Cómo lograr que niños y niñas se muevan mejor en la escuela: más allá del juego libre en infantil

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Vladimir Martínez-Bello, Profesor Titular de Didáctica de la Expresión Corporal, Universitat de València

¿Para qué van los niños y niñas de 3 a 6 años a la escuela? ¿Van a descubrir su cuerpo y sus posibilidades de acción? Probablemente a ninguno se nos ocurriría responder esto, pero así consta en el currículo de Educación Infantil español.

Esta etapa establece las bases de la actividad física como parte de una vida saludable, especialmente si el entorno fortalece su autoestima y les permite experimentar la satisfacción del logro. Los beneficios de la actividad física van más allá de lo meramente motor: influye positivamente en el desarrollo cognitivo, en la gestión emocional y en la adquisición de hábitos que configurarán su salud futura.

Más allá del juego libre

Tanto el juego libre como la actividad física estructurada benefician el desarrollo infantil, pero el primero, aunque esencial, no garantiza por sí solo la adquisición de competencias fundamentales en el desarrollo integral.

Las evidencias confirman que, complementando el juego libre, las experiencias estructuradas tienen un impacto más significativo en el desarrollo integral. De hecho, cuando se implementan propuestas estructuradas y participativas, los niños y niñas aumentan su actividad física, reducen conductas sedentarias y exploran nuevas posibilidades motrices.

Diseñar situaciones idóneas

¿Cómo podemos diseñar e implementar estas actividades de manera adecuada a cada edad y con un alto componente participativo? Se trata de fomentar con ellas no solo el reconocimiento del propio cuerpo, la superación de dificultades y la autoestima, sino también de aprender a resolver problemas. En definitiva, de darles las herramientas para sentirse capaces y felices.

La actividad física estructurada en las aulas de educación infantil suele trabajarse con actividades de psicomotricidad, educación física o motricidad. Con cualquiera de estos enfoques, lo que importa es que el profesorado diseñe experiencias en las que el movimiento tenga un sentido. No como un medio para otro fin, sino como un fin en sí mismo. Que sea un espacio de descubrimiento, social y participativo, que nazca también de los intereses de los propios niños y niñas. Así, les estaremos dando la oportunidad de conectar con ellos mismos, de mirarse por dentro.




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En este camino, el profesorado se convierte en un actor clave, un apoyo que ejerce un rol activo (acompaña, juega, anima, demuestra, promueve, instruye, disfruta) durante las oportunidades estructuradas y que ofrece seguridad y confianza para que el niño y la niña vivan el movimiento desde dentro y, a través de él, aprendan a conocerse.

Un desarrollo armónico

Podemos señalar tres claves de este enfoque: recuperar el valor intrínseco del movimiento –como fin en sí mismo y fuente de placer–, educar en el respeto a la diversidad desde la corporalidad y diseñar entornos seguros que aprovechen recursos como el juego simbólico.

A partir de los planteamientos de la psicomotricidad relacional o vivenciada, el objetivo es establecer espacios y rituales en los cuales los niños y niñas entren en una interacción con los objetos y con los otros a partir de sus intereses y que puedan dejar huella de su práctica motriz a través de la expresión plástica.

Acompañar mejor al profesorado

¿Estamos acompañando adecuadamente al profesorado en ejercicio y en formación para este rol? Aunque la actividad física se revela como un pilar indiscutible del desarrollo infantil, el profesorado reconoce sentirse poco preparado para incorporarla de manera efectiva en su práctica diaria. Esta brecha formativa –tal y como lo señalan diversos estudios– limita seriamente la calidad y frecuencia de las experiencias motrices que ofrecemos a los niños y niñas más pequeños.

Existen espacios de conocimiento compartido que permiten diseñar experiencias de movimiento que realmente impacten el desarrollo integral: la realización de proyectos conjuntos de investigación educativa (por ejemplo, la naturalización de patios escolares y los patios coeducativos) entre los centros escolares y las facultades de formación de profesorado; la puesta en marcha de proyectos de aprendizaje-servicio que respondan a las necesidades de la infancia y de los centros escolares; el establecimiento de propuestas interdisciplinarias que convoquen a diversidad de agentes (centros escolares, universidades, administración pública, tercer sector, etc.). En definitiva, fomentar la vinculación del profesorado de los centros en proyectos de investigación e innnovación no como simples reproductores, sino como verdaderos creadores; y el establecimiento de redes de profesorado universitario para mejorar la formación de los docentes.




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Podremos así formar un profesorado activo, capaz de crear entornos motores diversos y estimulantes que acojan cada individualidad desde un enfoque basado en los derechos de la infancia.

The Conversation

Vladimir Martínez Bello recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación, proyecto financiado PID2022-141095NB-100 y de la Generalitat Valenciana, proyecto CIAICO/2023/091.

ref. Cómo lograr que niños y niñas se muevan mejor en la escuela: más allá del juego libre en infantil – https://theconversation.com/como-lograr-que-ninos-y-ninas-se-muevan-mejor-en-la-escuela-mas-alla-del-juego-libre-en-infantil-268545