Evolución del acicalamiento: de la higiene animal a la prevención de la violencia de género

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Myriam Catalá Rodríguez, Profesora Titular de Universidad, Área de Biología Celular, Especialista en Ecotoxicología y Sanidad Ambiental, Universidad Rey Juan Carlos

PeopleImages.com/Shutterstock

Imaginemos esta escena: una chica se arregla para salir y su pareja le dice que no se maquille, que no se vista “así”, que “no hace falta que se ponga tan guapa para los demás”. Puede parecer una anecdótica muestra de “celos románticos”, desde la biología es todo lo contrario.

En este hilo de X se critica, por su realismo, la dramatización de una escena demasiado habitual en la que un joven presiona a su pareja para que no se acicale:

En casi todos los vertebrados existe el acicalamiento, aseo o toilette, un comportamiento animal con funciones esenciales: cuida piel y estructuras protectoras (pelo, uñas, plumas, escamas), mantiene limpios orificios corporales (boca, oídos, zona genital, etc.) y facilita el buen funcionamiento del organismo.

Es, en esencia, una estrategia de autocuidado y autoestima corporal. Aunque se originó para eliminar parásitos y mantener la integridad de la piel, el acicalamiento ha evolucionado y también transmite información sobre el estado de salud, el estado de ánimo y la vitalidad y aptitud o eficacia biológica (fitness).

Ese mensaje llega a amigos, competidores, depredadores, y, por supuesto, a posibles parejas sexuales.

Mucho más que ponerse guapos

En especies sociales, este comportamiento ha evolucionado para fortalecer vínculos y facilitar la cooperación, aspectos que influyen directamente en la supervivencia y el éxito reproductivo, porque refuerzan la confianza y la familiaridad, favorecen la cooperación y la reconciliación, y consolidan lazos afectivos duraderos.

Dos linces acicalándose mutuamente.
Los felinos son un ejemplo de acicalamiento mutuo.
Matthias, via Wikimedia Commons, CC BY

En primates, el acicalamiento social o allo-grooming es un acto con patrones claros: progenitores que acicalan a sus crías, individuos que se acicalan entre sí como gesto de amistad o alianza, y parejas que usan el acicalamiento para fortalecer su relación.

En bonobos y chimpancés, nuestros parientes más cercanos, el acicalamiento suele preceder o seguir al apareamiento, funcionando como un verdadero ritual de intimidad. Algunos estudios sugieren que el beso humano podría derivar de esos rituales primates de limpieza mutua.

Del acicalamiento a los ornamentos

Dos chimpancés unen sus labios.
Gesto de acicalamiento similar al beso en chimpancés.

En humanos, el acicalamiento ha adquirido dimensiones culturales, manifestándose en rituales y dando lugar desde productos de higiene y cuidado personal, hasta cosméticos, adornos y ornamentos (peinados, maquillaje, joyería, moda). Posee un fuerte carácter simbólico y cultural, pero conserva sus objetivos biológicos: mostrar autoestima y salud al grupo.

Muchos ornamentos culturales que usamos tienen un significado sexual específico, remarcando rasgos sexuales secundarios ya presentes en nuestra anatomía. Por ejemplo, en los hombres, el recorte de pelo y barba o la ropa que resalta hombros y musculatura. En mujeres, dejarse la melena larga y cuidada, tener la piel tersa o llevar ropa que remarca caderas.

Personajes clásicos de Disney: Megara y Hércules
Personajes clásicos de Disney: Megara y Hércules.

Estos ornamentos no son para la infancia

En la infancia resultan perjudiciales y están reservados a la edad adulta porque pueden facilitar dinámicas de abuso conocidas como grooming. No es casual que este término anglosajón, utilizado para describir el proceso de manipulación en el abuso sexual infantil, signifique literalmente “acicalamiento”. Es una forma de control que tiene graves consecuencias para el bienestar de los menores.

La hipersexualización infantil precoz se ha demostrado muy dañina y parece tener una base en la selección natural.




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Autoestima, atractivo sexual y regalos de pareja

En nuestra especie, la autoestima y la eficacia biológica percibida de una persona forman parte intrínseca de su atractivo sexual. Por eso, en las relaciones de pareja son tan frecuentes los obsequios relacionados con el acicalamiento como perfumes, ropa favorecedora o íntima, maquillaje, joyería, o servicios de estética.

En condiciones saludables, estos regalos se entienden como un mensaje de: “Quiero que te sientas bien, fuerte, atractiva/o, segura/o”.

¿Por qué evitar el acicalamiento de la pareja?

Volvamos a la escena del vídeo: un joven pide a su compañera que no se arregle para salir, que “así llama la atención”. Cuando intenta controlar el acicalamiento de su pareja, está atentando contra su autoestima y dignidad, constituyendo un indicio de violencia psicológica que a menudo escala hacia la violencia machista.

Desde la biología evolutiva y la psicología de la sexualidad, este comportamiento indica una clara disfuncionalidad sexual y afectiva porque socava el valor social de la mujer, su dignidad y su imagen en el grupo y perjudica indirectamente a cualquier descendencia común, al minar el estatus de la madre.

El modelo de selección sexual supone que quien asume mayor coste reproductivo (la hembra) es quien elige pareja. Los machos, en cambio, se esfuerzan en demostrar que serán una buena inversión para compensar los costes de gestación, parto y crianza.

Ritual de cortejo de los pavos reales.
Wikimedia Commons., CC BY

Desde el punto de vista evolutivo, no es sencillo justificar que una mujer mantenga una relación con un hombre que deteriora su imagen social y su bienestar. Para entender un comportamiento así debemos tener en cuenta factores culturales y sociales que normalizan el control del cuerpo femenino. Algunas creencias románticas basadas en la posesión y los celos, por ejemplo, normalizan el control y la sumisión en la pareja. La falta de modelos sanos de relación afectivo-sexual pueden también contribuir a ello.

De la inseguridad masculina a la violencia machista

Los comportamientos como los del vídeo citado no son saludables y se apoyan en una base cultural perversa, desde estereotipos que fomentan la inseguridad de los chicos respecto a su atractivo y su capacidad para “retener” a una pareja, a modelos masculinos que recurren al chantaje emocional, la vigilancia, el control y la humillación, pasando por modelos femeninos que premian la sumisión, el sacrificio y la renuncia al propio brillo.

Estos comportamientos hacen imposible una relación sana y constituyen a menudo el punto de partida del maltrato psicológico y la violencia machista sistemática.

Claves para la intervención educativa y clínica

Podemos pensar en la responsabilidad de las familias, y en algunos casos es así. Pero hoy la influencia principal proviene de redes sociales y creadores de contenido, música y videoclips, y pornografía violenta de fácil acceso.

Estos referentes normalizan comportamientos disfuncionales como el control y celos como pruebas de amor, el mito del amor predestinado y la violencia física y sexual como “juego” o “fantasía”.

Para familias y profesionales de la educación y la salud mental, algunas líneas de trabajo concretas pueden ser:

En conclusión, la biología sexual evolutiva nos ayuda a identificar, entender y prevenir el impacto de la cultura en los rituales sexuales humanos y la construcción del cuerpo infantil y adolescente. Su integración en los programas de psicología, psicopedagogía y sexología ayudaría a implementar intervenciones más eficaces contra la violencia de género.

The Conversation

Myriam Catalá Rodríguez trabaja para la Universidad Rey Juan Carlos e imparte docencia en el posgrado Experto en Prevención e Intervención sobre el Impacto de la Pornografía en Infancia y Adolescencia

ref. Evolución del acicalamiento: de la higiene animal a la prevención de la violencia de género – https://theconversation.com/evolucion-del-acicalamiento-de-la-higiene-animal-a-la-prevencion-de-la-violencia-de-genero-272647