¿Cuáles son las verdaderas posibilidades de encontrar vida inteligente extraterrestre?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carlos Vázquez Monzón, Profesor Ayudante Doctor, especializado en Astrofísica y Astrodinámica, Universidad Loyola Andalucía

El ser humano sigue buscando vida extraterrestre inteligente, a pesar de que las incógnitas son muchas más que las certezas. Joshua Earle / Unsplash. , CC BY-SA

La pregunta sobre si estamos solos en el universo es hoy más científica que filosófica. Sabemos que el cosmos está lleno de planetas y que la química de la vida no es exclusiva de la Tierra. Sin embargo, cuando descendemos al detalle –cuántos planetas son realmente habitables y qué sabemos de sus atmósferas– la respuesta se vuelve mucho más cauta. La realidad es que nuestros datos son todavía escasos y, en muchos casos, indirectos.

Astrobiología, lo que sabemos… y lo que no

La astrobiología ha demostrado que los ingredientes básicos de la vida (carbono, agua, fuentes de energía) son comunes. En la Tierra, algunos microorganismos sobreviven en ambientes extremos: volcanes submarinos, desiertos hipersalinos o regiones polares. Esto sugiere que la vida podría surgir en contextos muy variados.

Pero solo tenemos un ejemplo de vida: el terrestre. No sabemos si la aparición de organismos complejos fue casi inevitable o un accidente improbable. Tampoco sabemos si la inteligencia tecnológica es una consecuencia frecuente de la evolución o una rareza extraordinaria. La hipótesis del “gran filtro” plantea que existe un obstáculo, en algún punto entre materia inerte y civilizaciones interestelares, que hace que las segundas sean extremadamente improbables.

Exoplanetas habitables, abundantes, pero mal conocidos

Desde el descubrimiento del primer exoplaneta alrededor de una estrella parecida al Sol en 1995, el catálogo ha crecido hasta sumar miles. Misiones como Kepler y TESS han mostrado que los planetas son comunes en la galaxia.

Muchos se encuentran en la llamada “zona habitable”, la región alrededor de una estrella donde podría existir agua líquida en superficie. Pero este concepto es simplificador: estar en la zona habitable no garantiza océanos, ni atmósfera estable, ni protección frente a radiación intensa.

Y aquí aparece el punto crucial: los datos que tenemos sobre exoplanetas potencialmente habitables son extremadamente limitados.

En la mayoría de los casos, solo conocemos su radio, masa estimada y periodo orbital. A partir de esos datos, inferimos densidades promedio, lo que permite clasificar un planeta como probablemente rocoso o gaseoso. Pero desconocemos su tectónica, su campo magnético, su actividad volcánica o la composición real de su superficie.

Investigando condiciones habitables

En cuanto a atmósferas, nuestro conocimiento es aún más precario. Solo en algunos casos (generalmente planetas grandes y cercanos) se han podido estudiar mediante espectroscopía de tránsito. Incluso el potente James Webb Space Telescope apenas comienza a caracterizar atmósferas de “supertierras” o “minineptunos”, no de auténticas “Tierras gemelas” del tamaño y condiciones exactas de nuestro planeta.

Composición atmosférica del exoplaneta WASP-96 b.
NASA, ESA, CSA, STScI

Detectar oxígeno, metano u otros posibles biomarcadores en planetas rocosos pequeños es, hoy por hoy, extremadamente difícil. Las señales son débiles, los datos ruidosos y las interpretaciones ambiguas. El oxígeno, por ejemplo, puede generarse por procesos no biológicos, y el metano puede tener origen geológico. Separar señal biológica de procesos abióticos requiere observaciones repetidas y modelos atmosféricos muy detallados que todavía están en desarrollo.

En otras palabras, aunque hablamos de “planetas habitables”, en realidad estamos trabajando con estimaciones estadísticas más que con caracterizaciones completas. Nuestra muestra de mundos rocosos con atmósferas bien estudiadas es, literalmente, inexistente en comparación con la diversidad que suponemos que existe.

Buscar inteligencia: señales de radio y tecnofirmas

La búsqueda directa de vida inteligente se canaliza principalmente a través de iniciativas como la del Instituto SETI Institute, que emplea radiotelescopios para detectar señales artificiales en el rango de microondas, una banda relativamente silenciosa del espectro natural.

VLA (Very Large Array), un conjunto de 27 radio antenas colocadas en Nuevo México.
Alex Savello/NRAO

El problema es doble. Primero, temporal: una civilización tecnológica podría generar señales detectables solo durante una fracción muy breve de su existencia. La humanidad lleva poco más de un siglo emitiendo radio al espacio. Segundo, espacial: la Vía Láctea tiene unos 100 000 años luz de diámetro. Incluso una señal enviada desde “solo” 1 000 años luz implicaría un retraso milenario en cualquier respuesta.

Además, estamos suponiendo que otras civilizaciones utilicen tecnologías comparables a las nuestras. Podrían emplear métodos de comunicación que no detectamos o no reconocemos como artificiales. Por eso, también se buscan “tecnofirmas” o huellas indirectas de actividad tecnológica, como contaminación industrial en atmósferas lejanas o patrones energéticos anómalos.

Ejemplos de ‘tecnofirma’, cualquier propiedad o efecto que pueda ser medible y que proporcione evidencia científica de la existencia de tecnología y, por tanto, vida inteligente en el espacio, bien sea en el pasado o en la actualidad.
Wikimedia Commons., CC BY

Las distancias: el límite físico

La exploración directa es prácticamente inviable con la tecnología actual. La estrella más cercana, Próxima Centauri, está a más de cuatro años luz. A las velocidades de nuestras sondas más rápidas, un viaje hasta allí requeriría decenas de miles de años. Incluso propuestas futuristas que contemplan velas impulsadas por láser apenas rozan la viabilidad teórica.

Concepto de nave con una vela solar.
Bert Willemsen/ArtStation

Esto convierte la búsqueda en un ejercicio de paciencia y estadística. Observamos miles de estrellas, acumulamos datos y esperamos detectar anomalías consistentes.

Entonces, ¿cuáles son las posibilidades?

Sabemos que:

  • Los planetas son comunes.

  • Algunos están en zonas potencialmente habitables.

  • La química orgánica es abundante en el cosmos.

Pero no sabemos:

  • Cuán frecuente es la vida microbiana.

  • Si la vida compleja es habitual.

  • Si la inteligencia tecnológica es común o excepcional.

  • Cuánto duran las civilizaciones emisoras.

Y, sobre todo, no conocemos con suficiente detalle las atmósferas y condiciones reales de los exoplanetas rocosos en zonas habitables. Nuestra muestra es pequeña y nuestros instrumentos aún están en fase de aprendizaje.

La conclusión es prudente: las posibilidades no son despreciables, pero nuestra capacidad de evaluación todavía es limitada. En cierto sentido, estamos en una etapa preliminar, similar a la biología antes del microscopio moderno.

Las próximas décadas, con telescopios más grandes y técnicas más refinadas, podrían cambiar radicalmente el panorama. Hasta entonces, la pregunta sigue abierta, sostenida más por el asombro que por la evidencia concluyente.

The Conversation

Carlos Vázquez Monzón ha recibido fondos de la Unión Europea-NextGenerationEU, y de la Xunta de Galicia bajo la beca ED 431B 2020/38

ref. ¿Cuáles son las verdaderas posibilidades de encontrar vida inteligente extraterrestre? – https://theconversation.com/cuales-son-las-verdaderas-posibilidades-de-encontrar-vida-inteligente-extraterrestre-277276