El barcelonismo entroniza de nuevo a Laporta y le confía un futuro repleto de desafíos económicos e institucionales

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Xavier Ginesta, Associate professor, Universitat de Vic – Universitat Central de Catalunya

Joan Laporta saluda a los aficionados durante el partido del Trofeo Joan Gamper entre el FC Barcelona y Como 1907 en el Estadio Johan Cruyff el pasado 12 de agosto. Christian Bertrand/Shutterstock

Los socios y socias del FC Barcelona decidieron el pasado domingo, 15 de marzo, reelegir no solo a un presidente, Joan Laporta, sino también un modelo singular de club. “Defendemos el Barça”, reza el nuevo mantra “laportista”, contra todo y contra todos. El Barça seguirá siendo durante los próximos cinco años una entidad local, apegada a sus raíces históricas, y una multinacional del entretenimiento que crece con la la lógica de la disneyización. El debate sobre la gobernanza y la forma de propiedad, cuestiones clave también para afrontar el debate económico del “fútbol-negocio”, no formó parte de la campaña y queda para más adelante.

Una victoria anunciada

Joan Laporta será presidente del FC Barcelona cinco años más. A pesar de lo que la “opinión publicada” quería, Laporta ya era vencedor antes de empezar estas elecciones. Los buenos analistas sabían que debía cometer muchos errores durante el proceso de recogida de firmas y a lo largo de la campaña electoral para que cayera su cartel de favorito.

La victoria ha sido contundente, aunque se ha producido en el peor de los escenarios: un cara a cara con Víctor Font, quien aglutinaba todo el voto contrario a Laporta. Pese a ello, el abogado barcelonés, de 63 años, ha mejorado los resultados de 2003 y de 2021. Obtiene así una nueva presidencia en 2026 con el 68,18 % de los votos.

Leer el sentimiento culé

Laporta y su equipo leen el sentir mayoritario del aficionado culé (nombre popular por el son conocidos los seguidores barcelonistas) como nadie. El deporte, y por lo tanto el fútbol, a pesar de mover mucho dinero (representa casi el 1,5 % del PIB español), también funciona a partir de dos dimensiones que no tienen nada que ver con la racionalidad que se presupone a la gestión y a la economía: la simbólica y la emocional.

En las elecciones a la presidencia del Barça, de hecho, los debates racionales quedan en segundo plano y los socios votan influidos, básicamente, por cuestiones sentimentales y según la dinámica deportiva del primer equipo masculino de fútbol.

La primera lectura acertada consistió en convocar las elecciones cuando el conjunto entrenado por Hansi Flick funcionaba a pleno rendimiento en todas las competiciones. Aprovechó Laporta el primer momento posible, según los estatutos, para lanzar la convocatoria. La maniobra pilló a la oposición con el pie cambiado, a pesar de que las candidaturas hacía tiempo que se preparaban. Esto obligó a sus rivales a salir a jugar el partido antes de tiempo.

El otro éxito de Laporta ha sido, nuevamente, su narrativa de campaña: “Defendemos al Barça”. Este eslogan sitúa el relato emocional y simbólico por encima de todo, vinculando a su candidatura con los valores fundacionales del club y el catalanismo político. A Laporta le fue fácil, además, “defender” al Barça porque su rival, Víctor Font, tampoco supo elegir bien a sus compañeros de viaje. Su futuro vicepresidente económico debía ser Jaume Guardiola, quien fue uno de los responsables de llevarse de Cataluña la sede social del Banco Sabadell durante el proceso independentista.

Aquí reside otro de los aspectos clave de la campaña, y que puede explicar por qué Font, a pesar de haber mejorado significativamente su oratoria respecto a 2021, ha perdido apoyos. El aspirante Font cometió demasiados errores. Además de situar a Jaume Guardiola a su lado, sabiendo de la necesidad de luchar contra el relato emocional de Laporta, Font cuestionó abiertamente al director deportivo del Barcelona, Deco, y a Dani Olmo, una de las joyas de la cantera barcelonista repescado en agosto de 2024 tras su paso por el fútbol alemán. Estas posturas en contra de dos referentes actuales del club han coincidido, en el plano deportivo, con un momento positivo del equipo. Otro error fue hacer salir a Xavi Hernández, exjugador y exentrenador del Barça, para criticar a Laporta. O, le guste o no, recibir el apoyo de Josep Maria Bartomeu, presidente del Barcelona entre 2014 y 2020, actualmente imputado por el conocido como “Barçagate” y uno de los máximos responsables de haber provocado la delicada situación económica de la entidad azulgrana.

Abrazos con el ministro Urtasun y el ex president Pujol

El día de la votación se comprobó que solo Laporta despertaba pasiones entre quienes iban a votar. Fue una jornada de fiesta culé en la que, a diferencia de lo que sería éticamente reprobable en unas elecciones a instituciones políticas, las personalidades se dejaban acompañar a las urnas por el candidato al que iban a apoyar. Este no era otro que Laporta, quien ejerció todos los papeles posibles: anfitrión, candidato y presidente in pectore.

Solo un hombre como Joan Laporta, con sus aciertos y errores, podía abrazarse a pie de urna con un ministro de Sumar, Ernest Urtasun, y con el expresidente convergente Jordi Pujol i Soley. Ambos políticos acudieron el domingo a votar.

Solo alguien como él podía tener la osadía de saltar con los jugadores del primer equipo cuando acudieron a las urnas después de su partido o situar dentro del “marco laportista” a Aitana Bonmatí, la gran referente del fútbol femenino mundial.

Laporta encarna a la perfección lo que representa el Barça: un club local abrazado a sus raíces históricas y una multinacional del entretenimiento que ha crecido bajo la lógica de la disneyización. ¿Alguien se imaginaría al CEO de una gran compañía celebrando abiertamente sus éxitos en la discoteca Luz de Gas? El aficionado “laportista” esperaba eso precisamente: ver a Laporta en la discoteca para cerrar la noche y escenificar la victoria, como si fuera una Champions más.

Gobernanza y modelo de propiedad

En el Barça todo es posible porque, aunque pueda incomodar a los tecnócratas, es una institución singular. En esta votación, los socios han avalado que siga siéndolo cinco años más. El debate sobre la gobernanza y el modelo de propiedad no ha aparecido en estas elecciones. Ni se le esperaba, a pesar de la delicada situación económica que vive el club todavía, sin olvidar el trabajo realizado en los últimos años para enderezarla. Pero el crecimiento bajo la lógica capitalista del fútbol profesional obligará, tarde o temprano, a recuperarlo. ¿Será Joan Laporta, fortalecido como ha salido de estas elecciones, la persona llamada a afrontarlo definitivamente?

The Conversation

Xavier Ginesta no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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