La selección: guardar lluvia para cuando falte

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lucía Caballero, Coordinadora internacional / Editora de Medio Ambiente y Energía, The Conversation

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El pasado mes de enero y parte de febrero han sido especialmente grises en España. Durante semanas, se sucedieron días nublados y abundantes lluvias en un país donde, en general, aunque depende de la región y la época del año, no es habitual que el sol se ausente durante demasiado tiempo.

Y con tanto chaparrón llegaron también sus consecuencias: crecidas de ríos, inundaciones, daños en edificios e infraestructuras y en el campo… Un panorama que contrasta con el que suele predominar en los meses más secos, cuando el problema es el contrario: la escasez de agua.

Lo más lógico parece, entonces, aprovechar y guardar un poco de este preciado recurso para cuando nos falte. Y podemos hacerlo mediante soluciones que van más allá de los embalses, como nos explicó Javier Lillo Ramos, de la Universidad Rey Juan Carlos. Por ejemplo, en zonas urbanas, funcionan bien los humedales artificiales y los tanques de tormenta. En el campo, la restauración de cuencas y la renaturalización de riberas reduce la escorrentía y aumenta la recarga de los acuíferos.

Lluvias más intensas debido al cambio climático

Desde principios de año, se han sucedido más de una decena de borrascas. Una de las causas de que los episodios de lluvias sean cada vez más frecuentes e intensos podría ser el cambio climático y la expansión hacia el sur del vórtice polar, fuertes vientos que transportan aire frío en capas altas de la atmósfera.

Una región especialmente afectada por cambios en los regímenes de lluvias es el litoral mediterráneo, que ya sufrió el golpe de una fuerte dana en 2024. Las precipitaciones intensas a final de verano y principios del otoño son habituales en esta zona, pero se están haciendo más acusadas. Una forma de evitar daños importantes es rediseñar el territorio, ya que la construcción en zonas inundables o la modificación de los cauces de los ríos empeoran las consecuencias de estos fenómenos.

Por su parte, los embalses son esenciales para almacenar el agua, pero también causan impactos sociales y ambientales. Convierten los ríos en ecosistemas artificiales con escaso valor de conservación, atractivos para especies exóticas invasoras. Además, algunas presas han superado su vida útil o están colmatadas por los sedimentos, y parte del líquido que acumulan se pierde por evaporación.

Almacenes de agua subterráneos

La realidad es que son los acuíferos, y no las presas, los que almacenan la mayor parte del agua dulce del planeta. A pesar de ello, no los cuidamos: en épocas de sequía extraemos más de lo que se recarga naturalmente, los contaminamos y no los consideramos en la planificación hidrológica, como advertían Sergio Martos-Rosillo (IGME CSIC), Helena Gómez y Margarita García Vila (IAS – CSIC). Prueba de ello es el Parque Nacional de Doñana, en Andalucía, cuyo humedal se encuentra en grave peligro debido a la sobreexplotación de su acuífero causada, principalmente, por el turismo y la agricultura de regadío.

Qué duda cabe que necesitamos producir alimentos, pero de manera sostenible. Los propios agricultores pueden, de hecho, contribuir a llenar los acuíferos inundando de manera controlada campos en barbecho o ciertos cultivos tolerantes en épocas húmedas, permitiendo que se infiltre el agua, una técnica que ya usaban nuestros antepasados en zonas como Sierra Nevada.

Todo parece indicar que en el futuro tendremos que vivir con menos agua: la región mediterránea sufrirá intensas sequías debido al cambio climático, pero seguirá lloviendo. Solo queda reducir su uso y apostar por nuevas fuentes, como la desalinización, pero también valorar y cuidar las aguas subterráneas para que podamos recurrir a ellas cuando nos falten recursos.

The Conversation

ref. La selección: guardar lluvia para cuando falte – https://theconversation.com/la-seleccion-guardar-lluvia-para-cuando-falte-276450