Source: The Conversation – (in Spanish) – By Enrique Parra Iglesias, Profesor Titular de Universidad, Universidad de Alcalá
Cuando los medios anuncian que el petróleo cotiza a 96 dólares por barril están hablando de un contrato financiero negociado en una pantalla: el futuro llamado ICE Brent de primer mes (también Brent front-month o ticker B), que representa un compromiso de compra o venta para una entrega teórica en las semanas siguientes. Ese número es real pero está incompleto.
El precio que paga una refinería por un cargamento físico de crudo –los cientos de miles de barriles que llegan en un superpetrolero al puerto de Algeciras o al de Róterdam, por ejemplo– responde a una lógica distinta, construida sobre calidades del crudo, primas geográficas y las valoraciones diarias de dos empresas que casi nadie conoce fuera del sector: Platts y Argus, las dos agencias independientes que establecen los precios de referencia (benchmarks) para el petróleo físico y productos refinados.
Esta distinción en los precios del crudo, habitualmente invisible para el gran público, importa especialmente ahora: la crisis en el estrecho de Ormuz ha abierto una brecha sin precedente entre el precio financiero y el precio físico del petróleo, con consecuencias directas para la inflación, los márgenes de refino y, en última instancia, el precio de la gasolina en los surtidores europeos.
Futuros y físico: dos mercados que hablan idiomas distintos
Los contratos de futuros sobre el crudo Brent cotizan en Intercontinental Exchange (ICE) Futures Europe, en Londres, el mercado de referencia global para la negociación de energía, gas natural, emisiones y materias primas agrícolas.
La función de estos contratos es doble: permiten a los productores y los compradores cubrirse del riesgo de volatilidad en los precios, y atraen a inversores financieros que aportan liquidez, aunque no tengan intención de tocar un solo barril. Cuando vence el contrato, la mayoría de estos acuerdos se liquidan en efectivo. Solo una fracción mínima acaba en entrega real.
El mercado físico, en cambio, es opaco por diseño. Las transacciones de cargamentos reales no son públicas. Por eso existe el Dated Brent: la valoración diaria que publican S&P Global Platts y Argus Media a partir de las transacciones reportadas por los propios operadores durante una ventana de media hora al cierre de la sesión londinense. Este número –y no el futuro del ICE– es el que aparece en los contratos de suministro de la mayoría de las refinerías del mundo, habitualmente expresado como “Dated Brent ± un diferencial en dólares por barril”.
La calidad como determinante del precio real
Ese diferencial depende fundamentalmente de la calidad del crudo, que depende de dos variables críticas: la densidad –medida en grados API, a mayor gradación menor densidad– y el contenido en azufre. Un crudo ligero y dulce (light & sweet, alto API, bajo azufre) produce más gasolina y diésel por barril con menor coste de procesamiento. Por eso cotiza con prima. En cambio, un crudo pesado y ácido (heavy & sour) requiere refinerías más sofisticadas y produce más fuelóleo, de menor valor: de ahí su descuento estructural.
El Brent del mar del Norte (38 API, 0,37 % azufre) es el crudo de referencia. El Arab Light saudí se negocia con apenas descuentos, mientras que los del petróleo Maya mexicano (22 API, 3 % azufre) pueden superar los 15 dólares por barril. Los del Merey venezolano son de más de 20 USD/bbl por su alta densidad y contenido de azufre.
El resultado es que el precio del petróleo del que hablan los titulares de los medios generalistas no es uno: es una familia de precios diferenciados por origen, calidad y logística. Una refinería que paga 79,50 dólares por un barril de Urals (el petróleo ruso de referencia) cuando el Brent cotiza a 82 no está comprando más barato: está pagando lo que vale ese crudo específico para su configuración de refino y sus condiciones de transporte.
Una excepción relevante: cuando los futuros sí entran en el precio físico
El mecanismo Dated Brent no es universal, aunque se aplica cerca del 60 % del crudo mundial. Un caso especialmente relevante es el del crudo Arab Light, producido por Saudi Aramco: su precio oficial de venta mensual (Official Selling Price u OSP) se fija con un diferencial (prima o descuento) sobre el precio establecido en los mercados de referencia, por regiones, y es anunciado mensualmente por la propia petrolera saudí.
Para Asia, el OSP de Aramco se referencia al precio promedio de los crudos de Dubái y Omán. Para EE. UU., utiliza el índice ASCI (Argus Sour Crude Index), basado en crudos del golfo de México. Diferentes regiones, estrategias de precios distintas para el mismo crudo, lo que explica por qué las disrupciones logísticas –como el cierre del estrecho de Ormuz– afectan de manera asimétrica a los compradores según su situación geográfica. La lógica de precios OSP + diferencial es universal, pero la referencia sobre la que se calcula ese diferencial, no.
La brecha abierta en Ormuz
El cierre efectivo del estrecho de Ormuz a causa de la guerra entre Estados Unidos-Israel e Irán ha convertido el mecanismo de precios petroleros en un asunto de primera plana. El 2 de abril de 2026, el Dated Brent alcanzó 141,36 dólares por barril –el nivel más alto desde 2008, según datos de S&P Global Platts–, mientras que el futuro ICE de junio cerraba a 109,03 dólares: una diferencia de más de 32 dólares entre el petróleo físico y el contrato financiero. El 8 de abril, el Dated Brent marcó un máximo histórico de 144,42 dólares. Dos días después, tras el anuncio de tregua entre EE. UU. e Irán, el precio del petróleo físico se situó en torno a 131 dólares mientras el papel cotizaba alrededor de los 96.
Esta divergencia, lejos de ser una anomalía técnica, tiene consecuencias macroeconómicas directas. Las refinerías europeas que compraron crudo físico en esos momentos pagaron 35 dólares más por barril de lo que sugieren los titulares financieros. Esa diferencia se trasladará a los precios de los combustibles con un retardo de semanas, no de meses.
Plataformas como Trading Economics.com muestran solo el precio del futuro ICE (y lo advierten en letra pequeña). La oficina de estadística y análisis del Departamento de Energía de EE. UU.(EIA) publica para el Brent europeo un spot price (el precio pactado para transacciones inmediatas) con varios días de retraso, no el Dated Brent. El diario económico Financial Times y la agencia Reuters distinguen ambos precios en sus secciones de materias primas, especialmente en momentos de tensión geopolítica o económica.
La valoración diaria del Dated Brent de Platts solo es accesible mediante suscripción de pago a S&P Global Commodity Insights, a través de su plataforma Platts Global Alert, o redistribuido, por ejemplo, vía la agencia económica Bloomberg.
Estas particularidades informativas explican en gran medida por qué el gran público confunde el precio del futuro con el precio físico real.
Una implicación para el debate público
La confusión entre el precio financiero y el precio físico del petróleo no es inocua. Cuando los responsables de política energética, los medios y el público observan los futuros ICE, y ven 96 dólares, están ignorando que las refinerías pagan 131 por el crudo físico.
Pero hay una segunda capa de confusión igualmente extendida: el precio de la gasolina, el gasóleo o el queroseno para el cliente (antes de impuestos) no depende del valor absoluto del Brent, sino del crack spread, que es la diferencia de precio entre el petróleo crudo y los productos refinados (es decir, su margen de beneficio) y es la cifra clave para la economía del refino. Una refinería puede pagar más por el crudo y ver cómo sus márgenes se amplían si el crack spread del diésel sube más deprisa (o viceversa).
En la crisis actual, los crack spreads de los destilados medios (gasóleo, queroseno) se han disparado de forma independiente al crudo: el gasóleo ha cotizado con primas del orden de 50 dólares sobre el Brent, y el queroseno de aviación ha superado los 200 dólares por barril, según datos de IATA, muy por encima de lo que justificaría solo el precio del crudo.
Entender estas diferencias –crudo, producto, crack spread– es condición necesaria para entender por qué los precios al consumidor (precio antes de impuestos, PAI) se mueven como lo hacen, y por qué la exposición real de la economía europea a la crisis en el Golfo es mucho mayor de lo que los indicadores financieros convencionales sugieren.
Distinguir el precio del papel y del barril no es un ejercicio académico: es una condición necesaria para interpretar correctamente el impacto de las crisis energéticas sobre la inflación, la competitividad industrial y el bienestar de los hogares.
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Enrique Parra Iglesias no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. El precio del petróleo que muestran los mercados financieros no es el que pagan las refinerías – https://theconversation.com/el-precio-del-petroleo-que-muestran-los-mercados-financieros-no-es-el-que-pagan-las-refinerias-280524

