Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ricardo Rodriguez Varela, Research in Molecular Archaeology, Department of Archaeology and Classical Studies, Stockholm University, Stockholm University

Cuando pensamos en la Ibiza medieval, solemos imaginar una pequeña isla en el extremo de Europa. Sin embargo, nuevas evidencias genéticas muestran una realidad muy distinta. Lejos de estar aislada, Ibiza formaba parte de las redes políticas, comerciales y militares del mundo islámico medieval, con conexiones que alcanzaban no solo el norte de África, sino también regiones del África subsahariana.
Las fuentes históricas ya apuntaban en esa dirección. Sabemos que al-Ándalus y el Magreb estuvieron conectados durante siglos por rutas marítimas, intercambios comerciales, movimientos militares y desplazamientos de población. También sabemos que esas redes enlazaban con las rutas transaharianas que llegaban hasta el Sahel y África occidental. Lo que no sabíamos con tanta claridad era hasta qué punto esas conexiones se reflejaban en las personas que vivieron y murieron en lugares concretos como Ibiza.
Relatos desde la tumba
En un estudio publicado en Nature Communications, analizamos el ADN de 13 individuos enterrados en un cementerio islámico de Ibiza entre los siglos X y XII. Combinando datos genéticos, arqueológicos e históricos, reconstruimos patrones de movilidad, mezcla genética y enfermedad en esta comunidad insular medieval.
Ibiza se incorporó al mundo islámico en el año 902, en el marco de la expansión omeya desde Córdoba. Todo indica que aquella integración no fue solo un cambio político: también implicó una profunda reorganización social y la llegada de nuevas poblaciones. A partir de entonces, la isla pasó a formar parte de las redes que unían al-Ándalus, el norte de África y el Mediterráneo occidental.
Los resultados genéticos reflejan esa integración. Las personas analizadas presentan ascendencias relacionadas con Europa, el norte de África y el África subsahariana, a menudo, combinadas en un mismo individuo. Este patrón no concuerda con la hipótesis de una única migración. Más bien apunta a un proceso continuado de movilidad e interacción entre distintas regiones del mundo islámico.

R. R. Varela et al.
Siglo X, tiempo de mestizaje
Al estimar cuándo se mezclaron esas ascendencias, observamos que los componentes genéticos europeos y norteafricanos se combinaron solo unas pocas generaciones antes de la vida de estos individuos. En promedio, esta mezcla parece haberse iniciado poco después de la incorporación de Ibiza al mundo islámico a comienzos del siglo X.
Es decir, la diversidad genética de la isla no fue el resultado de un proceso lento de siglos, sino de una transformación relativamente rápida que, probablemente, ocurrió en Ibiza mismo o en otras regiones del al-Ándalus.
Desde el África subsahariana
Dos individuos resultan especialmente reveladores. Ambos presentan ascendencia subsahariana clara, pero procedente de regiones distintas. Uno muestra afinidades genéticas con poblaciones de Senegambia, en África occidental; mientras que el otro se relaciona más estrechamente con poblaciones del área del Chad, en África central.
Gracias al uso de bases de datos genómicas africanas modernas, hemos podido identificar estos vínculos con una precisión inédita en contextos europeos medievales.
Estos hallazgos encajan bien con el contexto histórico. Ambos individuos datan del periodo almorávide, una etapa en la que las Baleares quedaron integradas en una red política y militar que conectaba el Magreb, al-Ándalus y regiones más meridionales del África occidental. Las fuentes árabes describen precisamente esas rutas de intercambio, comercio y movilidad. El ADN aporta ahora una evidencia biológica directa de que esas conexiones también implicaron desplazamientos humanos.
David Díaz del Molino.
Más allá de la ascendencia
Otro resultado importante del estudio es que religión e identidad cultural no pueden reducirse al origen genético. Uno de los individuos enterrados según el rito islámico presenta muy poca ascendencia norteafricana. Esto recuerda que, en la Iberia medieval, la pertenencia a una comunidad dependía también de la conversión, la lengua, la educación, las normas jurídicas o la integración social, y no solo de la ascendencia biológica.
La investigación no se limita al ADN humano. Así mismo analizamos patógenos antiguos presentes en los restos y detectamos varias infecciones virales, entre ellas el virus de la hepatitis B y el parvovirus B19.
Lepra sin señales de exclusión
De forma especialmente relevante, uno de los individuos portaba Mycobacterium leprae, la bacteria responsable de la lepra. A pesar de ello, fue enterrado siguiendo las prácticas funerarias islámicas habituales y sin señales evidentes de exclusión. Si la enfermedad ya se había manifestado en vida, este hallazgo sugiere que la lepra no implicaba necesariamente estigmatización o segregación en esta comunidad.
En conjunto, los datos apuntan a una sociedad formada por varias fases de movilidad, contacto y mestizaje. La Ibiza medieval, lejos de ser un lugar periférico, formaba parte de un mundo interconectado que unía la península ibérica, el norte de África y el África subsahariana.
En este contexto, el ADN antiguo no sustituye a la arqueología ni a las fuentes escritas. Pero añade una nueva línea de evidencia que permite medir la movilidad humana del pasado y comprender mejor cómo se formaron las sociedades medievales.
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Anders Götherström recibe fondos de Vetenskapsrådet (research grant VR2019-00849).
Ricardo Rodriguez Varela no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. El ADN de un cementerio islámico medieval en Ibiza revela una isla conectada con África – https://theconversation.com/el-adn-de-un-cementerio-islamico-medieval-en-ibiza-revela-una-isla-conectada-con-africa-278586
