Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ainhoa Apraiz Iriarte, Docente e investigadora en Innovación en Diseño Industrial, con especialización en Diseño de Interacción y Aceptación Tecnológica en Robótica., Mondragon Unibertsitatea, Mondragon Unibertsitatea

La forma en que nos comunicamos con las máquinas puede hacer que el trabajo resulte más ágil o más agotador. En las fábricas de hoy, la clave está en que la tecnología aprenda a entendernos para que la colaboración entre personas y robots sea real. El verdadero desafío no es solo producir más rápido, sino hacerlo de un modo más humano.
Aunque el sector industrial vive una auténtica carrera hacia la automatización, la International Federation of Robotics (IFR) alerta de que esta cayó un 8 % en Europa en 2024. Quizá el siguiente paso no sea tener más robots, sino mejorar la forma en la que nos entendemos con ellos.
Puentes que nos unen
Las interfaces son el punto de encuentro más importante entre las personas y los robots: un lenguaje compartido que traduce nuestras órdenes y las respuestas de las máquinas. Cuando ese lenguaje no es claro, la colaboración se vuelve más exigente y mentalmente agotadora, y el trabajo pierde fluidez.
Durante décadas, esta comunicación con los sistemas industriales se ha dado principalmente a través de interfaces visuales: instrucciones que aparecen en una pantalla y que el operario interpreta para actuar. Hoy, sin embargo, contamos con opciones mucho más ricas: las interfaces multimodales, que combinan voz, vista o incluso tacto para crear una interacción más natural y fluida.
Esa evolución no es casual. Responde a la necesidad de que la tecnología se adapte mejor a las personas y sea más intuitiva.
Una mirada más humana
Mientras empresas como KUKA, ABB o Fanuc perfeccionan la automatización, nuestras investigaciones en Mondragon Unibertsitatea intentan recordar algo esencial: no basta con fabricar robots más rápidos, sino diseñar robots que entiendan mejor a las personas. Y esa comprensión se traduce, finalmente, en mayor eficiencia.
Para comprobar cómo influye la forma de comunicarse con los robots, realizamos un experimento en el laboratorio de Mondragon Unibertsitatea con veinte participantes que debían completar una tarea de desensamblado industrial junto a un robot colaborativo, el KUKA LBR iiwa.
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En una de las condiciones, el robot se comunicaba únicamente a través de una interfaz visual. En la otra, le añadimos voz, creando una interfaz multimodal que combinaba información visual y auditiva.
Durante el proceso, medimos tanto el rendimiento como la experiencia subjetiva de los participantes, mediante el cuestionario HUROX. También registramos su actividad cerebral mediante electroencefalografía (EEG) para analizar la carga mental y el estado emocional.

Ainhoa Apraiz et al.
¿Cuáles fueron los resultados?
Cuando las personas interactuaban con una interfaz multimodal, su carga de trabajo disminuía de forma significativa y su estado emocional era más positivo. Dicho de otro modo: trabajar con un robot que combina voz e imagen resultaba más cómodo, más fluido y menos agotador.
Las mediciones cerebrales confirmaron lo que los participantes expresaban en sus valoraciones: esta forma de interacción ayuda a mantener la atención sin saturar la mente. Las personas describieron la comunicación como más natural, más segura y más satisfactoria, lo que apunta a una mejora global de la experiencia humano-robot.
Uno de los hallazgos más esperanzadores fue comprobar que no se observaron diferencias significativas entre hombres y mujeres en la forma de adaptarse a las interfaces. (Sin embargo, en el ámbito tecnológico e industrial, las desigualdades persisten: las mujeres siguen estando infrarrepresentadas en carreras STEM, en puestos de diseño y en la toma de decisiones sobre la tecnología. Incorporar sus voces –y las de personas de identidades diversas– no solo evitará sesgos: mejorará el diseño para toda la sociedad).
Los resultados más allá del laboratorio
En un contexto industrial donde la automatización avanza rápido, entender cómo se sienten las personas al trabajar con robots es tan importante como medir la productividad. Se trata de apostar por una tecnología centrada en el bienestar humano, donde la eficiencia no se consiga a costa del agotamiento o la desconexión emocional.
Diseñar interfaces que reduzcan la carga mental no solo mejora el rendimiento, sino que también mejora la calidad del trabajo y la seguridad. Cuando un operario no tiene que memorizar cada paso o interpretar señales ambiguas, trabaja con más confianza y comete menos errores. Asimismo, cuando la comunicación con el robot es más natural –escuchando su voz o viendo señales claras–, la interacción se vuelve menos fría y más colaborativa.
En definitiva, la tecnología más avanzada no será la que trabaje más rápido, sino la que mejor entienda a las personas que lo utilizan. Este enfoque, más humano e inclusivo, invita a repensar el futuro de la industria desde la ergonomía cognitiva, la igualdad de oportunidades y el bienestar social.
Tecnología accesible para todas las personas
La multimodalidad puede ser una herramienta poderosa para mejorar la accesibilidad. Al combinar voz, visión o, incluso, tacto, facilita que personas con diferentes capacidades sensoriales o cognitivas puedan interactuar con los robots de manera más equitativa.
Una interfaz que habla y muestra información visual, por ejemplo, puede ayudar tanto a quien tiene dificultades auditivas como a quien necesita apoyos visuales o verbales para comprender mejor una instrucción.
Así, diseñar sistemas multimodales no solo mejora la eficiencia: amplía las oportunidades de participación en los entornos industriales y hace que la tecnología se adapte a la diversidad humana en lugar de exigir lo contrario.
Y es que la tecnología inclusiva no es solo una cuestión técnica, sino un imperativo ético y social. Implica reconocer que la igualdad real aún está en construcción y que la robótica del futuro debe contribuir a cerrarla, no a ampliarla.
La nueva industria nos invita a trabajar por un nuevo equilibrio: uno en el que los robots aporten precisión y fuerza y las personas sigan siendo el centro, con su creatividad, su criterio y su humanidad.
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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.
– ref. Robots que escuchan, miran y responden: la nueva frontera de la colaboración – https://theconversation.com/robots-que-escuchan-miran-y-responden-la-nueva-frontera-de-la-colaboracion-268584
