La banca social convierte al sector financiero en motor de sostenibilidad y bienestar colectivo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Yolanda Cotelo Ouréns, Profesora- Departamento de Economia, Universidade da Coruña

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En un momento en que la ciudadanía observa con desconfianza al sistema financiero, marcado por crisis recurrentes, desigualdades sociales persistentes y el desafío climático, surge una pregunta clave: ¿puede la banca ponerse realmente al servicio de la sociedad?

Mi investigación doctoral sugiere que así es: hay un conjunto diverso de instituciones que demuestran que otra banca no solo es posible, sino que ya funciona.

A este conjunto lo denominamos banca social, un concepto que recoge modelos bancarios cuyo objetivo no se limita a maximizar beneficios, sino que incorpora de manera explícita objetivos ambientales, sociales y de gobernanza. Aunque no es una idea nueva, adquiere un significado renovado en un mundo que exige instrumentos financieros capaces de impulsar un desarrollo más sostenible e inclusivo.

Ahora bien, para comprender el potencial de la banca social es necesario mirar primero al funcionamiento del sistema financiero actual: entender por qué el modelo dominante resulta insuficiente, cómo se materializan estas alternativas y qué implicaciones tienen realmente para la vida cotidiana de la ciudadanía.

El papel activo de la banca

Durante décadas, la intermediación financiera se explicó casi en exclusiva desde una lógica técnica que concebía a los bancos como meros conectores entre ahorro e inversión. Según esta visión clásica, el dinero que una persona deposita en su cuenta –por ejemplo, María– se presta a otra –digamos, José–, que lo utiliza para financiar su propio proyecto.

Sin embargo, hoy en día los bancos no se limitan a mover el dinero de unas personas a otras. Un ejemplo sencillo: cuando un banco decide promover hipotecas con tipos de interés muy bajos o financiar masivamente proyectos inmobiliarios, no solo está “gestionando intercambios”, sino influyendo en el precio de la vivienda, en la expansión urbana y en las oportunidades económicas de miles de familias. Lo mismo ocurre cuando lanza fondos de inversión centrados en energías renovables o combustibles fósiles: esas decisiones favorecen el crecimiento de unas actividades frente a otras.

Todo ello pone de relieve, como muestran los trabajos en sociología económica y economía institucional, que las decisiones financieras no son neutras: moldean oportunidades, asignan riesgos y condicionan el rumbo de la economía real, contribuyendo a crear –o a destruir– no solo valor económico sino también social y ambiental. Ignorar estos efectos colectivos tiene costes reales, que se hicieron evidentes en la crisis financiera de 2007–2008, con la pérdida de viviendas, deterioro ambiental y un aumento de la inseguridad económica.

En este contexto, resulta fundamental preguntarse qué modelos bancarios asumen de forma explícita esta responsabilidad.

Crear valor

La banca social se refiere al conjunto de modelos bancarios que orientan sus decisiones a generar un impacto positivo en la sociedad, el medio ambiente y la economía. Sin embargo, uno de los principales obstáculos para comprender mejor este fenómeno es la pluralidad de denominaciones empleadas en el debate público. En este contexto aparecen términos como banca ética, banca alternativa, banca sostenible o banca basada en valores, utilizados a menudo de forma intercambiable y confusa.

Para trascender esta confusión terminológica resulta útil desplazar el foco desde las etiquetas declarativas hacia las prácticas concretas: no tanto cómo se definen estas entidades, sino cómo orientan efectivamente su actividad.

Tres caminos hacia una banca con impacto

A partir del análisis de distintas entidades financieras españolas, definimos tres grandes formas de integrar los objetivos ambientales, sociales y económicos:

  1. La vía de la inclusión financiera. En este caso, el propio modelo de negocio de la entidad está orientado a responder directamente a necesidades sociales concretas. Por ejemplo, ofreciendo crédito al consumo a personas con bajos ingresos. Este enfoque guarda similitudes con la tradición de las antiguas cajas de ahorro, centradas en la proximidad y la función social.

  2. La vía de la economía social. Aquí, el banco no actúa tanto como proveedor directo de crédito social, sino como intermediario que canaliza recursos hacia organizaciones especializadas en generar impacto social. Un ejemplo sería la financiación de entidades que conceden microcréditos o gestionan programas para colectivos vulnerables. Este modelo se asemeja más al funcionamiento de las cooperativas de crédito.

  3. La vía basada de la práctica bancaria. En este caso, el compromiso social y medioambiental se integra de forma sistemática en la operativa cotidiana del banco: en la evaluación de riesgos, en la política de inversión o en la relación con los clientes. No se trata de productos aislados, sino de una forma estructural de hacer banca en la que la sostenibilidad guía las decisiones del conjunto de la organización. En este sentido, es la vía más afín a la forma en que los bancos tradicionales pueden incorporar la sostenibilidad en su actividad.

Qué indican estos resultados

La banca social no es un conjunto de prácticas cosméticas ni un modelo homogéneo, sino un ecosistema diverso de instituciones que comparten principios comunes y los adaptan a su organización y su entorno.

Esta pluralidad es una fortaleza: permite que la sostenibilidad se materialice de formas distintas y viables a largo plazo, ajustadas a realidades locales y organizativas diferentes.

Al mismo tiempo, los resultados subrayan un mensaje clave para los responsables públicos: la sostenibilidad financiera no depende solo de las decisiones de los bancos, sino también del marco institucional en el que operan.

La importancia para la ciudadanía

Por lo tanto, la banca social no es un debate técnico reservado a especialistas. Afecta directamente a cuestiones que interesan a cualquier ciudadano. Cuando un banco evalúa un préstamo decide, en cierto modo, qué tipo de economía y de sociedad se está construyendo.

En un contexto marcado por la transición ecológica, las tensiones geopolíticas y la desigualdad creciente, avanzar hacia un sistema financiero más sostenible se convierte en una condición necesaria para afrontar los grandes retos colectivos. La banca social demuestra que esa transformación no solo es deseable, sino también posible.

The Conversation

Yolanda Cotelo Ouréns ha recibido fondos del Ministerio de Ciencia, Innovacion y Universidades y la Agencia Estatal de Investigacion para desarrollar esta línea de trabajo (PRE2020-093649; PID2019-106273RB-I00; PID2022-139315OB-I00).

ref. La banca social convierte al sector financiero en motor de sostenibilidad y bienestar colectivo – https://theconversation.com/la-banca-social-convierte-al-sector-financiero-en-motor-de-sostenibilidad-y-bienestar-colectivo-271430