Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio Prieto Campos, Investigador Doctor, Universidad de Sevilla

Cada temporal fuerte deja imágenes parecidas: playas sin arena y paseos marítimos descalzos por el avance del mar “de golpe”. Pero ese “golpe” visible suele apoyarse en un proceso mucho más lento: un litoral cada vez más influido por la acción humana, justo cuando el nivel del mar sube y los episodios extremos aprietan.
Andalucía es un claro ejemplo de este fenómeno. En esta región conviven dos fachadas diferenciadas:
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Una atlántica baja y arenosa, con playas extensas y sistemas dunares bien desarrollados.
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Una mediterránea más abrupta, con playas más cortas (a menudo en forma de calas) que se alternan con acantilados y aportes sedimentarios torrenciales y discontinuos.
Dicho de forma simple: el Atlántico suele disponer de más arena y más espacio; el Mediterráneo, de menos sedimento y menor margen para absorber cambios.
Erosión costera: ni desastre ni excepción
Las playas son un sistema altamente dinámico: buscan continuamente un equilibrio constante entre su morfología, los materiales que las forman y las condiciones impuestas por los agentes externos. Se mantienen gracias al intercambio de arena entre playa y duna y al transporte a lo largo de la costa (la llamada “deriva litoral”).
Así, las dunas cumplen un papel clave como reserva sedimentaria y como amortiguador: durante temporales ceden arena a la playa y disipan parte de la energía del oleaje.
La erosión es, al igual que la acumulación de sedimentos, un proceso natural y común a nivel global. Cuando la erosión es constante, el sistema litoral tiende a adaptarse migrando hacia el interior. Es el llamado “espacio de acomodación”: ese colchón de espacio tierra adentro del que dispone la costa para ajustarse a nuevas condiciones. Es algo normal y no hay problema en que esto ocurra.
La costa ahora está limitada por muros
Sin embargo, cuando las reservas naturales de sedimentos se sellan o se fijan mediante edificaciones, paseos o muros, el sistema pierde su capacidad de reajuste natural. Entonces, el mar utiliza su única reserva disponible: la propia playa. Y aquí es donde comienzan los problemas: pérdida (progresiva o súbita) de arena, con la consecuente exposición directa al oleaje de infraestructuras, como los paseos marítimos y edificaciones.
La ocupación del frente costero ha crecido desde mediados del siglo XX. En Andalucía, la longitud de playas afectadas por construcciones pasó de 40 km a 240 km entre 1956 y la actualidad. El dato es contundente: más de un tercio de las playas andaluzas (37,5 %) se encuentra bajo la influencia directa del hormigón, de las cuales más del 80 % se encuentra en la fachada mediterránea.
Efectos de la subida del nivel del mar
A esa rigidez se suma el aumento del nivel medio del mar. En series de medidas recientes se observan tasas de pocos milímetros por año: 3,81 milímetros/año en Huelva (1998–2024), 3,32 mm/año en Cádiz (1961–2018) y 2,45 mm/año en Málaga (1993–2024). Una tasa cercana a 4 mm/año equivale a 4 centímetros por década.
Aunque esos 4 centímetros parecen poco, en playas con pendientes suaves –cerca del 1 %– esos 4 cm pueden traducirse, por pura geometría, en un desplazamiento potencial de unos 4 metros hacia tierra cada diez años. La cifra exacta varía según oleaje y sedimentos, pero la idea es potente: milímetros verticales pueden convertirse en metros horizontales.
A ello se le unen los temporales, porque el cambio climático no actúa por una sola vía. Un mar más alto funciona como una “tarima” sobre la que se “montan” los temporales: con el punto de partida más elevado, la misma tormenta penetra más e impacta más tierra adentro en el perfil de playa. Si además los episodios extremos son más frecuentes o intensos, el sistema tiene menos tiempo para recuperarse entre golpes.
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Playas que desaparecen
En zonas donde tradicionalmente hay mucha erosión, se han construido infraestructuras de estabilización (como los espigones) para supuestamente frenar la desaparición de las playas. Sin embargo, estas dan una falsa sensación de seguridad, a menudo reforzada por las propias Administraciones públicas.
Una playa que hoy parece “estable” puede ser un espejismo. En algunos tramos, la obra no elimina la erosión, solo impide que se manifieste en la posición visible de la línea de costa, afectando a su estabilidad sedimentaria. Así ocurre, por ejemplo, con el sector occidental de la playa de Torre del Mar (Vélez-Málaga), Balerma (El Ejido) y los Cerrillos (Roquetas de Mar) en la vertiente mediterránea; y El Portil (Punta Umbría), Matalascañas (Almonte) y Punta Montijo (Chipiona) en su homóloga atlántica, entre muchas otras. En la mayoría de estas playas destaca la presencia de infraestructuras de estabilización.

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Entonces, ¿más arena o más costa?
Cuando llegan los daños, la reacción habitual es “reparar” la playa: aportar arena y reforzar defensas. A veces es inevitable a corto plazo, pero como estrategia única suele ser pan para hoy y hambre para mañana si no se restaura la dinámica natural del sistema.
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Dos líneas ayudan a orientar la gestión. La primera es respetar el espacio donde sea posible: proteger y restaurar dunas, evitar nuevas construcciones en primera línea, planificar asumiendo que la costa necesita moverse. La segunda es priorizar por tramos, porque no todas las playas cuentan con el mismo aporte de sedimento ni el mismo margen de migración.
La erosión no es un fallo: es parte del funcionamiento normal de la costa. Con un mar que sube, temporales más exigentes, menos sedimento disponible por la regulación de las cuencas hidrográficas y un litoral “rigidizado” por la construcción, la pregunta ya no es si la costa cambiará, sino si la ordenación del territorio permitirá que lo haga de forma natural… o si seguirá chocando contra un muro.
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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.
– ref. El hormigón y el cambio climático estrangulan las playas de Andalucía, pero la solución no son más espigones – https://theconversation.com/el-hormigon-y-el-cambio-climatico-estrangulan-las-playas-de-andalucia-pero-la-solucion-no-son-mas-espigones-275956
