Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Fernández-Mellizo, Profesora de Sociología, Facultad de Educación, Universidad Complutense de Madrid, Universidad Complutense de Madrid

Carlos y Ana se han criado en familias vulnerables, en las que ninguno de sus progenitores ha concluido la educación obligatoria. Los dos jóvenes han encontrado dificultades en el sistema educativo. Sin embargo, mientras Ana ha logrado obtener un título de formación profesional de grado medio y trabaja como auxiliar de enfermería con contrato indefinido en un hospital, Carlos no ha logrado superar la educación secundaria obligatoria, tiene muchas dificultades para encontrar un trabajo y, cuando lo hace, es de carácter temporal.
Los jóvenes en contextos vulnerables son quienes presentan una mayor probabilidad de abandonar el sistema educativo antes de obtener una cualificación que les asegure una situación laboral adecuada. Al mismo tiempo, debido a su fragilidad desde el punto de vista del origen socioeconómico, la educación es precisamente para ellos una herramienta de protección y equidad. A medida que aumentan de cualificación, mejoran notablemente sus condiciones laborales y se difuminan las diferencias entre jóvenes vulnerables y no vulnerables.
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¿Cómo podemos entonces, desde los centros escolares, mejorar sus probabilidades de terminar la enseñanza obligatoria o incluso avanzar hacia ciclos formativos de grado medio de formación profesional que les permitan acceder al mercado de trabajo con ciertas garantías?
Abandonar los estudios sin la ESO
En España, el título de ESO (Educación Secundaria Obligatoria) permite continuar una ruta académica que posibilita llegar hasta la universidad. Abandonar la ESO antes de terminar hace más difícil volver al sistema educativo y dificulta enormemente la inserción laboral. Muchos chicos y chicas que no la terminan enlazan trabajos precarios y mal remunerados (como, por ejemplo, mozo de almacén o personal de limpieza). En caso de regresar al sistema educativo, estos jóvenes lo hacen principalmente a través de la formación profesional básica.
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La formación profesional en España se organiza en tres niveles:
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Los Ciclos Formativos de Grado Básico (CFGB) son para aquellos que no tienen el título de ESO y puede dar acceso a trabajos como, por ejemplo, auxiliar administrativo.
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Los Ciclos Formativos de Grado Medio (CFGM) requieren tener el título de ESO o hacer una prueba de específica de acceso, y permite trabajar, entre otras ocupaciones, como técnico en gestión administrativa.
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Los Ciclos Formativos de Grado Superior (CFGS) requieren tener el título de Bachillerato, un CFGM o hacer una prueba específica de acceso, y cualifica para puestos entre los que está el de técnico superior en administración y finanzas.
La FP básica, poco efectiva
Los Ciclos Formativos de Grado Básico atraen a jóvenes que, tras haber abandonado la ESO, vuelven a reincorporarse al sistema educativo. Sin embargo, aunque son muchos los que se matriculan en la FP básica, pocos consiguen este título profesional y menos continúan hacia el ciclo medio de FP; por tanto, su efectividad para conseguir que estos jóvenes logren una adecuada inserción laboral queda en entredicho.
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Las posibilidades de emancipación de estos jóvenes disminuyen considerablemente. Sus primeras experiencias laborales son muy precarias, puesto que, con dificultad, consiguen trabajos temporales con un alto nivel de rotación y mal remunerados.
Se ha comprobado que acceder al mercado laboral mediante empleos precarios genera “cicatrices” profundas que condicionan negativamente la trayectoria laboral de los jóvenes, especialmente en el caso de quienes que han abandonado la ESO y que proceden de ámbitos socioeconómicos vulnerables.
Esto afecta negativamente a su proceso de consolidación como ciudadanos adultos y no les permite tomar decisiones vitales importantes, como puede ser formar una familia. En el caso de faltarles una red de apoyo familiar o si tienen dependientes a su cargo, la probabilidad de caer en una situación de pobreza se eleva.
FP media y superior, verdaderas vías de equidad
El éxito en las trayectorias laborales aumenta considerablemente si los jóvenes se han titulado en formación profesional media o superior. En estos casos se incrementa la probabilidad de estar ocupado, de tener un contrato indefinido y de recibir un salario por encima de los 1 000 euros (en 2019). El porcentaje de jóvenes vulnerables con contrato indefinido en su empleo actual y con un salario superior a los 1 000 euros es 40 puntos (porcentuales) superior al de aquellos que abandonaron la ESO sin lograr titularse.
Además, cuando los jóvenes tienen un título de Formación Profesional de Grado Superior, las diferencias laborales entre los jóvenes vulnerables y no vulnerables prácticamente desaparecen. Por ejemplo, en ambos colectivos, la proporción de contratos indefinidos ronda el 64 %, y la de temporales, el 26 %. La educación estaría, por tanto, actuando como un “escudo protector” ante la precariedad laboral.
¿Cómo lograr reducir el abandono escolar temprano entre los jóvenes que pertenecen a grupos socioeconómicamente vulnerables, y ayudarlos a conseguir un título de FP medio o superior?
Detección precoz y reorientación curricular
Detectar cuanto antes en sus trayectorias académicas
posibles dificultades educativas de los alumnos y ofrecer un refuerzo a quienes lo necesitan es una vía obvia y eficaz para reducir el abandono. En la educación secundaria se pueden impulsar medidas de reorientación curricular que apliquen un enfoque más basado en competencias que en conocimientos, como saber llevar las cuentas de un negocio más que saber hacer cálculos matemáticos complejos.
En general, mejorar y reforzar los servicios de orientación y seguimiento académico de los centros educativos, especialmente en aquéllos localizados en barrios de bajo nivel socioeconómico, para que los jóvenes conozcan todas las posibilidades educativas existentes dentro de los diferentes ciclos de formación profesional y sus ventajas laborales.
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También habría que replantear los ciclos básicos y tratar de que, mediante ellos, los estudiantes sigan estudiando hasta lograr una titulación educativa adecuada para la inserción laboral; por ejemplo, como auxiliar administrativo.
Apoyo económico y orientación laboral
De la misma forma, habría que potenciar las becas a los jóvenes de bajo nivel socioeconómico en los diferentes niveles de FP, tanto para aquellos estudiantes que siguen una trayectoria ininterrumpida como para aquéllos que regresan al sistema educativo tras haberlo abandonado previamente. En la medida de lo posible, debería ampliarse su número y cuantía, para llegar a más estudiantes y que el dinero que reciben contribuya a la economía de su hogar.
Por último, fuera ya del ámbito de la política educativa, se deberían fomentar los servicios orientación laboral a los jóvenes en su acceso al mercado de trabajo, con el fin de facilitarles las herramientas, estrategias y contactos necesarios para conseguir un empleo de calidad.
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María Fernández-Mellizo recibe fondos de Ayuda en Acción.
Marta Rahona López recibe fondos de Ayuda en Acción.
– ref. Cómo lograr que los jóvenes que más lo necesitan terminen la secundaria obligatoria – https://theconversation.com/como-lograr-que-los-jovenes-que-mas-lo-necesitan-terminen-la-secundaria-obligatoria-255250
