Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raúl Pérez Caballero, Profesor de Parasitología y Enfermedades Parasitarias, Universidad de León

La prueba de la toxoplasmosis es una de las muchas a las que se someten las mujeres durante su embarazo. Por lo tanto, puede convertirse en una fuente más de estrés durante unos meses ya de por sí difíciles. Para entender por qué genera tanta preocupación conviene empezar por lo básico. Saber qué es esta infección y cómo se adquiere ayuda a entender el riesgo real.
La toxoplasmosis está causada por Toxoplasma gondii, un parásito intracelular muy extendido en la naturaleza. Puede infectar a personas y animales. En la mayoría de los adultos sanos la infección pasa desapercibida o con síntomas leves similares a los de una gripe.
En las personas, la transmisión se produce sobre todo por vía alimentaria. El principal riesgo aparece al consumir carne cruda o poco cocinada que contenga el parásito, aunque también puede adquirirse al ingerir frutas y verduras contaminadas si no se lavan bien.
Otra vía posible es el contacto con tierra contaminada con heces de gato. Esto puede ocurrir si no se utilizan guantes durante tareas de jardinería o no se lavan las manos después. En estos casos, una higiene básica de manos reduce de forma clara el riesgo.
Aunque los gatos suelen asociarse a la toxoplasmosis, su papel se interpreta a menudo de forma incorrecta, ya que solo expulsan el parásito durante un periodo corto tras infectarse. Además, el contacto directo con ellos no es la principal vía de transmisión en humanos.
El embarazo cambia el riesgo, pero no es motivo de alarma
La presencia del parásito no supone el mismo riesgo para todas las personas. Durante el embarazo, el momento de la infección es un factor clave.
El mayor riesgo aparece cuando la mujer se infecta por primera vez durante la gestación. En ese caso, el parásito puede atravesar la placenta y llegar al feto. Esto es lo que se conoce como toxoplasmosis congénita.
La probabilidad de transmisión aumenta a medida que avanza el embarazo. Sin embargo, las consecuencias suelen ser más graves cuando la infección ocurre en los primeros meses. Estas consecuencias pueden incluir alteraciones neurológicas y visuales y, en casos poco frecuentes, un aborto.
Aun así, la mayoría de las infecciones maternas no provocan daños graves en el feto. El riesgo se reduce aún más cuando la infección se detecta de forma precoz y se realiza un seguimiento adecuado.
Por el contrario, las mujeres que han pasado la infección antes del embarazo suelen estar protegidas. Conocer el estado inmunitario ayuda a reducir la incertidumbre y a tomar decisiones con mayor tranquilidad.
Gatos, alimentos y otros mitos
Aunque estos aspectos están bien establecidos por la ciencia, la percepción social del riesgo no siempre coincide con la evidencia.
Uno de los mitos más extendidos es pensar que convivir con un gato supone un alto riesgo. Sin embargo, como ya hemos apuntado, la mayoría de las infecciones no se producen por el contacto directo con estos animales. El riesgo real está mucho más relacionado con la manipulación de alimentos, así como con el consumo de carne poco hecha o de verduras mal lavadas.
Otro error frecuente es creer que cualquier diagnóstico de toxoplasmosis durante el embarazo implica un peligro grave. En realidad, el riesgo depende del momento de la infección y de la inmunidad previa de la madre.
También persiste la idea de que la toxoplasmosis siempre causa daños importantes en el feto. Aunque esto puede ocurrir en algunos casos, muchas infecciones cursan sin síntomas y pueden controlarse con un seguimiento adecuado.
Qué medidas previenen de verdad la toxoplasmosis
Corregir estos mitos no es solo una cuestión teórica: ayuda a centrar la prevención en medidas eficaces y proporcionales.
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En la alimentación es fundamental consumir la carne bien cocinada. Deben evitarse los productos crudos o poco hechos, especialmente durante el embarazo.
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También es importante lavar cuidadosamente frutas y verduras antes de consumirlas. En la cocina conviene extremar la higiene, lavarse las manos tras manipular alimentos crudos y limpiar bien las superficies.
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No es necesario evitar el contacto con gatos; basta con adoptar precauciones sencillas. La bandeja de arena debe limpiarse a diario, preferiblemente por otra persona y usando guantes.
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Durante la jardinería o el contacto con tierra se recomienda proteger las manos y lavarlas después.
Estas medidas basadas en el riesgo real de transmisión, junto con el seguimiento médico habitual, permiten reducir el riesgo sin alterar de forma significativa la vida cotidiana.
El miedo no es una buena estrategia de prevención
El miedo a la toxoplasmosis durante el embarazo puede llevar a decisiones poco útiles y a un exceso de preocupación, cuando, en realidad, el riesgo no es igual para todas las mujeres ni en todas las situaciones. Depende del momento de la infección, de la inmunidad previa y de las vías reales de transmisión. Si estos factores se conocen, la prevención deja de basarse en prohibiciones generales: se apoya en decisiones informadas y proporcionadas.
Evitar alimentos o actividades sin un criterio claro no añade protección. En cambio, aumenta la ansiedad y dificulta vivir el embarazo con tranquilidad. En el ámbito de la salud, comprender el riesgo suele ser más eficaz que temerlo. La información rigurosa permite proteger sin renunciar a la vida cotidiana.
Diagnóstico y seguimiento durante el embarazo
Aunque se apliquen estas medidas, pueden surgir situaciones que requieran valoración médica. En ese contexto, el diagnóstico y el seguimiento desempeñan un papel clave.
La toxoplasmosis se detecta principalmente mediante análisis de sangre. Estas pruebas permiten identificar anticuerpos frente al parásito y dilucidar si la infección es pasada o reciente.
Cuando se confirma una infección durante la gestación, el seguimiento médico es esencial. Existen protocolos bien establecidos que incluyen controles periódicos. En algunos casos se indica el tratamiento farmacológico con el objetivo de reducir el riesgo de transmisión al feto y la aparición de complicaciones.
En suma, la detección precoz y el acompañamiento especializado permiten abordar la infección de forma informada. Evitan decisiones basadas en el miedo y favorecen una atención más serena.
La toxoplasmosis en el embarazo es un buen ejemplo de cómo el riesgo sanitario no es absoluto, sino que depende del contexto. Comprender cuándo existe un peligro real es más útil que imponer restricciones innecesarias. En salud pública, la información rigurosa sigue siendo una de las mejores herramientas de prevención.
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Raúl Pérez Caballero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. Toxoplasmosis en el embarazo: por qué el riesgo no siempre es el que creemos – https://theconversation.com/toxoplasmosis-en-el-embarazo-por-que-el-riesgo-no-siempre-es-el-que-creemos-274880
