Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mariana Ramos Algarra, Asesora de procesos académicos de la Especialización en Derechos Humanos, Derecho Internacional Humanitario y Justicia Transicional y Profesora de la Facultad de Estudios Jurídicos, Políticos e Internacionales, Universidad de La Sabana, Universidad de La Sabana
Las elecciones legislativas del 8 de marzo de 2026 dejaron un mensaje político claro: el sistema de partidos colombiano continúa profundamente dividido. Ningún proyecto político logró consolidar una mayoría que le permita gobernar sin alianzas. El nuevo Congreso, que entrará en funciones el próximo 20 de julio, estará caracterizado por su fragmentación.
La jornada electoral, que coincidió con consultas presidenciales de tres coaliciones, no solo redefinió la composición del Congreso para el periodo del 2026-2030, sino que también ofreció señales tempranas sobre el tipo de competencia política que marcará la carrera hacia la presidencia.
Más que una simple redistribución de curules (escaños), los resultados revelan un Congreso plural, un recambio parcial de liderazgos legislativos y una competencia presidencial que comienza a estructurarse alrededor de cuatro bloques políticos relevantes.
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En primer lugar, el bloque progresista cercano al Gobierno y primera fuerza política en el recién electo Congreso. Está representado por el Pacto Histórico, cuyo candidato presidencial, Iván Cepeda, aparece liderando las encuestas.
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En segundo lugar, el sector de derecha representado por Abelardo de la Espriella, quien no participó en las consultas presidenciales, pero cuya lista al Senado obtuvo cuatro curules.
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En tercer lugar, la coalición de derecha y centroderecha, fortalecida en las consultas presidenciales tras la victoria de Paloma Valencia y con una presencia significativa en el Congreso. Esta convergencia partidista está encabezada por el Centro Democrático, partido liderado por el expresidente Álvaro Uribe.
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En cuarto lugar, un espacio de centro que no salió fortalecido en las elecciones legislativas y que mostró menor capacidad de movilización en las consultas, pero que aún busca consolidarse como alternativa y podría resultar decisivo en la conformación de mayorías en el próximo Congreso.
Un Congreso plural y sin mayorías clara
Los resultados del Senado muestran que el partido oficialista Pacto Histórico se consolida como la mayor fuerza política con 25 escaños. Le sigue el partido de oposición Centro Democrático con 17. Detrás se encuentran partidos tradicionales como el Partido Liberal, con 13, el Partido Conservador, con 10, el Partido de la U, con 8, y Cambio Radical, con 7, además de otras fuerzas políticas minoritarias que completan el mapa legislativo.
Aunque el bloque progresista del Pacto Histórico emerge como la mayor bancada, está lejos de alcanzar las mayorías. En el Senado, requiere 52 curules para alcanzar la mayoría simple y controlar la agenda legislativa. El resultado confirma que ningún proyecto político podrá gobernar sin negociar con otras fuerzas.
El panorama en la Cámara de Representantes refuerza esta tendencia. De un total de 161 representantes, el Pacto Histórico consolida 37 escaños, once más que en las elecciones legislativas del 2022. El Centro Democrático alcanzó 28 curules, doce adicionales a las elecciones pasadas. El Partido Liberal logró otros 28, perdiendo cinco escaños con respecto al periodo anterior, y el Partido Liberal obtuvo 19, ocho menos.
La dispersión de fuerzas en ambas Cámaras muestra que el próximo presidente necesitará construir acuerdos amplios para aprobar reformas, incluso si cuenta con una bancada significativa. Ninguna de las dos fuerzas políticas dominantes –Pacto Histórico y Centro Democrático– logra acercarse a una mayoría legislativa, lo que implicará para el próximo Gobierno negociar con partidos tradicionales y bancadas intermedias que conservan un papel decisivo en la formación de coaliciones.
Este escenario no es completamente nuevo en la política colombiana. Desde la apertura multipartidista de las últimas décadas, los presidentes han gobernado a través de coaliciones legislativas. Sin embargo, la actual fragmentación refuerza la importancia que han tomado los partidos medianos y el peso de los acuerdos políticos posteriores a la elección presidencial.
Recambio político parcial en el Congreso
Más allá de la distribución de curules, estas elecciones también dejaron un fenómeno llamativo: varias figuras con trayectoria, relevancia y peso político no lograron regresar al Congreso.
Entre quienes quedaron fuera se encuentran líderes con amplia visibilidad y peso en sus regiones, como Jorge Enrique Robledo, catalogado como mejor senador en las encuestas. Tampoco estarán presentes los liberales Richard Aguilar, Alejandro Chacón, Jaime Durán, Horacio José Serpa, Juan Carlos Lozada ni los verdes Angélica Lozano, Inti Asprilla y Katherine Miranda. Tampoco tendrán espacio parlmentario los conservadores Antonio Zabaraín, Germán Blanco, Juan Diego Gómez y Soledad Tamayo, ni los congresistas del Partido de la U José Alfredo Gnecco y Juan Felipe Lemos y el senador de Cambio Radical Carlos Fernando Motoa, entre otros.
La salida de algunos de estos dirigentes refleja un recambio político parcial dentro del legislativo. No se trata, sin embargo, de una renovación completa: muchas de las estructuras partidistas tradicionales continúan presentes e incluso lograron la reelección de congresistas investigados. Al mismo tiempo, varias figuras con alto perfil en la opinión pública, pero con menor respaldo de estructuras electorales o maquinarias partidistas, tampoco consiguieron mantener su escaño. Lo que se observa es, más bien, una recomposición de liderazgos y redes electorales dentro del Congreso.
En varios casos, estas derrotas también sugieren cambios en las dinámicas electorales, donde nuevas figuras comienzan a disputar espacios que estuvieron dominados por liderazgos consolidados.
Las consultas presidenciales ordenan la competencia
La jornada electoral incluyó así mismo las consultas presidenciales de tres coaliciones políticas, un mecanismo mediante el cual diferentes coaliciones seleccionan un candidato único para competir en la elección presidencial.
En la consulta de la derecha y centro derecha se impuso la senadora Paloma Valencia con más de 3,23 millones de votos. Un poderoso respaldo para la candidata más votada de la jornada, que consolida su posición dentro de ese bloque político.
Otro de los resultados más llamativos fue el del economista Juan Daniel Oviedo, quien pertenecía también a la consulta de la derecha y se convirtió en el segundo candidato más votado entre todas las consultas, obteniendo cerca del 18 % del total de los votos emitidos.
La consulta del centro fue finalmente ganada por Claudia López, aunque con niveles de participación relativamente bajos, obteniendo apenas 573 000 votos. Algo similar ocurrió con la consulta del bloque progresista, donde el vencedor Roy Barreras obtuvo una votación de poco más de 256 000 votos.
La disparidad en los niveles de participación entre consultas ofrece pistas sobre la capacidad de movilización de cada bloque político y abren paso a una nueva tercera opción viable. Según estos análisis, la disputa estaría entre los candidatos que lideran las encuestas: Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella.
Un sistema político en reacomodo
Las elecciones del 8 de marzo no produjeron un giro abrupto en la política colombiana, pero sí evidencian un sistema en proceso de reacomodo. El Congreso sigue evidenciando un desgaste de los partidos tradicionales y una profunda fragmentación política, mientras que las consultas presidenciales terminaron de definir el tarjetón del próximo 31 de mayo.
Los resultados no solo anticipan la competencia presidencial que se desarrollará en los próximos meses. También delinean las condiciones bajo las cuales ejercerá el poder una vez termine la contienda electoral. El presidente que llegue a la Casa de Nariño enfrentará un Congreso plural, donde ninguna fuerza domina el escenario y donde su capacidad de impulsar su agenda legislativa, en buena medida, dependerá de su capacidad para articular mayorías legislativas duraderas.
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Mariana Ramos Algarra no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. Colombia tendrá un Congreso fragmentado y su próximo presidente dependerá de alianzas – https://theconversation.com/colombia-tendra-un-congreso-fragmentado-y-su-proximo-presidente-dependera-de-alianzas-277926
