Cómo conseguimos volar una cometa (y qué tiene eso que ver con los aviones)

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sergio Hoyas Calvo, Catedrático de Ingeniería Aeroespacial, Universitat Politècnica de València

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Casi todos hemos visto alguna vez una cometa volar, ya sea en una playa, en un parque o en una tarde de viento. Parece un simple juguete, pero detrás de esa imagen familiar hay una historia mucho más larga de lo que podría parecer.

Las cometas surgieron en China hace más de dos mil años, donde se utilizaron con fines militares y científicos antes de convertirse también en una forma de entretenimiento. Siglos después, figuras como Benjamin Franklin las emplearon para estudiar la electricidad y los fenómenos atmosféricos, en uno de los experimentos más conocidos de la historia.

Cometas para generar electricidad, impulsar barcos… y jugar

Hoy, lejos de haber quedado como una curiosidad del pasado, están encontrando nuevas aplicaciones. Se investiga cómo utilizar grandes cometas que vuelan a cientos de metros de altura para generar electricidad, y también cómo pueden ayudar a impulsar barcos aprovechando vientos más intensos y constantes en capas altas de la atmósfera.

Y, por supuesto, seguimos utilizándolas para algo mucho más simple: jugar. Basta acercarse a una playa en un día de viento para ver esta evolución en acción: niños corriendo con pequeñas cometas, deportistas deslizándose sobre el agua en kitesurf y, en ocasiones, grandes estructuras de tela que parecen criaturas suspendidas en el cielo durante exhibiciones.

El equilibrio de las fuerzas

Pero, más allá de su historia, hay una pregunta que sigue despertando curiosidad: ¿por qué vuela una cometa?

Una cometa se suspende en el aire gracias a un equilibrio de fuerzas. Por un lado, su peso tira hacia abajo. Por otro, el aire, al chocar con su superficie, genera una fuerza que no actúa en una única dirección, sino que puede descomponerse en dos: una componente vertical, la sustentación, que empuja hacia arriba, y otra horizontal, que tiende a arrastrar la cometa en la dirección del viento.

La cuerda que sujetamos juega un papel fundamental, ya que compensa esa fuerza horizontal y transmite parte de las fuerzas hacia nosotros, fijando la posición de la cometa en el aire. Cuando todo está bien ajustado, estas fuerzas se equilibran y la cometa se mantiene volando. No está completamente quieta, pero tampoco cae: se encuentra en un equilibrio dinámico que depende del viento y de cómo la controlamos.

El verdadero reto: estabilizarla en el aire

Sin embargo, que una cometa suba no es lo más difícil. El verdadero reto es que sea estable.

Si alguna vez ha sacado la mano por la ventanilla de un coche, habrá notado algo curioso: según cómo la incline, el aire puede empujarla hacia arriba, hacia abajo o hacer que gire. Además, seguro que nota que esa corriente no es estable, sino que cambia: aparecen las temidas turbulencias. Con las cometas ocurre exactamente lo mismo. No es solo cuestión de que el viento empuje, sino de cómo lo hace.

Para que una cometa vuele bien, todas las fuerzas tienen que estar en equilibrio: el viento empuja, el peso tira hacia abajo y la cuerda mantiene todo “conectado” con nosotros. Cuando ese equilibrio es correcto, la cometa se queda tranquila en el cielo. Pero si algo se desajusta, empieza a girar, a perder estabilidad… o simplemente cae.

El papel de la cola de la cometa

Aquí entra en juego un elemento que todos hemos visto, pero pocas veces nos preguntamos para qué sirve: la cola. Esa tira de tela que cuelga por detrás no está ahí solo para decorar. Su función es ayudar a que la cometa se mantenga correctamente orientada frente al viento, actuando como un pequeño estabilizador.

También es clave el punto donde se ata la cuerda. Un pequeño cambio en esa posición modifica el ángulo con el que la cometa recibe el viento. Si el ángulo es el adecuado, sube con facilidad; si no lo es, puede volverse inestable o perder la capacidad de volar.

Los modelos con dos cuerdas permiten un grado de control mucho mayor. Al manejar cada lado por separado, es posible modificar las fuerzas que actúan en la cometa, haciendo que gire, se incline o cambie de dirección.

Este desequilibrio controlado entre ambos lados es lo que permite realizar acrobacias, desde giros suaves hasta maniobras rápidas, de forma similar a cómo un avión utiliza sus superficies de control.

La ciencia de las cometas gigantes

En el caso de las cometas de gran tamaño, el desafío es distinto. No se trata solo de generar fuerza, sino de hacerlo de manera estable y predecible. Para ello, su diseño requiere un estudio cuidadoso de la aerodinámica, buscando que el aire fluya de forma ordenada y que la cometa mantenga su forma y orientación incluso en condiciones de viento cambiantes.

Sin embargo, el aire rara vez es completamente dócil. La turbulencia, los remolinos y los pequeños vórtices que se forman a su alrededor hacen que la cometa vibre, se tense y se relaje en un movimiento continuo.

Hay algo casi hipnótico en observar estas grandes superficies ondular en el cielo, como si el viento dibujara sobre ellas. Detrás de esa belleza hay una interacción compleja que todavía no comprendemos del todo, y que sigue desafiando a la física y a la ingeniería.

Muy cerca de los aviones

Y aquí aparece una conexión fascinante. El problema que resuelve una cometa, cómo mantenerse en el aire de forma estable, es exactamente el mismo que tuvieron que afrontar los pioneros de la aviación. Los primeros planeadores de los hermanos Wright pueden entenderse, en cierto modo, como cometas sofisticadas que, en lugar de estar atadas al suelo, eran controladas directamente por el piloto. Añadir un motor fue solo el siguiente paso.

Quizá por eso las cometas siguen llamándonos la atención: por la forma en que se mueven y parecen cobrar vida en el aire, como si el viento se hiciera visible. Al fin y al cabo, es el mismo juego de fuerzas que, de forma menos evidente, mantiene en vuelo a un avión.

The Conversation

Sergio Hoyas Calvo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cómo conseguimos volar una cometa (y qué tiene eso que ver con los aviones) – https://theconversation.com/como-conseguimos-volar-una-cometa-y-que-tiene-eso-que-ver-con-los-aviones-279794