Source: The Conversation – (in Spanish) – By Eva Catalán, Editora de Educación, The Conversation

A los ocho meses de tener a mi primera hija, después de alargar la baja de maternidad al máximo y añadirle los meses de excedencia que me fueron posibles, llegó el momento de llevarla a una guardería. Todavía recuerdo lo importante que fue para mi tranquilidad mental el momento de conocer a su cuidadora. La dulzura y empatía que me transmitió Rosa transformaron completamente ese momento angustioso de dejar a mi bebé en manos de una persona extraña. De pronto, supe que estaría bien cuidada y se sentiría querida durante esas horas.
La influencia de las maestras y cuidadoras de infantil (la mayoría son mujeres), especialmente en la etapa de 0 a 3 años, es difícilmente exagerable. Y va mucho más allá de permitir a las familias conciliar con tranquilidad y garantías. En esta etapa inicial de la vida, tener una buena atención en la escuela es tan determinante para el rendimiento escolar posterior que se considera uno de los principales contribuyentes a la equidad educativa.
Por eso es tan necesario que la cobertura pública y la oferta de plazas no se convierta en un artículo de oferta electoral de quita y pon: los proyectos, la financiación y los equipos necesitan un apoyo y compromiso permanentes de las instituciones. Como explica Estefanía Hita, de la Universidad Internacional de La Rioja, para este objetivo ayuda pensar en esta etapa educativa no en términos de gastos presupuestarios, sino de inversión de futuro.
Especialmente para los niños y niñas en situaciones más vulnerables. Actuar pronto es más eficaz, mientras que corregir desigualdades cuando ya están consolidadas resulta más difícil y costoso. Es la razón del potencial de esta etapa como ascensor social.
“España tiene una alta tasa de escolarización en la etapa de 0 a 3 años, con un 41,8 % de niños escolarizados, por encima de la media de la OCDE. Pero escolarizar no es lo mismo que garantizar igualdad de oportunidades. Lo importante no es solo cuántos niños asisten, sino en qué condiciones lo hacen”, nos explica esta experta. El precio, los horarios, la estabilidad de los centros o la calidad de los proyectos cambian mucho según el lugar. Estas diferencias aparecen incluso antes de que los niños empiecen a hablar, y tienen consecuencias reales en su desarrollo.
Desde que mi hija, mi marido y yo conocimos a Rosa en aquella guardería de Madrid, la formación y la investigación en esta etapa del desarrollo infantil han evolucionado mucho. En The Conversation hemos hablado de cómo el papel de los especialistas en la etapa de 0 a 3 años es cada vez más profesional y especializado. Su acompañamiento experto permite a los niños explorar y desarrollarse cognitiva y motrizmente de manera satisfactoria, sin por supuesto olvidar su rol fundamental como referencia afectiva e incluso corporal.
Todos estos avances influye en cómo la sociedad percibe a estos profesionales y cómo su imprescindible labor es categorizada, protegida y retribuida. Está demostrado que ir a la escuela infantil es positivo para el desarrollo mental, físico y social. Y la escuela infantil solamente puede tener este papel beneficioso cuando está compuesta de profesionales bien formados y justamente reconocidos.
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– ref. La conversación docente: las escuelas de 0 a 3 años como inversión de futuro – https://theconversation.com/la-conversacion-docente-las-escuelas-de-0-a-3-anos-como-inversion-de-futuro-280384
