Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carmen Sarah Einsle, Profesora ayudante doctora de Organización de Empresas, Universidad de Alicante

Los Juegos Olímpicos y Paralímpicos son hoy el mayor escaparate del deporte internacional. Simbolizan la diversidad y del avance hacia competiciones igualitarias e inclusivas. En París 2024, por primera vez, los Juegos Olímpicos alcanzaron la paridad numérica entre atletas. Sin embargo, este tipo de igualdad no siempre se traduce en una representación equivalente, especialmente en la cobertura mediática del deporte femenino.
La verdadera equidad no se agota en el equilibrio de las cuotas. Requiere transformar una estructura deportiva diseñada históricamente por y para hombres, garantizando que las atletas cuenten con las mismas condiciones de profesionalización y visibilidad que sus compañeros.
En el ámbito paralímpico, el desafío es aún más complejo. Persisten brechas de género pronunciadas. Ciertos colectivos, como los deportistas con discapacidad intelectual, siguen teniendo un acceso muy limitado o inexistente a la competición de élite, especialmente en los Juegos de Invierno, que se celebran entre el 6 y el 15 de marzo.
Igualdad de género: avances que no llegan a todos los deportes
Como apuntábamos antes, la paridad alcanzada en París 2024 marcó un hito en el deporte olímpico. No obstante, al observar los Juegos Paralímpicos de Milán-Cortina 2026, la situación cambia. Las cuotas oficiales del Comité Paralímpico Internacional establecen 665 plazas: 323 para hombres, 176 para mujeres y 166 de sexo indistinto.
Aunque las categorías mixtas buscan ampliar la participación, la presencia femenina sigue siendo claramente inferior. Además, dichas pruebas mixtas a menudo reproducen dinámicas que terminan marginando a las mujeres o desincentivando su presencia.
El movimiento paralímpico también ha sido analizado desde perspectivas académicas que cuestionan la idea de que la paridad esté ya conseguida. Investigaciones recientes señalan que, aunque la participación femenina ha crecido, las desigualdades estructurales persisten, afectando no solo a la competición, sino también a las oportunidades de patrocinio y a los roles de liderazgo.
La exclusión menos visible
Existe otra brecha crítica y menos conocida: la de los deportistas con discapacidad intelectual. Su inclusión en el programa paralímpico se ve muy limitado. Tras su salida del programa oficial después de Sídney 2000 por cambios en los sistemas de clasificación, su regreso a partir de Londres 2012 ha sido, en el mejor de los casos, parcial.
En París 2024, solo 151 deportistas con discapacidad intelectual compitieron, apenas un 3 % del total de los atletas paralímpicos. Su presencia se limitó a tres deportes (atletismo, natación y tenis de mesa) de las 22 disciplinas existentes. La situación en invierno es aún más drástica: no pueden participar en unos Juegos de Invierno desde Nagano 1998.
Diversas organizaciones como Virtus ya reclaman su reincorporación para Francia 2030. Argumentan que la ausencia prolongada de este colectivo no refleja la diversidad real de las personas con discapacidad ni los principios inclusivos del movimiento paralímpico.
Participar no es lo mismo que estar incluido
El crecimiento de este movimiento es incuestionable en cifras y profesionalización. Sin embargo, el aumento del número total de participantes no garantiza la equidad.
La igualdad real exige analizar quién accede a programas de formación, quién dispone de recursos para competir y qué tipos de discapacidad encuentran espacio dentro del sistema competitivo. Si algunos grupos siguen quedando fuera o cuentan con menos opciones de participación, la inclusión continúa siendo parcial.
Una oportunidad para avanzar
Los datos de Milán-Cortina 2026 no deben verse como un fracaso, sino como una oportunidad para identificar los retos pendientes. El debate sobre la reincorporación de atletas con discapacidad intelectual para 2030 muestra que el sistema empieza a cuestionar sus propias exclusiones.
El auge del deporte paralímpico ofrece un buen momento para corregir desequilibrios históricos. No basta con aumentar el número de atletas: es necesario rediseñar las competiciones para que reflejen la diversidad real. Esto implica revisar tanto el diseño de las pruebas como el reparto de oportunidades, especialmente en disciplinas donde la presencia femenina es aún escasa.
Los Juegos Paralímpicos han transformado la percepción social del deporte adaptado, abriendo oportunidades impensables hace solo unas décadas. Sin embargo, los datos muestran que el progreso no ha beneficiado a todos por igual. Para que el movimiento sea plenamente inclusivo debe abordar dos frentes prioritarios: la igualdad de género efectiva y la representatividad total.
Esto requiere mejorar los programas de apoyo, potenciar la representación mediática y eliminar las barreras que aún dificultan las carreras deportivas de muchas mujeres. Además, se necesita incluir a los deportistas con discapacidad intelectual. Su actual ausencia desdibuja los principios de equidad del movimiento.
En definitiva, si el movimiento paralímpico aspira a representar a todo el colectivo, su próximo gran paso no debe ser solo crecer en tamaño, sino en justicia y equilibrio. Solo así pasaremos de una integración numérica a una inclusión auténtica.
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Carmen Sarah Einsle no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. Arrancan los Juegos Paralímpicos de Invierno con menos mujeres y sin discapacidad intelectual representada – https://theconversation.com/arrancan-los-juegos-paralimpicos-de-invierno-con-menos-mujeres-y-sin-discapacidad-intelectual-representada-275739
