Source: The Conversation – (in Spanish) – By Maite Aurrekoetxea Casaus, Profesora Doctora en Sociología en la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, Universidad de Deusto
¿Qué significa destacar en un deporte? En edades infantiles y preadolescentes esto puede reflejar muchas cosas, además de un talento innato. Por ejemplo, una maduración biológica temprana, la calidad y cantidad del entrenamiento e incluso el rol dentro del equipo.
Para los padres y profesores puede ser difícil detectar y gestionar las altas capacidades deportivas de los más jóvenes. Para esto último, el entorno del menor es un factor clave.
Para empezar, en vez de fijarse en quien gana, conviene fijarse en indicadores menos visibles. Por ejemplo, poniendo el foco en el desarrollo de las habilidades motrices, la comprensión de diferentes situaciones motrices, la autorregulación del error, la transferencia entre deportes y la sensibilidad al feedback.
Cuidado con las expectativas familiares
La implicación parental puede ser un arma de doble filo. Por un lado, el apoyo protege el bienestar y la adherencia. Por otro, la presión afecta al disfrute y la motivación. Si esta última se impone, el deporte puede pasar de ser un espacio de exploración y disfrute a convertirse en una obligación que hay que repetir cada fin de semana.
El entorno familiar debe entender algo muy importante: evitar la imposición de expectativas no significa desentenderse, sino acompañar de otra manera.
El primer cambio pasa por transformar el lenguaje verbal y aumentar las experiencias de lenguaje motriz. Si la conversación gira exclusivamente en torno a resultados (cuántos goles, quién ha marcado, si ha ganado), el mensaje es que el valor depende del marcador. Es mejor preguntar si ha aprendido o cómo resolvió un error, porque así se desplaza el foco hacia el proceso.
Acompañar no es decidir por el menor, sino permitirle participar en elecciones razonables. Por ejemplo, qué frecuencia de entrenamientos asumir, qué metas plantearse de cara a la temporada o cómo afrontar las posibles renuncias. El razonamiento hipotético-deductivo no se alcanza hasta alrededor de los 12 años. Hasta ese momento, no hay un estado madurativo de elección propia.
Menos etiquetas y más variedad
También conviene vigilar las etiquetas, que parecen positivas pero pueden volverse pesadas. Convertir el talento en identidad (“eres un crack”,“así vas llegar lejos”) puede estrechar el margen de error y aumentar el miedo a fallar.
En la variedad está el gusto. Si siempre se practica el mismo deporte y no prueba otras actividades, su desarrollo motor se vuelve más limitado. Cuando la experiencia se reduce a una sola modalidad también se reducen las oportunidades de moverse y de resolver situaciones variadas.
La variedad no es una distracción del talento. Al contrario, es lo que permite desarrollarlo con una visión más rica, flexible y preparada para el futuro.
La especialización favorece el ‘burnout’
En este contexto se corre un riesgo. Muchas familias no dicen explícitamente “especialízate”, pero las expectativas se traducen en una presión de lógica externa que afecta a las situaciones y sus conductas. Más entrenamientos, más inversión en entrenadores privados, más torneos y menos espacios para la diversificación y libertad de elección y toma de decisiones.
Una vez la familia entra en la lógica de “hay que aprovecharlo ya”, el joven deportista puede percibir más conductas directivas y de presión que coartan su libertad de elección y decisión. Hay datos claros de que esas conductas se relacionan con más burnout y menos motivación autónoma.
Este burnout es un predictor en la devaluación del deporte y el riesgo de abandono. Si no hay decisiones propias, ni un entorno saludable, convertimos el clima en el idóneo para que se erosionen el disfrute y la continuidad en el deporte.
El peligro de las lesiones
En paralelo, y a veces de forma acumulativa con lo psicológico, la especialización y el volumen de entrenamientos elevan el riesgo de lesiones. Desde organismos y entidades se está denunciado dicha sobrecarga, que se traduce tanto en lesiones agudas como en patologías que derivan de un exceso de repetición a edades tempranas, y que conllevan incluso enfermedades.
Entre las lesiones identificadas se incluyen cuadros frecuentes como distensiones musculares, la llamada “rodilla de corredor” y lesiones de rótula. También otras más graves como fracturas de vértebra, la osteocondritis disecante, las lesiones ligamentarias del codo y las fracturas por estrés.
Por el contrario, realizar menos de dos horas por semana de entrenamiento reduce el riesgo de lesiones deportivas agudas. También hay que tener presente que aquellos deportistas especializados en deportes individuales tienen un mayor riesgo de sobrecarga, mientras que los atletas de deportes de equipo pueden ser más propensos a sufrir lesiones traumáticas agudas.
El papel de los profesionales del deporte
Organizaciones como la estadounidense NATA (Asociación Nacional de Entrenadores Atléticos) plantean una serie de recomendaciones que ayuden a generar entornos seguros para los menores deportistas con talento.
Estas recomendaciones dejan claro que los profesionales no son espectadores pasivos. Educadores físico deportivos, entrenadores y clubes tienen una capacidad real para modular el entorno en el que se desarrollan estas personas con talento.
El objetivo debe ser tratar de generar situaciones donde prime el placer de compartir. Mientras, se desarrollan las habilidades motrices básicas y las capacidades técnicas, perceptivas, físicas y psicológicas a largo plazo. Evaluar el progreso implica mirar cómo aprende el menor.
En este sentido, la clave es que el profesional sea un puente con la familia y el club, pero, sobre todo, un guía del maravilloso mundo del deporte en edad escolar. Reducir tensiones invisibles es una responsabilidad compartida. Cuando se acuerdan expectativas realistas sobre carga, descanso y estudios, el menor deja de sentir que debe acelerar para no quedarse atrás. La formación y los protocolos ayudan, pero los mensajes coherentes en casa son igual de decisivos.
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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.
– ref. Cómo evitar que el talento deportivo se convierta en una carga para los menores – https://theconversation.com/como-evitar-que-el-talento-deportivo-se-convierta-en-una-carga-para-los-menores-276426

