El examen oral, actualizado: una alternativa de evaluación en tiempos de IA

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Angela Patricia Vargas González, Docente Facultad de Educación – Educación inicial, Universidad de La Sabana

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Evaluar los conocimientos de los estudiantes no es el objetivo final de una asignatura, sino una parte fundamental del propio proceso de aprendizaje. Es la única manera de entender, tanto para aprendices como para enseñantes, cómo progresan, cuáles son las fortalezas y oportunidades de mejora que existen y cuál es el aporte práctico de lo que se está aprendiendo, entre otros aspectos.

Hoy que tenemos acceso a internet y a la inteligencia artificial, evaluar de manera oral es una alternativa interesante con múltiples beneficios.




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¿Cuál es el sentido de la evaluación oral?

Bien diseñadas, las pruebas habladas en lugar de escritas permiten a los chicos y chicas, en cualquier etapa y asignatura, desarrollar habilidades de diálogo, reflexión, pensamiento crítico y transformación personal, fundamentales para encontrar sentido a lo aprendido.

Hablamos de pruebas habladas, que no se reducen únicamente al examen oral tradicional (el profesor o profesora pregunta y el estudiante responde), sino que incluyen el debate, las disertaciones individuales y grupales, los círculos de palabra y la creación de pódcasts o vídeos.

Las principales ventajas de estas pruebas orales son el intercambio de puntos de vista y comprensiones disciplinares, el fortalecimiento de la escucha, la familiarización con el trabajo colectivo y la posibilidad de retroalimentación constante sobre lo que cada quien está proponiendo.

Ventajas de la evaluación oral

Las pruebas orales permiten superar la lógica tradicional de la transmisión de conocimiento, modificando el papel del docente, que pasa a escuchar o dialogar, y el del aprendiz, que pasa a explicar y argumentar.

Para ello, es importante plantear preguntas sin una única respuesta o una repuesta predeterminada. Este tipo de cuestiones invitan a estar atentos a los argumentos, para dialogar con ellos, más que a la aparición de conceptos preestablecidos en la mente del profesor.

Otra condición básica es la documentación previa por parte de los chicos y las chicas para ampliar sus comprensiones sobre los contenidos que están trabajando, de tal manera que al exponer sus puntos de vista se apoyen en las fuentes consultadas y las expliciten. En este caso, las tecnologías y la IA son utilizadas como recursos para ampliar las consultas e indagaciones, pues no es suficiente con replicar lo que estas arrojen.




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Por supuesto, dar a conocer las propias conclusiones es imprescindible en un proceso de evaluación oral, pues es en ese acto de seleccionar los elementos centrales de los argumentos presentados que se reafirma lo que se aprendió.

Motivación y capacidad

El desafío que plantea una prueba hablada ayuda especialmente a los estudiantes a percibirse con mayor capacidad y motivación, en la medida que reconocen que consolidar argumentos propios es un proceso que requiere preparación, consulta de diversas fuentes, comparación de perspectivas y diálogo con otros.

En ese marco, generar rúbricas de evaluación, en las que los docentes expliciten anticipadamente cuáles son los criterios que van a tener en cuenta, es un buen recurso para disminuir la ansiedad ante la prueba oral y para ir estableciendo un hábito de preparación cuando se habla en un escenario académico.

Posible en todos los escenarios educativos

Evaluar de manera oral no tiene por qué ser convertir el examen escrito en una prueba hablada, ni consistir exclusivamente en dar cuenta de contenidos que fueron abordados en un determinado periodo de tiempo.

Se trata más bien de generar espacios para que los estudiantes justifiquen sus propuestas de trabajo, expliquen los procesos y procedimientos que les permitieron llegar a los resultados obtenidos, compartan sus inquietudes e identifiquen sus errores, al tiempo que proponen posibles soluciones para subsanarlos.

Por ejemplo, ante una cuestión teórica que se esté trabajando en una signatura, el docente puede proponer a sus estudiantes el desarrollo de un círculo de palabra, para que allí, de manera colectiva, cada uno presente a sus compañeros su propia perspectiva. Posteriormente, los alumnos se organizarán en subgrupos para plantear posibles soluciones, que deberán compartir y justificar nuevamente ante el colectivo.

En este círculo de palabra el docente está atento a lo que sus estudiantes exponen, hace preguntas para pedir aclaraciones o profundizaciones, solicita reelaborar una idea cuando no es clara y determina la transformación de pensamiento que se dio en los chicos y las chicas, junto con la adecuación de sus discursos a la rúbrica de evaluación ya establecida.

La educación de la pregunta

Con estudios de casos, talleres o dinámicas de juego en el aula se puede experimentar una manera de aprender que vaya más allá reiterar lo que se leyó en un texto o respondió un chatbot.

Las evaluaciones orales, de esta manera, permiten potenciar la educación de la pregunta, en lugar de la educación de la respuesta, y entender los espacios educativos como lugares no solo para la instrucción, sino para el estudio, el debate y la reflexión.

The Conversation

Angela Patricia Vargas González no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El examen oral, actualizado: una alternativa de evaluación en tiempos de IA – https://theconversation.com/el-examen-oral-actualizado-una-alternativa-de-evaluacion-en-tiempos-de-ia-273868