La selección: vecinos, algoritmos y felicidad

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lola Delgado, Editora de Política y Sociedad, The Conversation

Imagen del barrio madrileño de Lavapiés. JJFarq/Shutterstock

¿Alguna vez se ha preguntado si podría confiar plenamente en las personas de su vecindario? ¿Y si su situación familiar es satisfactoria? Seguro que la respuesta a cualquiera de esas dos preguntas le daría para una hora larga de charla con un amigo, café por medio: que si el vecino del 2ºA le recoge siempre los paquetes cuando usted no está en casa, que si la del 1ºE tiende la ropa chorreando agua sobre su tendedero o que si la relación con su hermano es buena solo mientras no compartan una comida juntos.

Resulta difícil, sin duda, dar respuesta a esas preguntas en una escala del 1 al 10, pero lo cierto es que su felicidad y calidad de vida social se pueden cuantificar y comparar y esas dos cuestiones forman parte de un test que lo hace posible y que ha sido creado por la Universidad de Castilla La Mancha. Los resultados obtenidos hasta la fecha indican que la familia y la satisfacción laboral influyen más que el dinero y que la confianza en el vecindario y la integración social hacen que nos sintamos muy bien.

El termómetro que mide su nivel de satisfacción vital se presentó con motivo de la celebración del Día Internacional de la Felicidad, el pasado 20 de marzo. ¿Que lo había pasado por alto? Es perfectamente comprensible. Muchos humanos somos así y le damos más importancia a las malas noticias que a las buenas. Porque ¿quién puede acordarse de la felicidad con lo que está ocurriendo en Oriente Medio, por ejemplo? ¿Con el odio que se respira en el mundo? ¿Con las imágenes amenazantes que nos llegan a través de medios de comunicación y redes sociales de los actores del conflicto?

La indiferencia afectiva y la intensidad de las emociones

Esa dificultad para ponerle un número a algo tan complejo como la satisfacción vital no solo tiene que ver con lo que nos ocurre, sino también con cómo lo sentimos. No todas las personas viven la realidad emocional de la misma manera: mientras unos reaccionan con intensidad ante los pequeños gestos cotidianos o las malas noticias, otros parecen mantenerse al margen, como si nada lograra alterar su equilibrio interno.

Esa aparente desconexión no siempre es indiferencia en el sentido común del término, sino que puede responder a mecanismos psicológicos más profundos. Es lo que se llama indiferencia afectiva y que la profesora Monserrat López, de la Universidad Europea Miguel de Cervantes, diseccionó con toda claridad en este artículo.

Esa forma desigual de sentir y reaccionar no solo afecta a la vida personal, sino también a la manera en que participamos en el espacio digital. Cuando la emoción se vuelve selectiva, dejamos de reaccionar ante ciertos contenidos mientras otros –más intensos, más provocadores– captan toda nuestra atención.

En ese contexto, el odio encuentra un terreno fértil: no porque todos lo compartan, sino porque destaca, circula mejor y apenas encuentra resistencia. Así, la aparente desconexión emocional de unos y la sobreexposición emocional de otros acaban convergiendo en un mismo resultado: la amplificación del conflicto en redes sociales. Un estudio sobre 2,1 millones de mensajes en X revela que el 88 % del odio permanece visible años después, favorecido por algoritmos que premian la viralidad y la emoción. Así nos lo contaba en The Conversation un equipo de tres profesores de UNIR.

Primavera, hormonas y ritmos circadianos

Y con estos altibajos emocionales, nos enfrentamos a la primavera, que justo coincidió con el Día Internacional de la Felicidad y que, no nos olvidemos, la sangre altera.

Pero ¿la altera de verdad o es solo una frase hecha? La evidencia científica indica que la primavera sí influye en las personas, pero no de forma uniforme ni “mágica”. El aumento de luz altera los ritmos circadianos, el sueño y los sistemas neuroquímicos como la serotonina, generando mayor activación.

Esto puede traducirse en más energía o en irritabilidad e impulsividad. Las hormonas, cómo no, también influyen, especialmente si está pasando por la menopausia –por cierto, haga caso a expertos como la profesora Clara Selva Olid, de UOC, y no se deje llevar por el menowashing–.

En fin, que le invitamos a que haga usted el test de la felicidad porque en estos momentos en los que todo parece empujarnos hacia el ruido y el conflicto, entender cómo sentimos –y por qué– puede ser el primer paso para proteger nuestra felicidad en medio del caos.

The Conversation

ref. La selección: vecinos, algoritmos y felicidad – https://theconversation.com/la-seleccion-vecinos-algoritmos-y-felicidad-279301