Source: The Conversation – (in Spanish) – By Manuel Olías, Catedrático de Hidrología Superficial e Hidrogeología, Universidad de Huelva

Hasta la década de los 60 del siglo pasado, antes de que existiera el Parque Nacional de Doñana, no se sabía que en esta zona existía una gran acuífero. Fue entonces cuando la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), junto con el Gobierno español, impulsaron estudios hidrogeológicos que permitieron comprobar la existencia de este importante acuífero, denominado Almonte-Marismas.
A raíz de aquel descubrimiento, se desarrolló un proyecto público de transformación agraria, gracias al cual se perforaron cientos de sondeos profundos en zonas muy próximas al Parque Nacional de Doñana (creado en 1969). También se inició simultáneamente la perforación desordenada de sondeos por la iniciativa privada para el riego de fresas, muchos de ellos ilegalmente.
¿A dónde va el agua del acuífero?
El acuífero Almonte-Marismas se extiende desde las provincias de Sevilla y Cádiz, al este, hasta el estuario del río Tinto, junto a Huelva, al oeste. Es mucho más extenso que los ecosistemas de Doñana, que incluyen el parque nacional y el parque natural (este último creado en 1989).
Los materiales que forman el acuífero son en su mayor parte arenas y gravas permeables, que en la zona de marismas están cubiertos por materiales arcillosos impermeables.
El agua del acuífero proviene de la infiltración de parte del agua de la lluvia caída en la zona. Tras circular lentamente a través de los materiales permeables, las salidas del acuífero se producen por:
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Aportes de aguas subterráneas hacia los principales arroyos de la zona, especialmente al arroyo de La Rocina, sustentando un frondoso bosque en galería y zonas encharcadas permanentemente, incluso durante el verano.
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Surgencias de agua en el contacto entre las arcillas de la marisma y los materiales arenosos del entorno. Esta zona constituye un ecotono, es decir, un ecosistema de transición entre la marisma y las arenas, que mantiene una humedad permanente, muy importante para la fauna, gracias a los aportes de agua subterránea.
Manuel Olías, CC BY-SA
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El acuífero también alimenta multitud de lagunas con una gran variedad de condiciones y biodiversidad. Se estima que sólo en el parque nacional existen más de 3 000 en años húmedos.
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Donde el agua subterránea se encuentra a menos de 1 m de profundidad, las plantas producen su evapotranspiración, es decir, su paso a la atmósfera. En estas zonas se desarrolla una vegetación muy densa constituida por plantas higrófitas, muy sensibles a cambios del nivel freático –nivel que alcanza el agua en el subsuelo–.
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Por último, también se producen salidas hacia el mar en la zona costera.
Pepe Prenda, CC BY-SA
La división del acuífero
A efectos de gestión, el acuífero Almonte-Marismas está dividido en seis masas de aguas subterráneas: cinco (La Rocina, Almonte, Marismas, Marisma de Doñana y Manto Eólico Litoral de Doñana) pertenecen a la Demarcación Hidrográfica del Guadalquivir, que depende del Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico, y una (Condado) a la Demarcación del Tinto, Odiel y Piedras, gestionada por la Junta de Andalucía.

Manuel Olías, CC BY-SA
Algunos de los límites entre estas masas de aguas subterráneas tienen un criterio hidrogeológico. Por ejemplo, la masa Marismas de Doñana corresponde a la zona de marismas del parque nacional donde afloran arcillas impermeables.
Sin embargo, otros límites se deben a criterios administrativos. Así, el contacto entre las masas Manto Eólico Litoral y La Rocina corresponde al antiguo límite del Parque Natural de Doñana. Sin embargo, el parque natural se amplió hacia el norte en el año 2015, por lo que este límite ya no tiene ningún sentido.
Tres de estas masas se consideran actualmente en mal estado cuantitativo por los importantes descensos causados por los bombeos, y otras dos están en mal estado químico por la contaminación del agua causada por los nitratos y pesticidas utilizadas en la agricultura.
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Manuel Olías, CC BY-SA
Impactos de las extracciones de agua
Los bombeos de aguas subterráneas en la zona de Doñana se destinan principalmente al riego de cultivos, aunque también existen extracciones menores, pero significativas, para el abastecimiento de agua potable a Matalascañas.
Los descensos más importantes de los niveles freáticos se han producido en torno a las localidades de El Rocío y Villamanrique de la Condesa, donde se ha formado dos grandes conos de bombeo con descensos de hasta 20 m; en las cercanías de Matalascañas; y en la zona próxima a Mazagón.

Manuel Olías, CC BY-SA
Las consecuencias ecológicas más graves de los descensos de las aguas subterráneas son los siguientes:
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La disminución de los aportes hacia los arroyos de la zona, que transportan menos agua hacia la marisma y se secan cada vez más frecuentemente. Esto provoca la desaparición de zonas encharcadas muy importantes para las aves acuáticas durante el verano.
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La disminución de salidas de agua subterránea a los ecotonos, que afecta especialmente al ecotono norte, entre Villamanrique y El Rocío.
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La afección a lagunas. Algunas de las más próximas a Matalascañas y los puntos de bombeo se han secado permanentemente mientras que otras cada vez tienen menos agua, afectando a su flora y fauna.
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La disminución de la vegetación higrófita en extensas zonas del parque.
Además, se han producido importantes cambios en los flujos de aguas subterráneas. En un estudio publicado el pasado año, detectamos que parte de la zona de la cabecera de La Rocina donde el agua
fluía naturalmente hacia el este, es decir, hacia el parque nacional, actualmente se dirige hacia el oeste debido a las extracciones en la masa de agua subterránea Condado. Es decir, los bombeos en la zona gestionada por la Junta de Andalucía están afectando a los recursos hídricos y ecosistemas de las masas de aguas gestionadas por la Confederación del Guadalquivir. Esto pone de manifiesto que las aguas subterráneas no “saben” de límites y es necesario mejorar la coordinación entre las instituciones implicadas para realizar una gestión global del conjunto del acuífero.

Manuel Olías, CC BY-SA
Cambio climático y desafíos futuros
El cambio climático está produciendo que cada vez llueva menos y de una forma más torrencial, junto con un aumento progresivo de la temperatura. Como consecuencia, todo apunta a que se producirá una importante disminución de la recarga al acuífero y descensos adicionales de los niveles de aguas subterráneas. Ello está agravando la situación de los ecosistemas de Doñana que dependen del agua.
Ante esta complicada situación, a finales de 2023 la Junta de Andalucía y el Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico (del que depende la Confederación del Guadalquivir) firmaron un pacto de inversión conjunta de 1 400 millones que busca conciliar la protección ambiental con el progreso socioeconómico, y en el que se incluyen diferentes medidas para reducir las extracciones de aguas subterráneas en el entorno de Doñana. Es necesario implementar rápidamente esas medidas para mejorar la salud de los ecosistemas de Doñana.
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Manuel Olías recibe fondos de proyectos y contratos de investigación europeos, nacionales y regionales.
– ref. La actual división del acuífero de Doñana está desfasada y agrava los problemas de gestión del agua – https://theconversation.com/la-actual-division-del-acuifero-de-donana-esta-desfasada-y-agrava-los-problemas-de-gestion-del-agua-272962
