Por qué es tan importante proteger las ‘bibliotecas de Alejandría’ de los microorganismos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sergio Seoane Parra, Profesor Pleno de Ecología, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Cepas de la Colección Vasca de Cultivos de Microalgas (BMCC). Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea

La biblioteca de Alejandría fue un gran centro del saber de la Antigüedad que llegó a albergar, según los expertos, hasta 700 000 ejemplares. Una serie de acontecimientos a lo largo de los siglos acabaron con esa joya del conocimiento y se perdieron para siempre documentos con miles de años de historia que contenían información irreemplazable para la cultura humana.

Representación artística del siglo XIX de la biblioteca, basada parcialmente en la evidencia arqueológica disponible en la época.
O. Von Corve, CC BY

Hoy, en nuestras universidades y centros de investigación, nos encontramos con pequeñas “Alejandrías” en forma de colecciones de cultivos de microorganismos. En ellas, se alberga información única sobre procesos, formas de vida y compuestos, resultado de millones de años de evolución.

La misión de estas colecciones es preservar y conocer la diversidad genética de los grupos taxonómicos en nuestro planeta y ponerla a disposición de múltiples fines. Son la materia prima de innumerables procesos biotecnológicos en campos tan diversos como la medicina, la alimentación, los biomateriales o las energías limpias, y forman parte de desafíos globales como la falta de antibióticos o la crisis alimentaria.

Cuidado de la cepas

El día a día de una colección de cultivos consiste en preservar los organismos, identificarlos y suministrar las cepas a instituciones científicas o al sector empresarial. Cada vez con mayor frecuencia, también se incluyen tareas de caracterización de compuestos o procesos que pueden tener interés industrial.

Todo ello requiere de personal cualificado, encargado de la identificación taxonómica y de la caracterización de compuestos de interés y de personal técnico para las labores de mantenimiento y conservación de las cepas. Además, hacen falta unas infraestructuras físicas e informáticas que aseguren que todas estas tareas se llevan a cabo con seguridad, calidad y con una gestión eficaz de los registros.

Sin estas condiciones, resulta difícil asegurar un mantenimiento adecuado de las cepas que permitan la reproducibilidad –reproducir los mismos experimentos con los mismos organismos en distintos laboratorios– de las investigaciones.

El mantenimiento entraña una gran dificultad, inherente al tamaño de los organismos a preservar. Esto no solo complica su identificación, sino también su conservación, por la facilidad de contaminación que presentan los cultivos.

Microalgas, una jugosa promesa

En la actualidad, se encuentran registradas en la Federación Mundial de Colecciones de Cultivos de Microorganismos (WFCC-MIRCEN WDCM) 884 colecciones con más de 4 millones de cepas. Entre ellos, están las microalgas, como las que alberga la Colección Vasca de Cultivos de Microalgas (BMCC).

Su relevancia ha crecido notablemente gracias al desarrollo biotecnológico de los últimos años. Están presentes en nuestra vida cotidiana: en la alimentación humana y animal, en la cosmética, en nuevos materiales biodegradables y aplicaciones biomédicas.

Por su interés económico y ecológico, estos organismos se han integrado en las políticas a través de documentos como el Pacto Verde Europeo o la Estrategia de la Granja a la Mesa. La UE las considera parte de la solución a las crisis medioambiental, energética y alimentaria del planeta.

Pilares de la ciencia aplicada

No obstante, todo el futuro prometedor que presentan las microalgas y otros microorganismos solo podrá existir si las colecciones de cultivos pueden cumplir sus funciones y, hoy en día, esto no es una tarea fácil.

En ocasiones, estas colecciones dependen de pequeños grupos de investigación que carecen de financiación estable para las exigentes tareas de aislamiento y mantenimiento de los organismos, y la falta de compromiso institucional pone en riesgo su continuidad.

Su mantenimiento es considerado, muchas veces, como ciencia básica, y los recursos que se le dedican suelen ser muy inferiores a los que recibe la ciencia aplicada. Sin embargo, es fácil intuir que la ciencia aplicada con estos microorganismos no tiene ningún recorrido sin la labor de las colecciones.

Hoy contamos con un patrimonio de valor incalculable en dichas colecciones, y en ellas podría encontrarse la clave para afrontar muchos de los desafíos actuales y futuros.

Con el fin de protegerlo, es indispensable un compromiso institucional firme que asegure no solo su conservación, sino también su desarrollo, sin depender de financiación ocasional o inestable. De lo contrario, quienes hoy toman decisiones podrían convertirse en los responsables de la “quema” de estas imprescindibles bibliotecas de Alejandría en pleno siglo XXI.

The Conversation

Sergio Seoane Parra recibe fondos del Gobierno Vasco

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