Las reacciones a ‘Torrente, presidente’: ¿vivimos una crisis de la ironía?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marcos Jiménez González, Profesor de Estética y Teoría de las Artes, Universidad de Zaragoza

Gabino Diego y Santiago Segura en una imagen de _Torrente, presidente_. Sony Pictures

El pasado 13 de marzo aterrizó en las salas españolas Torrente, presidente, de Santiago Segura, doce años después de su anterior entrega.

Un hombre señala un cartel con un personaje interpretado por él mismo.
Santiago Segura en la premiere de Torrente presidente.
Sony Pictures Spain

La película llegó a los cines sin haber tenido pase de prensa ni haber lanzado el tráiler. Su estreno estaba pensado, de acuerdo con las palabras de Segura, para los fans de la saga y para que nada ni nadie les estropeara la experiencia de verla por primera vez, así como los cameos, los chistes… Explicó en una entrevista que quería evocar algo parecido a lo que él había sentido al ver por sorpresa a Sean Connery como Ricardo Corazón de León en Robin Hood, príncipe de los ladrones (1991).

El filme cuenta la historia de ascenso y caída de José Luis Torrente Galván en su empeño por liderar el partido político Nox (parodia del actual Vox), lo que lleva la caricatura a un extremo que no había sido explorado en las películas anteriores. Hasta la quinta entrega, su protagonista era moralmente despreciable y encarnaba un estereotipo de español arcaico, racista, machista y homófobo. Sin embargo, más allá del hedor franquista, no estaba asociado a ningún partido político concreto del momento: retrataba una realidad deformada, irónica, que conjuga muy bien con la tradición esperpéntica española.

No obstante, la sexta entrega ha generado una controversia que en las otras cinco era anecdótica: el retrato crítico de una sociedad chusca a través de un personaje despreciable y ambiguo, que había funcionado de manera extraordinaria en las películas anteriores, ahora suscita una necesidad imperiosa de situarlo políticamente. Pero ¿por qué esta sensación es más general hoy que hace veintiocho años?

Cambios sociales

En primer lugar, José Luis Torrente no ha evolucionado, pero la sociedad española sí lo ha hecho. La opacidad irónica propiamente posmoderna de 1998 no es igual que la transparencia metamoderna de 2026. Y eso se nota tanto en el personaje como en su acogida por parte del público.

Un hombre gordo posa delante de una mesa con la bandera de España y un póster de una mujer desnuda en la pared.
Imagen de la primera entrega de la serie sobre Torrente: Torrente, el brazo tonto de la ley.
IMDB

La impronta irónica con la que está hecha la película, propia de la ficción estadounidense de los años noventa –de la que un buen ejemplo sería Homer Simpson–, no se sostiene de un modo tan evidente en la narrativa actual. La independencia entre la moral y la estética no está tan clara y la crítica social de un estereotipo mediante la ironía precisa ahora de explicaciones, representaciones más transparentes y literales.

Santiago Segura ha tenido que aclarar en varias ocasiones que Torrente es un personaje de ficción, que no tiene nada que ver con él. Dicha explicación se ha hecho más frecuente con el paso de los años. A pesar de que parece una obviedad, hay espectadores incapaces de establecer esta distancia entre el autor y el personaje; cuestión aún más compleja si además se requiere captar la distancia propia de su característica ironía.

Se pierde la ironía

Con esto se llega a la segunda razón por la que el protagonista, en su sexta entrega, resulta controvertido: el tambaleo del ejercicio irónico hace que un personaje que se presenta como no ejemplar pueda llegar a serlo, dependiendo del contexto. Esta ha sido una de las grandes sorpresas de Torrente, presidente.

En Imitación y experiencia, así como en Universal concreto, el filósofo español Javier Gomá explica este fenómeno detenidamente. En la tradición narrativa hay personajes que pueden considerarse modelos a seguir y que aúnan distintos valores sociales, expresando, en definitiva, una manera de deber-ser. Son casos como los de Aquiles, Sigfrido, Frodo Bolsón o Harry Potter, entre otros.

Por otro lado, existen personajes que no han sido pensados para ser imitados ni tomados como referencia. Estos nacieron con las formas de narración modernas y gozan de cierto éxito en la actualidad. Don Quijote, Hamlet, Fausto o Raskólnikov son algunos de los prototipos que Gomá considera excepcionales, cuya actitud no es ni imitable ni generalizable.

El conflicto surge cuando el espectador invierte la función original de estos perfiles. Sobre todo, cuando un carácter excepcional se convierte en un modelo universal. Si esto ocurre se cae en el mimetismo o en la mala imitación, la cual conduce a recrear modelos no beneficiosos ni social ni moralmente, elevando lo vulgar a lo ejemplar.

Algo así ocurre con Torrente en su concepción literal: lejos de recibirse como el extraordinario ejercicio irónico que es, se convierte en un referente excepcional, moral y político, lo que anula las posibilidades de la ironía y abre el camino a la imitación.

Torrente distorsionado

Quizá el problema descrito ya se palpaba en 1998 con Torrente, el brazo tonto de la ley. Sin embargo, ahora parece el tema fundamental de su estreno. Torrente, presidente está resultando un éxito de taquilla. Por eso, los conflictos explicados van ligados a unas líneas políticas que conciben la película desde dos perspectivas igualmente distorsionadas.

Por un lado, los distintos movimientos políticos y sociales surgidos durante los últimos años (MeToo,
Black Lives Matter, etc.) hacen que personajes que en los años noventa parecían fanfarrones y campechanos a pesar de sus faltas no gocen de la misma consideración ahora por parte de algunos sectores de la izquierda. Por otro, parte de la derecha cae en el mimetismo y en la confusión entre el autor y el personaje, algo que Santiago Segura ha rechazado en multitud de ocasiones.

La ironía original queda así desplazada, en crisis. La sociedad, dividida y retratada en la película, se expone a sí misma en la interpretación viciada de una saga que pretende mantenerse en la ironía posmoderna de los años noventa, pero a la que ahora le resulta imposible hacerlo.


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The Conversation

Marcos Jiménez González no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Las reacciones a ‘Torrente, presidente’: ¿vivimos una crisis de la ironía? – https://theconversation.com/las-reacciones-a-torrente-presidente-vivimos-una-crisis-de-la-ironia-279006