El petróleo sigue mandando: la guerra en Irán y la vulnerabilidad energética de España

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Enrique Parra Iglesias, Profesor Titular de Universidad, Universidad de Alcalá

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Que el precio del petróleo se dispare no es solo una noticia económica. Es un recordatorio de que, en pleno siglo XXI, el mundo sigue funcionando con combustibles del siglo pasado. La guerra entre Estados Unidos-Israel e Irán, iniciada el 28 de febrero de 2026, no ha creado esta dependencia, pero la ha puesto al descubierto de manera brutal. El cierre efectivo del estrecho de Ormuz –por donde transita aproximadamente el 20 % del crudo mundial– ha provocado la mayor interrupción del suministro petrolero de la historia, según la Agencia Internacional de la Energía.

En cuestión de semanas, el Brent se disparó desde los 73 dólares el barril hasta superar los 112 dólares, reavivando la inflación, encareciendo los vuelos y recordando que el modelo energético español sigue profundamente ligado a los fósiles.

El acuerdo de alto el fuego anunciado hoy, 8 de abril, ha provocado una reducción del precio del petróleo del orden del 10 % cuando escribo esto, pero las consecuencias de la guerra van a permanecer durante mucho tiempo.

Más renovables… pero todavía un mundo fósil

Durante la última década, España ha invertido con fuerza en energías renovables. Según Red Eléctrica, las fuentes renovables generaron el 55,5 % de la electricidad en 2025, con la eólica liderando (21,6 %), seguida de la nuclear (19,1 %) y la solar fotovoltaica (18,4 %).

Los fósiles representaron apenas una quinta parte de la generación eléctrica. Son cifras impresionantes: España supera ampliamente la media europea y el Gobierno apunta a un 81 % renovable en 2030.

Sin embargo, esta revolución eléctrica convive con una realidad muy distinta: a nivel mundial, los combustibles fósiles aún representan aproximadamente el 80 % del consumo energético total. Y España no es excepción cuando se mira más allá del enchufe.

Éxito eléctrico, vulnerabilidad estructural

La paradoja española se entiende con un dato clave: la electricidad supone apenas un 22 y un 26 % del consumo energético final del país. El 75 % restante corresponde al transporte, la industria y la calefacción, sectores donde el petróleo y el gas siguen siendo predominantes. En el consumo primario de energía, el petróleo representa el 42 % y el gas natural el 20 %, según datos del INE.

Además, España importa prácticamente el 100 % del petróleo que consume: 1,3 millones de barriles diarios en 2024, según la OPEC, lo que la convierte en uno de los países europeos más expuestos a shocks de suministro.

Turismo y aviación: el eslabón oculto

La vulnerabilidad de España se amplifica por su principal motor económico: el turismo. En 2025, España recibió 96,8 millones de turistas internacionales –un récord histórico– que generaron 134 700 millones de euros en gasto, según el INE. El sector representó el 12,6 % del PIB y el 12,3 % del empleo.

El Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC por sus siglas en inglés) estima que el impacto total (directo, indirecto e inducido) alcanzó los 260 000 millones de euros, equivalente al 16 % de la economía.

Más del 80 % de esos turistas llegan en avión, y cada vuelo requiere queroseno, cuyo precio se liga directamente al crudo. El combustible supone entre el 25 y el 35 % de los costes operativos de una aerolínea.

Por otra parte, la Asociación Mundial de Transporte por Carretera (IRU) señala que, desde el inicio del conflicto, el precio del diésel ha subido en España un 27 % y el queroseno que compran las aerolíneas casi se ha duplicado. Además, el cierre de espacios aéreos sobre Oriente Medio obliga a las compañías a desviar rutas, añadiendo horas de vuelo y gasto extra de combustible.

Cómo se transmite el shock: el efecto cascada

El mecanismo de transmisión es directo y medible. Primero, sube el precio del crudo y del queroseno. Luego, las aerolíneas trasladan el incremento a los billetes y la demanda reacciona, especialmente los viajeros sensibles al precio: familias, jubilados y turistas de mercados con monedas débiles. Finalmente, el shock energético se traduce en menos noches en el lugar de destino, menos gasto en hostelería y menos actividad económica.

En otras palabras, España no solo importa energía: importa turistas que dependen de esa energía. El petróleo se convierte así en un riesgo macroeconómico concreto y tangible, que conecta la geopolítica del Golfo Pérsico con los bares de la costa mediterránea.

La paradoja de la transición energética

La guerra en Irán demuestra una realidad incómoda: aunque España lidere la transición eléctrica europea, todavía no ha logrado reducir significativamente su exposición a los combustibles fósiles en sectores estratégicos. El país ha conseguido avances extraordinarios en electricidad renovable, pero sigue siendo vulnerable en transporte, logística y turismo, los sectores donde el petróleo sigue siendo irremplazable a corto plazo.

Esta paradoja explica por qué un país con alta penetración de renovables puede sentir de manera intensa los efectos de un shock petrolero. La electrificación del parque automovilístico apenas alcanza el 5 % y la aviación comercial con combustibles sintéticos o hidrógeno está todavía en fase experimental. El objetivo del Gobierno para 2050 –97 % de renovables en el mix total– exige transformar sectores que hoy consumen el grueso de los hidrocarburos.

Conclusión: la prueba de estrés

La transición energética no consiste únicamente en generar electricidad limpia. Para que España reduzca su exposición a los shocks internacionales es necesario transformar los sectores donde el petróleo sigue siendo crucial: transporte, aviación, logística y turismo.

El conflicto en Irán no es un shock aislado: es una prueba de estrés que revela que el turismo, principal motor económico de España, sigue funcionando en gran medida con queroseno. Mientras el estrecho de Ormuz permanezca cerrado y el Brent por encima de los 100 dólares, la factura la pagará una economía cuyo talón de Aquiles sigue siendo, paradójicamente, invisible desde el enchufe de casa.

The Conversation

Enrique Parra Iglesias no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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