Source: The Conversation – (in Spanish) – By Víctor Raúl López Ruiz, Catedrático de Universidad en Economía Aplicada (Econometría), Universidad de Castilla-La Mancha
¿Alguna vez se ha preguntado por qué dos personas que viven en la misma ciudad, trabajan en el mismo sector y tienen ingresos similares sienten niveles de bienestar tan distintos? ¿Y si pudiera medir su felicidad social, del 1 al 10, con un índice diseñado con método científico?
El progreso de las sociedades se ha medido usualmente a través de indicadores económicos. Sin embargo, un país puede crecer económicamente y, al mismo tiempo, experimentar problemas de desigualdad, polarización, precariedad laboral o deterioro ambiental.
Por este motivo, las investigaciones en ciencias sociales intentan responder a una pregunta aparentemente sencilla pero metodológicamente compleja: ¿cómo medir realmente la calidad de vida?
A qué llamamos calidad de vida
El primer reto aparece al intentar definirla. Algunos piensan en los servicios sociales como salud o educación, otros en la economía familiar, otros en el trabajo y otros en el barrio donde fijan su residencia. Todos tienen razón, pero solo en parte.
Durante años hemos usado distintos indicadores con este fin. Uno de los más influyentes es el Better Life Index desarrollado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que propone medir el bienestar a partir de once dimensiones, entre ellas empleo, educación, medioambiente, seguridad y satisfacción con la vida.
A partir de este enfoque multidimensional han surgido propuestas científicas que usan ponderaciones similares –en España, por ejemplo, el Indicador Multidimensional de Calidad de Vida del INE– o métodos que integran dimensiones con distintas técnicas. Todos ellos permiten medir la calidad de vida de los habitantes de un país o región.
En esta línea, y tras una revisión de los índices existentes y un proceso de reflexión y aprendizaje colectivo de Big Data, los expertos que formamos parte del Observatorio de Intangibles y Calidad de Vida (OICV) del Grupo de Investigación en Capital Intelectual (ICRG) hemos diseñado el Multidimensional Index of Social Quality of Life (MISQL).
Comience a medir su felicidad
La nueva herramienta se centra en la calidad de vida social. Es decir, en aquello que depende del entorno y de las relaciones: familia, empleo y clima laboral, confianza comunitaria, seguridad, ocio y cultura, movilidad, medio ambiente urbano, capacidades digitales, etc.
El índice MISQL invita a detenernos unos minutos para reflexionar sobre el día a día, identificar los factores que generan equilibrio personal y comprender cómo influyen las relaciones y el contexto en el bienestar cotidiano.
Para desarrollar este método comenzamos preguntándonos qué factores sociales influyen realmente en cómo una persona evalúa su propia vida. Para responder, analizamos miles de respuestas proporcionadas anualmente por ciudadanos españoles desde 2020.
Esperábamos que la economía personal ocupase el primer lugar, pero no ha sido así: la familia y la satisfacción laboral son dimensiones más influyentes que el dinero. También destaca la confianza en el vecindario y la integración social, o sea, esa clara sensación de que podemos caminar tranquilos en nuestro entorno o de que nuestros vecinos estarán ahí si los necesitamos.
El índice toma forma cuando aplicamos coeficientes estandarizados desde un modelo socioeconométrico, permitiendo obtener ponderaciones objetivas (pesos derivados de los propios datos, no de nuestras preferencias como investigadores). Ese paso ha sido crucial, dejando que hablasen las respuestas reales de la gente.
El peso de la ciudad, el barrio y el territorio
Al aplicar el modelo sobre más de 4 100 respuestas en España para 2025, la dimensión social explica el 64 % de la variación del bienestar percibido. El resto corresponde, en buena medida, a la esfera personal (salud física y psicológica, desarrollo personal, espiritualidad, estilo de vida) y a los límites propios de cualquier medición basada en encuestas.
Esas proporciones muestran el enorme peso que tienen nuestras ciudades, barrios y entornos en cómo nos sentimos.
En cuanto a las diferencias territoriales, el índice encuentra patrones que invitan a pensar. No se trata de comunidades ganadoras y perdedoras, sino de distintas formas de vivir y sentir el entorno. Comunidades autónomas como La Rioja, Navarra, Aragón o Castilla-La Mancha muestran un equilibrio interesante entre satisfacción residencial, felicidad declarada y calidad de vida social percibida. Estas regiones destacan no tanto por cuestiones de renta personal, sino por su cohesión y la satisfacción de sus habitantes con su entorno.
Además, la dimensión de la población está asociada al mercado de la vivienda. Así, aquellas poblaciones con servicios de calidad, fácil accesibilidad y baja densidad sacan una clara ventaja en la puntuaciones del índice.
Esta nueva herramienta no es un mero ejercicio académico o individual, sino una brújula para que los responsables públicos identifiquen prioridades reales agregadas. En un mundo complejo, necesitamos indicadores que no solo midan lo que producimos, sino cómo vivimos y lo qué realmente importa.
Cómo nos sentimos en comunidad
Una cuestión que muchas personas se plantean es qué hace que nuestra vida sea, en esencia, “buena”. Y eso es lo que permite resolver el índice MISQL.
No se trata solo de obtener una puntuación, sino de favorecer una mirada más consciente sobre cómo vivimos con otros, cómo nos sentimos en nuestra comunidad y qué elementos fortalecen –o debilitan– esa armonía.
Cualquier persona puede entender mejor por qué se siente como se siente, reconociendo qué aspectos clave de su entorno social pesan más en su calidad de vida. Ahora es posible evaluar y comparar nuestra felicidad con la de la población en general, lo que permite descubrir cuáles son los condicionantes que predominan para la mayoría y qué áreas personales debemos potenciar.
Por último, cuidado con la paradoja de la felicidad: preguntarse constantemente si uno es feliz puede llevar a dejar de serlo. A menudo se experimenta mejor cuando no se busca obsesivamente, sino cuando se vive el presente con un objetivo claro. Ahora podemos observar las tendencias de nuestras sociedades desde cada individuo, permitiendo definir mejor el propósito en nuestro presente.
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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.
– ref. Un índice científico para medir su felicidad social y calidad de vida – https://theconversation.com/un-indice-cientifico-para-medir-su-felicidad-social-y-calidad-de-vida-278270

