¿Quién fue Emmi Pikler y cómo transformó los cuidados en las ‘casas cuna’?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Estela Isequilla Alarcón, Profesora Sustituta Interina del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación. Área de especialización en dislexia y en inclusión educativa., Universidad de Málaga

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Aunque hoy nos parece obvio que para desarrollarse adecuadamente un bebé necesita más que comida, bebida y cuidados físicos, hace apenas un siglo que esta idea era bastante revolucionaria. La importancia del contexto y de los vínculos afectivos en el desarrollo infantil en general, y en el caso de niños que no crecen con sus progenitores en particular, fue algo en lo que Emmi Pikler, pediatra austriaca, fue pionera.

Su investigación del comportamiento de los bebés y niños pequeños procedentes de orfanatos permitió comprender mejor la importancia del apego y del respeto a los ritmos naturales del desarrollo.

Junto con su esposo, el pedagogo György Pikler, compartía la convicción de que los niños necesitan crecer en un entorno emocionalmente seguro para poder establecer relaciones sociales sanas y desarrollarse de manera equilibrada.

Cuidados infantiles a principios del XX

Pikler nació en Viena a comienzos del siglo XX, dónde estudió la carrera de Medicina y realizó sus prácticas en el Hospital Universitario de Viena junto al doctor Pirquet, un pediatra especializado en enfermedades infecciosas, primer profesor y catedrático de Pediatría de la Universidad Johns Hopkins en 1909.

Pikler también cooperó con el profesor Hans Salzer, un cirujano pediátrico del Hospital Mauthner Markhof. Este profesional le enseñó la importancia de que los niños sientan el tacto de sus cuidadoras y se acostumbren poco a poco a ellas, respetando su espacio y su ritmo.

Una mirada respetuosa

A partir de la influencia de estos dos mentores, Pikler desarrolló una mirada respetuosa hacia la infancia, comprendiendo la importancia de cuidar a los niños de forma consciente y evitando emociones o sensaciones de inseguridad o incomodidad.

Para ello, antes de cualquier intervención se les explicaba qué se iba a hacer y qué se esperaba de ellos, fomentando así una relación basada en la confianza con el médico. También se valoraban aspectos como la comodidad de la ropa, el contacto con el aire libre y la existencia de espacios lúdicos adecuados en el hospital.




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La importancia del entorno

Pikler comenzó a incorporar a las familias en los tratamientos infantiles. Las visitaba en sus propios hogares. Su labor no se limitaba a atender enfermedades, sino que realizaba un seguimiento continuo del desarrollo de los niños. Pikler entendía que la salud física está estrechamente relacionada con el entorno familiar, el clima emocional y las condiciones de vida cotidianas.

A partir de 1946, y durante más de cuarenta años, dirigió una casa cuna en Budapest conocida posteriormente como el Instituto Pikler, situada en la calle Lóczy. Allí se atendía a bebés y niños pequeños que no podían recibir los cuidados de sus madres.

El síndrome del hospitalismo

En este contexto, Pikler reflexionó profundamente sobre el llamado “síndrome del hospitalismo”, que afectaba a los niños criados en orfanatos sin vínculos afectivos estables. El síndrome se refería a las dificultades emocionales y de personalidad en la edad adulta que algunos de estos huérfanos desarrollaban.

Pikler entendía que la salud no se reducía a una buena alimentación o a un peso adecuado, sino que incluía el movimiento libre, el juego y, sobre todo, la creación de vínculos afectivos significativos y duraderos con las personas que estaban en la vida de estos niños.

El apego no materno

En concreto, en el Instituto Pikler se llevaron a cabo estudios a los niños huérfanos durante años. Las educadoras observaban de manera sistemática a pequeños grupos de niños y registraban diariamente sus comportamientos y avances, prestando especial atención a su desarrollo emocional y psicológico. Esta labor permitió comprender mejor las necesidades reales de la infancia y reforzó la importancia de una educación basada en el respeto, la observación y el afecto.

Pikler demostró que, aunque el vínculo que se establece con una cuidadora no sea idéntico al que se crea con una madre en el hogar, los niños pueden igualmente desarrollar un apego seguro si reciben cuidados estables, respetuosos y afectuosos. Estas cuidadoras tenían un trato cercano con los chicos huérfanos.




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Seguridad y autonomía

Desde su desempeño como pediatra, Pikler promovió una pedagogía basada en el respeto, autonomía y cercanía con los niños desde los primeros años de vida. El objetivo es que el niño se sienta seguro en su entorno y capaz de resolver por sí mismo los pequeños retos que se le presentan.

Esta autora tenía en consideración estos cuatro principios pedagógicos:

  • Valorar y respetar la autonomía de los niños y niñas.

  • Mantener relaciones afectivas estables con un número reducido de educadoras.

  • Tomar conciencia tanto del entorno del niño como de la propia actitud del adulto.

  • Cuidar la salud física y emocional de manera integral.

Ritmos variables

Aunque su intención inicial era simplemente ofrecer buenos cuidados a los niños del instituto, Emmi Pikler acabó sentando las bases de un enfoque educativo que hoy influye en escuelas y familias de todo el mundo. Defendía que no se debía forzar ni adelantar el desarrollo motor del bebé. En lugar de ello, proponía preparar espacios y materiales adecuados para que los niños, movidos por su curiosidad natural, pudieran explorar y descubrir el mundo a su propio ritmo. Respetar estos tiempos favorece la confianza, la seguridad y la conciencia corporal.

Asimismo, Pikler subrayó la importancia de una relación afectuosa y respetuosa entre el niño y el adulto de referencia. Esto requiere una observación atenta, comprender las dificultades individuales y adaptarse a las necesidades de cada niño, sin imponer actividades para las que aún no esté preparado.

¿Cómo lograr el apego?

Este enfoque de Pikler coincidió en el tiempo con el trabajo del psiquiatra británico John Bowlby, quien desarrolló el concepto del apego y su importancia en el desarrollo infantil.

En este sentido, las ideas de Bowlby y Pikler coinciden en la importancia de ofrecer continuidad, seguridad y estabilidad emocional a los más pequeños. La teoría del apego es clave en la infancia, debido a que los niños experimentan diversas vivencias y relaciones emocionales durante su infancia.

El trabajo de Pikler demostró que, con cuidados constantes, observación individualizada y vínculos afectivos sólidos, los niños que no crecen con sus madres pueden desarrollarse de forma saludable.

The Conversation

Estela Isequilla Alarcón no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Quién fue Emmi Pikler y cómo transformó los cuidados en las ‘casas cuna’? – https://theconversation.com/quien-fue-emmi-pikler-y-como-transformo-los-cuidados-en-las-casas-cuna-269302