El regreso del asesinato elegante: ¿por qué el ‘cozy crime’ nos seduce en la era del ‘true crime’?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alicia Nila Martínez Díaz, Profesor Acreditado Contratado Doctor Filología Hispánica, Universidad Villanueva

Imagen promocional de la serie _Solo asesinatos en el edificio_- The Walt Disney Company

Hubo un tiempo en que los crímenes se resolvían en el salón de una mansión inglesa o en un lujoso tren con destino a Oriente. Una conversación afilada, un detalle aparentemente inocente y la despierta inteligencia de un detective elegante bastaban para resolver el asesinato.

Hoy, el relato criminal aparece dominado por guantes de látex y sangre impúdica. El true crime coloniza pantallas y auriculares con su eterna promesa de verdad descarnada. Sin embargo, el denominado cozy crime (que en español significaría “misterio acogedor”) vive una inesperada y desconcertante resurrección.

Portada del libro El asesinato de Roger Ackroyd de Agatha Christie

Planeta de Libros

Cuando se cumplen cincuenta años de la muerte de Agatha Christie y cien de la publicación de su primera novela, El asesinato de Roger Ackroyd, el regreso de este subgénero invita a preguntarse ¿por qué volvemos a elegir el enigma frente al espectáculo?

Cuando el crimen llama a tu puerta

El cozy crime regresa para plantar una semilla de controlada inquietud en la domesticidad de sus lectores. Con él vuelven las historias situadas en espacios acotados: pueblos pequeños, comunidades de vecinos, entornos domésticos… Lugares reconocibles donde el crimen irrumpe como una anomalía que quiebra el equilibrio natural del mundo.

Ese desajuste exige ser comprendido y solucionado, aunque la violencia rara vez ocupe el primer plano. En lugar de vísceras y sangre, el cozy crime privilegia la sagacidad, el razonamiento astuto y la conversación mesurada. El detective –a menudo amateur– investiga dejándose guiar por su intuición y conocimiento del entorno más que por la criminalística.

El placer de estos relatos no reside en el impacto, sino en la resolución del enigma; un reto que el autor plantea a un lector activo, llamado a participar en una solución que restaure el ordo naturalis del relato.

No es casual que este modelo reaparezca hoy en novelas como El club del crimen de los jueves o La primera agencia de mujeres detectives y en las series Los asesinatos de Midsomer o Solo asesinatos en el edificio. Aquí el predominio del dato científico es sustituido por “el factor humano”, motor imprescindible para la comprensión del crimen.

Una nueva pedagogía del mal

Desde sus orígenes, la novela policíaca ha funcionado como un género de regulación social: pone en escena la transgresión, la nombra y la devuelve al lector convertida en relato comprensible.

Esa necesidad de encauzar el horror sin negarlo entronca con una vieja tradición estética formulada por el teatro neoclásico: el decoro. El cozy crime se inscribe con naturalidad en esa genealogía.

Imagen de la adaptación cinematográfica de la novela _El club del crimen de los jueves_.
Imagen de la adaptación cinematográfica de la novela El club del crimen de los jueves.
Netflix

No se trata de suavizar el mal, sino de someterlo a una forma. De ahí el patetismo contenido, bien alejado del sentimentalismo exacerbado que explota el dolor como impacto inmediato. Lo policíaco saja nuestra podredumbre moral y la pone sobre el tapete, pero lo hace regulando el horror y ofreciendo al mal un marco de sentido.

Como escribió Stendhal, la literatura es un espejo que se pasea a lo largo del camino. La novela policíaca –especialmente el cozy crime– ha sido siempre ese espejo incómodo que devuelve a la comunidad el reflejo de sus grietas e hipocresías al transformar el crimen en un retrato de la sociedad que lo produce.

Cuando el crimen se vestía de gala para cenar

Este revival del cozy crime se inserta con soltura dentro de una tradición literaria forjada en el tiempo. El policiaco es un género literario hecho a sí mismo –como otros también populares–, que afiló sus armas en el fragor de la batalla.

Edgar Allan Poe lo inauguraba poniendo a trabajar a la razón con monsieur Dupin; Arthur Conan Doyle le cedió método, pipa y capa con Sherlock Holmes y Chesterton introdujo la paradoja moral con el personaje del padre Brown, demostrando que para resolver asesinatos hacía falta conocer bien las entretelas de la condición humana.

Ilustración de un hombre mirando montaña abajo.
Sherlock Holmes en las cataratas de Reichenbach, por Frederick Dorr Steele, portada de Collier’s Weekly.
Wikimedia Commons

La novela policíaca iba paulatinamente aquilatando su maquinaria: menos puñetazo y más deducción, menos persecución y más conversación. Una tradición que convertiría el delito en un rompecabezas intelectual y al detective en una figura casi doméstica, invitado habitual en nuestras bibliotecas y pantallas.

Pero entonces apareció en la escena literaria miss Agatha Christie. Encarnación de los mundos de la imaginación que publicaba, Christie reformuló para siempre las consignas del género. Junto a ella, delinquir se transformó en una actividad casi glamurosa.

Los asesinatos ya no ocurrirían en callejones miserables, sino en mansiones exquisitas o lujosos hoteles. Gracias a su pluma, la novela policíaca se trasladó al territorio de la elegancia y la sofisticación. En sus novelas, el lector desea formar parte de ese “cluedo” refinado mientras sostiene una copa de jerez y escucha cómodamente quién se ha cargado al mayordomo.

Entre la grieta y el oro

El éxito del cozy crime tiene que ver con una pulsión lectora muy arraigada que los géneros populares han sabido manejar con astucia. La repetición y la promesa de un equilibrio restaurado activan lo que Umberto Eco llamó “estructuras de consolación”. Hoy, el cozy crime encarna con nitidez esa lógica de reparación moral.

Por eso, se parece al kintsugi –el arte japonés de recomponer con oro los objetos rotos–, porque no borra la grieta, la hace visible y significativa. El daño existe, pero la forma lo dignifica convirtiéndolo en relato. Quizá seguimos leyendo estas historias porque nos permiten mirar la fractura y aceptar que ese algo podría volver a encajar.

The Conversation

Alicia Nila Martínez Díaz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El regreso del asesinato elegante: ¿por qué el ‘cozy crime’ nos seduce en la era del ‘true crime’? – https://theconversation.com/el-regreso-del-asesinato-elegante-por-que-el-cozy-crime-nos-seduce-en-la-era-del-true-crime-274601