Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carmen Oliva Sanz, Contratada predoctoral FPU23, Universidad de Córdoba
Si nuestro crush nos ha dejado “en visto” y nuestros compañeros son unos NPCs 24/7, tenemos que “abrir un melón”. Nuestra lengua no es la misma que era el día que aprendimos a decir “mamá”. De hecho, si fuera igual tendríamos un problema. Porque una lengua que no evoluciona es una lengua muerta. Incluso el latín clásico, que suele considerarse una lengua muerta, sigue creando palabras nuevas.
A nadie le sorprende que no hablemos como en la Edad Media, pero tampoco hablamos como nuestras bisabuelas. Las lenguas están en constante evolución y el nivel léxico (es decir, el vocabulario, las palabras que usamos) es uno de los principales ejes del cambio lingüístico. Los neologismos son, precisamente, las palabras nuevas que surgen en un momento determinado.
¿Hay neologismos “de primera” y neologismos “de segunda”?
Los neologismos son imprescindibles porque la realidad cambia y tenemos que nombrarla. Hace 28 años no podíamos buscar en Google y hace 6 años no sabíamos lo que era una mascarilla FFP2. Lo mismo nos pasará cuando se comercialicen los CMCSP y tengamos que hablar de estos plásticos que se degradan en el agua sin dejar microplásticos, o cuando podamos ir al zoo a ver una nueva especie “desextinta”. Tendremos que nombrar nuevas realidades.
Cuando los neologismos son necesarios parece que los asumimos con total tranquilidad. Sin embargo, parece que molestan cuando son más bien expresivos. Es decir, cuando escuchamos “estoy en mi prime” en lugar de “estoy en mi mejor momento”.
La realidad es que esta distinción no es útil ni en la investigación ni en nuestro día a día. Todos los elementos lingüísticos cumplen una función comunicativa. No deberíamos considerar que los neologismos que no crean realidades (porque las realidades a la que se refieren ya tienen una palabra o expresión en nuestra lengua) son “neologismos de segunda”. De hecho, poner en segundo plano estos neologismos “expresivos” nos abriría las puertas de otro debate lingüístico en torno a los prejuicios entre lenguas.
¿Dónde nacen los neologismos?
Cómo surgen los neologismos es una pregunta controvertida. Lo mismo ocurre con quién los crea o cuándo aparecen. Pueden surgir por moda, por la necesidad de nombrar una nueva realidad o por mera casualidad. Solo a veces es posible encontrar a la primera persona que utilizó un neologismo. Aunque claro, ¿quién fue el primero en hacerse un selfie o, más bien, una autofoto (palabra que nadie usa pero que la Fundéu propone como sustituta de selfie)?
Desde la investigación en este campo optamos por analizar cómo se forman. Es decir, podemos analizar que las protes que nos recomienda tomar el nutricionista son un acortamiento de proteínas. También podemos analizar que los gym bros que nos encontramos entrenando son un préstamo del inglés, o lo que es lo mismo: un anglicismo.
No obstante, hay que recordar que no solo surgen neologismos del inglés o de otras lenguas, sino que nuestra lengua tiene toda una serie de procedimientos para la creación de nuevas palabras. Entre otros, la derivación (“covidiano”), la composición (“teledermatología”) o la acronimia, la formación de palabras a partir de fragmentos de otras, como ocurre en “restobar” (establecimiento que ofrece tanto platos preparados como bebidas y cócteles).
El DNI de un neologismo
Por otro lado, no es neologismo todo lo que reluce y no todas las expresiones nuevas han venido para quedarse. Los centros especializados en neología usan una serie de criterios para determinar si una palabra nueva es realmente un neologismo. Se trata de una serie de pruebas que llamamos “criterios de neologicidad”. Aunque se han hecho distintas propuestas, nos vamos a centrar en los tres criterios más habituales.
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El primer criterio para que una palabra novedosa pueda ser un neologismo es que no esté recogida en un diccionario general como el Diccionario de la Lengua Española de la RAE. Lo denominamos criterio lexicográfico y nos permite comprobar, por ejemplo, que los seguidores del Real Betis Balompié, los verdiblancos, son un neologismo.
En segundo lugar, un neologismo debe ser actual: tiene que haber aparecido recientemente en la lengua. Nos basamos, por tanto, en un criterio temporal o diacrónico. Así, no podríamos considerar neológico el ratón del ordenador porque lleva mucho tiempo en la lengua, pero sí podemos considerar que woke, tal y como se emplea actualmente, es un neologismo.
Llamar la atención
La unidad no solo tiene que ser nueva, sino que nos debe parecer nueva: se debe cumplir el criterio psicológico porque la palabra nos tiene que llamar la atención. Por eso la publicidad usa tantos neologismos.
Por ejemplo, si nos presentan un yogur en un anuncio probablemente no le prestemos atención. Sin embargo, si nos venden un lateado, habrán captado nuestro interés porque no tenemos almacenado en nuestro cerebro a qué se refiere esa palabra.
En cambio, si alguien “cuelga” una foto en Instagram, no nos vamos a sorprender de que no utilice una cuerda. Aunque el verbo “colgar” no tuviera originalmente el significado actual relacionado con la informática, no nos sorprende ni nos llama la atención. Ha dejado de ser un neologismo.
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Aunque solo hemos presentado tres criterios, conviene apuntar que por sí solos no determinan si una palabra es un neologismo, sino que deben darse combinados al menos dos de ellos. Es decir, que un neologismo aparezca en el diccionario no le quita automáticamente la etiqueta de novedoso (como la palabra “COVID”, que se incorporó durante la pandemia al diccionario de la Lengua Española pero seguía siendo una unidad nueva porque era actual y seguía llamando la atención).
Lo mismo ocurre con random. Es tan frecuente que no nos sorprende al escucharla. Sin embargo, no aparece en el diccionario y es relativamente reciente, así que cumple con el criterio temporal y lexicográfico y sigue siendo un neologismo.
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¿Cuándo se deja de ser neologismo?
Uno de los aspectos más curiosos de los neologismos es que, en el momento en el que se reconocen, comienzan a desvanecerse. Son como pequeños gusanos de seda: cuando crean su crisálida y comienzan a cristalizarse en la lengua, se convierten en mariposas, palabras reconocidas y aceptadas, y ya no pueden volver a ser novedosos.
Es lo que le ocurrió, por ejemplo, a los “virus informáticos” que surgieron en los años 70 y hoy no sorprenden a nadie. Quizá dentro de unos años a nadie le sorprenda que su crush le deje “en visto”.
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Carmen Oliva Sanz recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades al ser contratada FPU23/01543
Sergio Rodríguez-Tapia no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. Mi ‘crush’ me ha dejado ‘en visto’: ¿cuándo un neologismo deja de serlo? – https://theconversation.com/mi-crush-me-ha-dejado-en-visto-cuando-un-neologismo-deja-de-serlo-278755
