‘Paleodictyon’: el misterioso organismo que dibuja patrones en el mar profundo desde hace millones de años

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alberto González Casarrubios, Doctorando en Zoología, Universidad Complutense de Madrid

Fósil de _Paleodictyon_, probablyemente _P. imperfectum_, hallado en roca sedimentaria en Punta de San García, Campo de Gibraltar, Algeciras. Wikimedia Commons., CC BY

La vida en la Tierra lleva evolucionando desde hace, al menos, 3 500 millones de años, la mayoría de los cuales ha sido en los océanos. Hasta ahora, una de las mejores herramientas para reconstruir quién vivió y cómo lo hizo han sido los fósiles: restos de organismos pretéritos que han quedado atrapados en rocas sedimentarias.

Sin embargo, los organismos biológicos no solo somos un cuerpo o una anatomía, sino también lo que hacemos con él. Los organismos construyen (y construimos) casas, nidos, trampas, galerías y dejamos huellas de nuestra actividad en el ambiente.

Cuando lo que se conserva en la roca no es el cuerpo del animal, sino el rastro fosilizado de su actividad, hablamos de icnofósiles o fósiles traza. La disciplina encargada de descifrarlos, la paleoicnología, intenta leer estos comportamientos congelados en el tiempo.

El catálogo de icnofósiles es inmenso. De muchos de ellos conocemos al “autor” con certeza, pero en otros casos, el organismo productor sigue siendo una incógnita. Y, entre esos misterios sin resolver, destaca uno por encima de todos.

Palaeodictyon hallado en el río Savio, Italia, perteneciente al mioceno.
Wikimedia Commons., CC BY

Patrones regulares en el mar profundo

Pocos fósiles traza son tan reconocibles como Paleodictyon. A simple vista, parece un panal de abejas fosilizado; una red perfecta de celdas hexagonales. Sin embargo, no se trata de una huella dejada en superficie por un organismo, sino de un sistema de túneles horizontales, regulares e interconectados entre sí, que en ocasiones conectan con la superficie mediante pequeños pozos verticales. Lo que se ve en superficie es únicamente un patrón de agujeros en el sedimento que esconde un sistema oculto mucho más complejo.

Su patrón es tan llamativo que el primer registro visual de este “organismo” se atribuye a Leonardo da Vinci. En sus observaciones sobre los fósiles de los Apeninos, Da Vinci dibujó una serie de patrones hexagonales que coinciden con las redes de Paleodictyon. Sin embargo, el reconocimiento oficial no llegó hasta más de 300 años después, en 1850, cuando el naturalista italiano Giuseppe Meneghini describió formalmente el género en depósitos de flysch –rocas de origen sedimentario–, en Italia.

Esquema de Da Vinci (izquierda) y fósil real (derecha) de Paleodyction.
Alberto González, modificado de Baucon (2010) y Rona et al. (2009).

Durante el siglo XIX, la confusión reinó sobre su naturaleza. A menudo, se clasificaban como “fucoides”, creyéndose restos de algas primitivas.

Sin embargo, a medida que se multiplicaban los hallazgos, surgió una sorpresa mayor que su propia identidad: su asombrosa estabilidad temporal. Paleodictyon aparece en el registro fósil desde principios del Cámbrico (hace más de 500 millones de años) hasta el Eoceno (hace unos 35 millones de años). A diferencia de otros fósiles que surgen y desaparecen, este patrón se mantuvo estable durante eones.

El hallazgo de un fósil viviente

El fósil ya era misterioso de por sí, pero la historia guardaba un giro inesperado. En 1976, el oceanógrafo estadounidense Peter Rona, de la Universidad de Rutgers 8Estados Unidos), se encontraba analizando imágenes del fondo oceánico en el rift de Galápagos y el Atlántico profundo cuando algo captó su atención: cientos de agujeros impresos en el sedimento, con un patrón hexagonal.

Al principio, Rona pensó que sus colegas le estaban gastando una broma, pero tras descartar el engaño, se puso en contacto con los mejores biólogos marinos del momento, consultándoles sobre las extrañas marcas. La respuesta fue unánime; ninguno había visto un patrón similar. En 1978, publicó sus desconcertantes resultados, bautizando las marcas como obra de “invertebrados de identidad desconocida”.

La identificación llegó poco después y no vino de la biología, sino de la paleontología. Adolf Seilacher, un renombrado paleontólogo alemán, vio las fotografías de Rona y reconoció de inmediato lo que tenía delante. Se puso en contacto con el oceanógrafo con un mensaje revelador: aquello que las fotos mostraban “vivo” a miles de metros de profundidad era idéntico a Paleodictyon nodosum, un fósil del Eoceno que él mismo había estudiado.

Esquema de varios tipos de grafoglíptidos, grupo de icnofósiles al que pertenece Paleodictyon.
Alberto González, modificado de Rona et al. (2009).

La conclusión era asombrosa: el organismo desconocido que dejó su rastro en los sedimentos hace 500 millones de años seguía vivo hoy en día, dejando su impronta en sedimentos abisales. El rastro estaba fresco; ahora solo faltaba atrapar al arquitecto.

En búsqueda del arquitecto desconocido

A pesar de la magnitud del descubrimiento, Seilacher y Rona se toparon con un muro habitual en la ciencia: la financiación. La investigación del océano profundo es compleja y costosa y, en aquella época, financiar una expedición para buscar al autor de un fósil traza parecía imposible.

La suerte cambió en 1985, cuando el propio Rona y colaboradores descubrieron fuentes hidrotermales en la dorsal mesoatlántica. Este hallazgo multiplicó el interés y la financiación, lo que permitió realizar hasta cuatro expediciones de 1990 a 2003, incluida la realización de un documental para IMAX (Volcanoes of the Deep Sea).

Aprovechando estas campañas, Rona y Seilacher consiguieron estudiar las misteriosas marcas, que yacían a pocas millas de las fuentes hidrotermales.

Los investigadores tomaron multitud de fotografías, recolectaron numerosos testigos de sedimento para analizar su química y microbiología e, incluso, realizaron reconstrucciones 3D de la red.

El sumergible Alvin en 1978, un año después de su primera exploración de fuentes hidrotermales. El rack que aparece en la proa alberga contenedores de muestras.
Johlman / Wikimedia Commons., CC BY

Cara a cara en submarino

El momento culminante llegó con un experimento in situ, gracias al famoso sumergible DSV Alvin, rociaron un suave chorro de agua sobre un ejemplar de Paleodictyon para “barrer” la capa superficial, con el objetivo de encontrar el organismo responsable escondido en el sedimento.

Al despejarse la nube de fango, apareció lo que Seilacher había predicho: bajo los simples agujeros se escondía una red hexagonal de túneles idéntica a los fósiles de hace millones de años.

Los autores publicaron un extenso artículo con todos sus resultados, en 2009. Sin embargo, la victoria fue incompleta. Ni la observación submarina, ni el análisis de la muestra en superficie, ni la secuenciación genética posterior lograron encontrar al organismo. Tenían la estructura conservada, pero el autor no estaba allí.

Fotografía de Paleodictyon actual y reconstrucción 3D.
Alberto González, modificado de Durden et al., 2020 y Rona et al., 2009.

Distribución actual

Actualmente, Paleodictyon se encuentra en el registro fósil en sedimentos marinos de todos los continentes. Es una herramienta fundamental para los paleontólogos para datar capas geológicas y reconstruir océanos antiguos. Aunque su origen evolutivo se remonta a aguas más someras en el Cámbrico, con el tiempo migró hacia el mar profundo, donde parece haberse asentado.

En cuanto al organismo “vivo”, su presencia actual no se queda atrás. Se ha documentado en los tres grandes océanos, siempre en profundidades abisales: desde la dorsal mesoatlántica hasta la inmensa zona de fractura Clarion-Clipperton en el océano Pacífico, pasando por las dorsales del Índico.

Está en todas partes y, sin embargo, parece no estar en ninguna de sus “madrigueras”.

Un enigma global: teorías sobre su origen

Aunque se han realizado numerosos estudios, desde análisis de imágenes hasta modelos teóricos, todavía nadie ha conseguido detectar al autor de estas marcas. A día de hoy, la comunidad científica baraja tres hipótesis principales:

• Madriguera de invertebrado: propuesta por Seilacher, sugiere que el rastro es una madriguera excavada por un crustáceo o un animal vermiforme, que la utilizaría para el “cultivo” y la recolección de alimento microbiano.

• Protozoo macroscópico: en el mar profundo, son comunes unos organismos unicelulares de un tamaño considerable llamados xenofióforos (Xenophyophorea). Algunos de ellos presentan formas tubulares y viven enterrados en el sedimento. Esta teoría propone que la red no es una excavación, sino la impresión del cuerpo de uno de estos organismos.

Esponja hexantinélida fotografiada durante la expedición MANGAN 26 (SO317).
Alberto González et al.

• Esponja de vidrio: las esponjas hexantinélidas son comunes en el mar profundo, y se han descubierto especies que poseen una arquitectura esquelética interna con patrones hexagonales. Esta teoría sugiere que Paleodictyon es el esqueleto de una esponja adaptada a la vida infaunal –organismos que viven entre las partículas del sedimento en el medio acuático–.

Misterio por resolver

Todas las teorías tienen puntos sólidos y debilidades. No se conocen animales que realicen madrigueras hexagonales regulares y nunca se ha visto ningún crustáceo o animal vermiforme habitando u ocupando estos tubos. Tampoco se han encontrado las espículas de sílice características de las esponjas, además de que no parece la mejor estrategia para un organismo filtrador vivir bajo el sedimento.

La propuesta más razonable parece ser un protista desconocido, quizás emparentado con los xenofióforos (organismos unicelulares gigantes), pero la ausencia total de filamentos de citoplasma en el interior de los tubos impide confirmarlo. En definitiva, todas las propuestas son mera especulación.

El autor de estas marcas permanece desconocido hoy en día. Y no estamos hablando de una rareza biológica confinada a un rincón perdido. El océano profundo es el ecosistema más grande de la Tierra: cubre aproximadamente el 60 % de la superficie del planeta y representa más del 90 % del espacio habitable.

No sabemos qué es Paleodictyon en sí mismo, pero sí sabemos lo que significa para nosotros: un recordatorio bello y simétrico de los muchos misterios que quedan sin resolver en el mar profundo.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ‘Paleodictyon’: el misterioso organismo que dibuja patrones en el mar profundo desde hace millones de años – https://theconversation.com/paleodictyon-el-misterioso-organismo-que-dibuja-patrones-en-el-mar-profundo-desde-hace-millones-de-anos-274866