Source: The Conversation – (in Spanish) – By Josefina Bueno Alonso, Catedrática de Filología Francesa de la Universidad de Alicante. Especialidad Literaturas y culturas francófonas, Universidad de Alicante

“No se puede hablar de un feminismo universal; no se puede disociar la lucha feminista de la lucha social”.

Virus editorial
¿Es lo mismo ser una mujer blanca, racializada (es decir, que sufre una racialización por su color de piel o su religión) o inmigrante? Para reflexionar sobre el tema, nos adentramos en la novela autobiográfica Tal como existimos de la escritora francesa de origen marroquí Kaoutar Harchi.
Nacida en una familia inmigrada, su escritura está fuertemente marcada por el origen obrero de sus padres y el hecho de ser una mujer musulmana. El libro cuenta sus años de formación, desde la infancia hasta la universidad, y el desarrollo intelectual que forja su conciencia social.
El éxito escolar le permite entrar en la universidad para iniciar sus estudios de sociología. Gracias a eso conoce la teoría de la reproducción, de los sociólogos franceses Pierre Bourdieu y Jean-Claude Passeron. Esta explica lo difícil que resulta en realidad el ascenso social porque las desigualdades se siguen transmitiendo de generación en generación a través del sistema educativo y las normas sociales.
La literatura permite que el receptor vea algo de un modo distinto a como lo hacen un documental o el trabajo de un sociólogo. Por ello, este texto va más allá de la singularidad biográfica para poner de manifiesto un “nosotros” que refleja el colectivo al que pertenece –la inmigración magrebí– y sus condiciones de vida.
Migraciones y feminismo
La emigración/inmigración es, como señala el sociólogo Abdelmalek Sayad, un proceso político y social que define a sus individuos por una doble pertenencia que genera a su vez una doble ausencia: no son plenamente reconocidos ni en la sociedad de origen ni en la de destino. La escritura de Harchi se propone así reinsertarlos en la historia, dándoles una vida y un lugar que no tuvieron.
La autora dedica la novela a los padres y madres de la inmigración con el fin de desmontar el mito que los convierte en padres que descuidan a sus hijos e hijas. En su caso, la madre decide llevarla a un colegio católico para sacarla del barrio, convirtiendo el lugar en el gran triunfo de sus padres y, también, en su gran desgracia. La escuela reproduce todas las desigualdades y allí es donde toma conciencia del machismo y el racismo, al ser la única niña musulmana de la clase.
El relato dedica especial atención a su madre y a todas las madres inmigradas, esas que no siempre pueden atender a sus hijos porque están obligadas a cuidar a los hijos de otras. Es una consecuencia del capitalismo racial, un término que la politóloga francesa Françoise Vergès define como “la posibilidad de extraer valor de la explotación de otro que ha sido racializado y que da valor económico al “blanco” en la economía capitalista”. Vergès señala que las luchas feministas no pueden ser universales, ya que deben abordarse teniendo en cuenta las peculiaridades históricas y culturales de las mujeres que proceden de antiguas colonias o de las diásporas.
Harchi también muestra la dominación que sufren las chicas por su origen humilde y su religión musulmana, porque los datos demuestran que las mujeres no viven de la misma forma su condición según la clase social a la que pertenezcan o si son racializadas o no.
Intersección de opresiones
Junto al enfoque sociológico, el texto muestra las identidades complejas, aquellas que concentran en una misma persona varias opresiones. Para comprender este tema, resulta útil el concepto de interseccionalidad, acuñado por la jurista afroamericana Kimberlé Crenshaw.
Crenshaw utilizaba el ejemplo de las trabajadoras negras de la General Motors, quienes sufrían una doble exclusión: sexismo por ser mujeres (y no poder acceder a ciertos puestos) y racismo por ser negras (y no poder siquiera ocupar los mismos empleos que las mujeres blancas).
La interseccionalidad cuestiona el modelo de “La Mujer” universal, y ayuda a comprender las experiencias de las mujeres pobres y racializadas y por extensión, cualquier otra experiencia de dominación producto de la intersección entre el sexo/género, la clase, la raza o la discapacidad. Nos permiten entender la diversidad social y ser más inclusivas.
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No es uno u otro, sino uno más otro
No se trata de una competición entre discriminaciones, sino de entender cómo las opresiones se entrelazan. En el caso de las mujeres de origen o cultura musulmana en Francia –y por extensión en Europa–, no se trata de demostrar que son mujeres por un lado y musulmanas por otro sino mujeres musulmanas de forma permanente. Por ello, es entendible que, en lo que afecta al velo, tal y como señala la socióloga Rose Marie Lagrave:
“Según se viva en un país teocrático como Irán, o en países cuyas constituciones separan la Iglesia del Estado, quitarse el velo es, en el primer caso, un acto de subversión, mientras que, en el segundo, puede ser una reapropiación del estigma que discrimina a las mujeres con velo; en ambos casos, son gestos políticos de autoafirmación”.

agsaz/Shutterstock
El texto de Kaoutar Harchi, en la frontera de lo literario y lo sociológico, permite dar a conocer discusiones actuales en torno a la inmigración, el racismo o la meritocracia. Introduce un debate dentro del feminismo y apunta que se debe prestar atención a la discriminación que sufren muchas mujeres árabes o musulmanas que viven en Europa y que exigen ser reconocidas como ciudadanas. A la vez, el libro cuestiona la idea eurocéntrica de modernidad e igualdad.
Analizar cómo se entrelazan los diferentes tipos de opresión y la crítica al “feminismo blanco” es el punto de encuentro entre el enfoque interseccional y el feminismo decolonial. Aunque esta perspectiva de estudio ha llegado de manera tardía a España y Francia, es necesario tenerla en cuenta para, por ejemplo, estudiar temas como la brecha salarial no solo entre mujeres y hombres, sino también entre blancas y no blancas. La precariedad de las mujeres racializadas y migrantes no se debe sólo al patriarcado sino a una estructura que las convierte en vulnerables.
Ya lo dijo la filósofa feminista estadounidense Angela Davis:
“No se puede luchar por la igualdad de las mujeres sin reconocer que las mujeres, oprimidas como tales, también lo están por sus orígenes raciales y sociales”.
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Josefina Bueno Alonso no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. El feminismo no baila solo, sus demandas necesitan tener en cuenta el contexto social de las mujeres – https://theconversation.com/el-feminismo-no-baila-solo-sus-demandas-necesitan-tener-en-cuenta-el-contexto-social-de-las-mujeres-277267
