La historia demuestra que la Guardia Revolucionaria de Irán resistiría una invasión terrestre

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ibrahim Al-Marashi, Adjunct Professor, IE School of Humanities, IE University; California State University San Marcos

Saeediex/Shutterstock

El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC, por sus siglas en inglés) ejerce desde hace tiempo un poder considerable, a menudo subestimado, en Oriente Medio. Con unos 190 000 miembros, además de unos 450 000 reservistas en la milicia paramilitar Basij, el componente más numeroso de las Fuerzas Armadas de Irán controla también gran parte de la política, los servicios de inteligencia y la economía del país.

Tras un ataque aéreo israelí que acabó con la vida del líder supremo de la República Islámica, el ayatolá Alí Jameneí, el 28 de febrero, el presidente de EE. UU., Donald Trump, instó al IRGC a deponer las armas a cambio de inmunidad. Las fuerzas de la Guardia Revolucionaria Islámica rechazaron la oferta y, tras la muerte de muchos de sus líderes durante el último mes, no dan señales de rendirse.

A medida que las fuerzas terrestres estadounidenses se despliegan en Oriente Medio, es imprescindible comprender que –a pesar de un mes de bombardeos generalizados por parte de EE. UU. e Israel, de infraestructuras dañadas, fracturas internas y un liderazgo diezmado– es probable que el IRGC resista con tenacidad cualquier invasión del territorio iraní. Su historia demuestra por qué.




Leer más:
¿Por qué Irán es ahora el objetivo? Claves para entender la ofensiva que sacude a Oriente Medio


De milicia a fuerza de primera línea

El IRGC surgió originalmente en la revolución de 1979 a partir de las milicias callejeras improvisadas formadas por estudiantes leales a la visión del ayatolá Ruhollah Jomeini de una República Islámica. Se opuso a las facciones que buscaban crear una república laica tras el derrocamiento de la monarquía, y aspiró a ser una guardia nacional para proteger al naciente gobierno revolucionario islámico.

También conocido como Pasdaran-e Enghelab (Guardianes de la Revolución), pronto se convirtió en una guardia pretoriana del líder supremo del país.

En sus primeros días, la fuerza impidió una contrarrevolución por parte del Artesh, el ejército permanente bajo el sah. El IRGC también libró batallas callejeras con fuerzas revolucionarias rivales, incluidos izquierdistas laicos y milicias islamistas rivales.

Con la invasión de Irak a Irán en 1980, el IRGC emergió como una fuerza de combate convencional de primera línea junto con el ejército nacional. Repelieron el ataque de Sadam Husein en 1982, aunque la guerra continuó durante otros seis años. Muchos de los actuales comandantes del IRGC eran jóvenes soldados u oficiales en aquella época, y vivieron en primera persona cómo Irak utilizó armas químicas contra ellos mientras Occidente permanecía en silencio.

dos soldados con máscaras antigás y rifles
Soldados iraníes con máscaras antigás durante la guerra entre Irán e Irak, 1985.
Mahmoud Badrfar

El IRGC también se convirtió en una fuerza de contrainsurgencia cuando Sadam Husein apoyó a los rebeldes kurdos iraníes en 1980. Ha reprimido diversas rebeliones étnicas internas, desde una revuelta kurda en el noroeste que comenzó en la década de 1980 hasta una insurgencia baluchí en el sureste en la década de 2000.

Por lo tanto, es probable que los recientes intentos de Trump de fomentar revueltas kurdas se topen con la ira de los comandantes del IRGC, que llevan décadas luchando contra estos grupos rebeldes étnicos.

Lecciones de los aliados

A través de sus grupos proxy (aliados) regionales, el IRGC ya cuenta con una amplia experiencia en guerras de desgaste prolongadas contra EE. UU. e Israel.

En 1982, el IRGC creó una fuerza expedicionaria extranjera, conocida como la Fuerza Quds. La Fuerza Quds, cuyo nombre proviene del árabe para Jerusalén, apoyó la creación de Hezbolá en el Líbano en respuesta a la invasión israelí de ese año para expulsar a la Organización para la Liberación de Palestina.

A partir de ese momento, el IRGC pudo enfrentarse a Israel a través de sus fuerzas proxy. Durante 18 años, Hezbolá utilizó tácticas como los coches bomba suicidas para desgastar a las fuerzas de ocupación israelíes, que se retiraron del sur del Líbano en 2000. La operación fue ampliamente considerada como un fracaso militar para Israel.

Un hombre coloca una medalla en la solapa de otro hombre
Qasem Soleimani (izquierda) fue el comandante de la Quds hasta su asesinato a manos de las fuerzas estadounidenses en 2020. Aquí aparece junto a Alí Jameneí (derecha) en 2019.
Khamenei.ir, CC BY-NC

Estas tácticas se repitieron tras la invasión estadounidense de Irak en 2003, cuando milicias chiitas respaldadas por Quds, como Kataib Hezbolá, atacaron al ejército estadounidense desplegado allí con artefactos explosivos improvisados. Estados Unidos se retiró de Irak en 2011, desesperado por salir de una “guerra eterna”.

Los grupos proxy de la Quds en el Líbano e Irak proporcionaron lecciones que el IRGC seguramente intentaría replicar en caso de una invasión estadounidense.

Muchas de estas tácticas fueron diseñadas para desgastar a una fuerza de ocupación, y no serán suficientes para frustrar una invasión terrestre inmediata y de alta intensidad. Pero si Estados Unidos no logra sus objetivos (actualmente poco claros), podría verse envuelto en otra ocupación prolongada y una guerra de baja intensidad. Si eso ocurre, las bien perfeccionadas tácticas de desgaste del IRGC se desplegarían ampliamente.




Leer más:
De Saddam a Jameneí: el guion que conecta Irak 2003 con la guerra en Irán 2026


Irán, Estados Unidos y el “eje del mal”

Tras décadas de tensiones bilaterales, los atentados del 11 de septiembre de 2001 obligaron a EE. UU. e Irán a formar una breve alianza contra los talibanes en Afganistán. El régimen iraní incluso tendió la mano a Estados Unidos a finales de 2001, ofreciendo ayuda a los pilotos derribados que aterrizaron en suelo iraní mientras combatían a su enemigo común.

Pero en enero de 2002, George W. Bush situó a Irán junto a Irak y Corea del Norte en el ahora infame “eje del mal”, convirtiéndolos en un objetivo de la guerra contra el terrorismo de EE. UU. Para Irán, esto supuso un cambio brusco en la percepción pública estadounidense.

Los esfuerzos de acercamiento del presidente reformista Mohammad Jatamí llegaron a su fin. Tres años más tarde, el régimen apoyó el ascenso de Mahmud Ahmadineyad, un radical que, junto con el líder supremo, invirtió tanto en la expansión del programa nuclear como en el IRGC. Desde entonces, el IRGC ha evolucionado para asumir múltiples funciones de seguridad en la República Islámica.

El único periodo posterior de distensión entre el IRGC y Estados Unidos se produjo cuando la Fuerza Quds luchó contra el Estado Islámico en 2014 en Irak, en colaboración con el apoyo aéreo estadounidense. Esta cooperación tuvo lugar durante la Administración Obama y, un año después, EE. UU. firmó un acuerdo nuclear con Irán del que Trump se retiró apenas dos años después, en 2017.

Cuando las bases del IRGC fueron atacadas por ataques terroristas del ISIS a principios de febrero de 2019, consideró que los ataques eran el resultado de acciones encubiertas de Estados Unidos. Culpó a este y a Israel, además de a un aumento de la subversión baluchí y kurda.

Según la narrativa del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, la guerra actual de la administración Trump forma parte de un esfuerzo sistémico estadounidense, desde la década de 1980, para atacar al IRGC a través de intermediarios o de la guerra económica con el fin de debilitar a la República Islámica. Para ellos, se trata de un conflicto que se prolonga desde la Revolución Iraní de 1979.




Leer más:
Irán y Estados Unidos llevan décadas en guerra, y no se vislumbra un final


El poder protector

El IRGC se ha visto, sin duda, debilitado por el último mes de ataques aéreos estadounidenses e israelíes. Pero su historia demuestra que sus oficiales tienen un sentido de identidad corporativa propia y que defenderán su poder institucional incluso si sus líderes son asesinados.

Un hombre saluda a una gran multitud en un estadio de atletismo
El IRGC también dirige la vasta milicia paramilitar Basij. Aquí, el ayatolá Alí Jameneí en la Gran Conferencia de miembros de Basij, estadio Azadi, octubre de 2018.
Por Khamenei.ir, CC BY-NC

Esto explica por qué, tras la muerte de Jameneí, el IRGC se unió en torno a su hijo Mojtaba para mantener intacto su poder. Mientras algunos iraníes celebraban y otros lamentaban la muerte de Jameneí, el IRGC presentó un frente unido en apoyo a su régimen. Si el sistema político de Irán se desmoronara, el IRGC perdería su estatus dentro del grupo.

El IRGC también ha evolucionado para funcionar como una red empresarial. Con participaciones en el sector servicios, que van desde los medios de comunicación hasta la construcción, controla al menos el 20 % de la economía. Dado que algunos líderes del IRGC se han beneficiado de prácticas corruptas en la gestión de estas redes, temerían tener que rendir cuentas y ser juzgados por un nuevo orden político, y no aceptarán la idea de rendirse.

Lo que representa esta red de privilegios es, en última instancia, un Estado oculto. El IRGC no es solo un ejército, sino también una institución militar separada, autónoma y vasta, que ha logrado conservar su poder tras el asesinato de Jameneí. Si nos basamos en los acontecimientos de la historia –y del conflicto hasta ahora–, luchará hasta el final antes que capitular.

The Conversation

Ibrahim Al-Marashi no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La historia demuestra que la Guardia Revolucionaria de Irán resistiría una invasión terrestre – https://theconversation.com/la-historia-demuestra-que-la-guardia-revolucionaria-de-iran-resistiria-una-invasion-terrestre-279981