo de estas personas, hay viviendas poco accesibles, muebles que estorban o animales que complican las intervenciones. Además, los domicilios son inviolables, lo que tiene dos efectos muy concretos en la prevención de riesgos laborales: primero, que la persona usuaria puede negarse a la evaluación de riesgos en su casa; y segundo, que no se le pueden exigir obras o reformas, ni siquiera pequeñas, para mejorar la seguridad.
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Riesgos psicosociales invisibles. Trabajar aislada y gestionar el deterioro, la soledad y los conflictos familiares genera ansiedad y desgaste acumulado. Muchos insultos o desprecios ni siquiera se registran formalmente. A escala europea, la EU-OSHA –la agencia de información de la Unión Europea para la seguridad y la salud en el trabajo– sitúa la soledad, el estrés y la exposición a situaciones emocionalmente intensas como factores nucleares del malestar psicosocial del SAD.
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Violencia y seguridad personal. No es lo habitual, pero existe. Hay agresiones, acoso y amenazas, así como exposición a agentes biológicos y químicos (fluidos, desinfectantes, fármacos…) y riesgo de caídas en espacios angostos.
Un sector que funciona con recursos justos
La mayoría de los ayuntamientos responsables del servicio lo externalizan a empresas privadas. Como los contratos entre las administraciones y las empresas atienden exclusivamente a las horas de servicio, existe presión por ajustarlo todo al minuto: tiempos de desplazamiento, número de visitas, duración de las intervenciones… Prevenir bien, con calma, se vuelve difícil.
En 2025, el Tribunal Supremo anuló la disposición final 1.ª del Real Decreto 893/2024, que obligaba a las empresas del SAD a evaluar riesgos dentro de todos los domicilios y a adoptar medidas preventivas. Tras ello, el Ministerio de Trabajo abrió una consulta pública para volver a aprobar la norma, pero mientras no llegue, el vacío de protección persiste.
Qué debería cambiar
Antes de entrar en medidas concretas, conviene recordar algo básico: la prevención de riesgos laborales en el SAD no puede improvisarse. Si no se parte de una planificación clara –qué se evalúa, cuándo se evalúa y quién decide si hay riesgos–, todo lo demás se queda en buenas intenciones. Por esa razón, es necesario un marco preventivo que sea realista, coordinado y aplicable en el día a día.
Algunas líneas de mejora son claras:
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Evaluación de cada domicilio con criterios claros y adaptados al hogar. Sin esa evaluación es muy difícil asegurar condiciones seguras tanto para la persona usuaria como para la trabajadora. Por esa razón, si las personas usuarias se niegan, las administraciones deben contar con un procedimiento claro para decidir si el servicio sigue prestándose o no. Es sentido común preventivo.
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Protocolos sencillos y firmes para riesgos físicos, psicosociales y violencia, con canales de alerta claros y acompañamiento cuando sea necesario.
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Dotación de ayudas mecánicas y organización realista, incluyendo tiempos de desplazamiento y pausas de recuperación que no empujen a trabajar “a la carrera”. La logística también es prevención.
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Contratos y convenios con mirada preventiva, no solo economicista. Algunos convenios colectivos ya se mueven en este sentido. El VIII Convenio Marco Estatal del sector del SAD refuerza la vigilancia de la salud, la formación preventiva y adaptación de la prevención. En clave territorial, por ejemplo, el Convenio Provincial de Sevilla (2021-2025) dedica un capítulo entero a la salud laboral e introduce pautas ante riesgos específicos del domicilio, como la violencia. Son pasos útiles que pueden extenderse.
Una oportunidad para actuar
La situación del SAD requiere un modelo preventivo realista que pase de las intenciones a las condiciones. Quienes cuidan en casa lo hacen con una vocación enorme, pero con una protección que todavía no está a la altura. Las trabajadoras del SAD cuidan a toda la sociedad; ahora toca que la sociedad –instituciones, empresas y familias– las cuide también a ellas.
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Lidia Gil Otero ha recibido fondos del Consello Galego de Relacións Laborais para la elaboración, junto con el resto del equipo autor, del informe “O Servizo de Axuda no Fogar na Comunidade Autónoma de Galicia”.
– ref. ¿Quién cuida a quienes cuidan? Los riesgos invisibles del servicio de ayuda a domicilio – https://theconversation.com/quien-cuida-a-quienes-cuidan-los-riesgos-invisibles-del-servicio-de-ayuda-a-domicilio-275510
