Source: The Conversation – (in Spanish) – By Eva Catalán, Editora de Educación, The Conversation

Además de los exámenes y los ejercicios para corregir en clase, casi todos los profesores utilizan para evaluar a sus estudiantes alguna forma de “trabajo” (un ensayo, una presentación, un póster..) que realizar en casa. Especialmente a partir de secundaria y hasta la universidad, esta forma de evaluación (que constituye un porcentaje variable de la nota final) tiene muchas ventajas: permite observar cómo los aprendices asimilan y reformulan los contenidos, les anima a investigar por su cuenta, a menudo se pueden hacer en grupo y presentar ante el resto de compañeros, y es una manera más pausada y personalizada de recuperar información que el examen escrito. Así, lo más frecuente suele ser una combinación entre ambos: exámenes escritos y trabajos fuera de clase.
Con la llegada de ChatGPT y demás herramientas de inteligencia artificial generativa, este modelo ha saltado por los aires. Con estas herramientas, cuyo uso sabemos que es generalizado, casi cualquier adolescente o universitario puede, en cuestión de pocos minutos, preparar un comando y obtener un texto bastante bien estructurado con los datos básicos del tema, de manera que un trabajo de notable puede haber supuesto cero asimilación de contenidos. Entonces, se plantea Presentación Ángeles Caballero García, catedrática de Métodos de Investigación y Diagnóstico en Educación de la Universidad Camilo José Cela: “¿cómo demostramos que hay aprendizaje real, autoría y pensamiento, más allá de un producto final pulido?”.
Esta experta propone en su artículo evaluaciones alternativas al trabajo en casa: defensas orales, microtareas de retroalimentación inmediata, entrevistas académicas o debates guiados para evaluar el razonamiento y asegurar la autoría de las respuestas. Hay más opciones, dependiendo de la etapa educativa, de la materia, y del objetivo, y en este boletín he recopilado unas cuantas, como por ejemplo la actualización del tradicional examen oral.
Pero incluso cuando se evalúan trabajos realizados en casa, es posible recoger evidencias del proceso en distintas fases –borradores y revisiones, explicaciones, reflexiones– que permiten ver la evolución del aprendizaje.
Otra cuestión muy importante a la hora de evaluar con justicia en este panorama tan tecnologizado (algo que ya reclaman los propios alumnos) es que no todos los estudiantes saben o pueden usar la IA igual de bien: los que más controlan y mejor la manejan no son necesariamente los que mejor se saben el tema. Por eso, enseñar a usar la IA de manera ética y crítica es importante; además de exigirles que expliquen cómo la han usado, qué les ha aportado y qué han aportado ellos. Evaluaremos así su capacidad para detectar errores y su criterio a la hora de tomar decisiones.
De alguna manera, la realidad a la que nos enfrentamos, que es que los estudiantes ya usan inteligencia artificial queramos o no, se convierte así en un acicate para mejorar las tareas de evaluación, hacerlas más justas y equitativas y centrarlas más en lo más importante: si y cómo el estudiante “piensa, decide, se equivoca, aprende y actúa con criterio.” Más allá de poner una nota determinada, este tipo de evaluación, llamada “formativa”, busca ser tan útil para el que aprende como para el que enseña.
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– ref. La conversación docente: evaluar con justicia en tiempos de IA – https://theconversation.com/la-conversacion-docente-evaluar-con-justicia-en-tiempos-de-ia-279470
