Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lidia de la Iglesia Aza, Professor of Labour Law and Social Security, Universidade de Santiago de Compostela
Los síntomas menstruales pueden afectar gravemente a la vida laboral de una persona. Para combatir esto, ha surgido la idea de la baja menstrual. Esta medida legal permite a las trabajadoras tomarse un tiempo libre cuando los síntomas de la menstruación son demasiado difíciles de manejar en el trabajo.
Se enmarca dentro de la salud menstrual, un concepto relativamente nuevo y amplio que considera la menstruación no solo como un proceso biológico, sino también como una cuestión que afecta a la vida cotidiana, el bienestar y los derechos fundamentales de las personas.
Varios países cuentan con políticas de baja menstrual, pero las abordan de diferentes maneras. En la Unión Europea (UE), la mayoría de los países han hecho muy poco al respecto: en 2026, España es el único Estado miembro de la UE que cuenta con una normativa específica sobre la baja menstrual, introducida en 2023.
Japón fue el primer país en introducir la baja menstrual en 1947. Después de la Segunda Guerra Mundial, muchas mujeres se enfrentaban a duras condiciones de trabajo. Los baños inadecuados y la falta de productos sanitarios hacían imposible trabajar durante la menstruación, y la solución fue el derecho al seirikyuuka o “permiso fisiológico”, que reconoce la menstruación como una condición natural que los empleadores deben tener en cuenta.
Sin embargo, la legislación japonesa, al igual que sus homólogas más modernas, es deficiente. No especifica cuántos días se pueden tomar, no se garantiza el salario y los empleadores deciden si la baja es remunerada o no. En 2020, solo alrededor del 30 % de las empresas ofrecían el salario completo o parcial. En la práctica, menos del 1 % de las mujeres lo utilizan, y las que lo hacen a menudo se enfrentan a discriminación o acoso.
Estas dificultades son un tema recurrente en la aplicación de políticas similares en todo el mundo.
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La baja menstrual en todo el mundo
Más recientemente, otros países y regiones han introducido políticas de baja menstrual: Indonesia, Corea del Sur, Zambia, México, Taiwán, tres provincias chinas (Hubei, Shanxi y Ningxia), una provincia argentina (Federación) y dos provincias indias (Karnataka y Bihar) .
La Ley de Igualdad de Género en el Trabajo de Taiwán de 2002 estableció un día libre al mes para las mujeres, pero solo hasta un máximo de tres días al año. Estos días no se deducen de la baja por enfermedad, pero solo si se mantienen dentro de ese límite. Las mujeres reciben solo el 50 % de su salario durante la baja menstrual, lo que refleja las normas de la baja por enfermedad.
Indonesia introdujo el permiso menstrual en 2003, permitiendo hasta dos días de descanso remunerado al mes. La ley exige que las empleadas lo notifiquen con antelación a su empleador, y los acuerdos específicos (permiso a tiempo parcial, días consecutivos o discontinuos) se dejan a criterio de las partes implicadas.
Corea del Sur siguió su ejemplo con su propia normativa en 2007, concediendo a las mujeres un día de permiso no remunerado al mes. Los empleadores están legalmente obligados a respetar este derecho, y el incumplimiento de esta obligación puede dar lugar a multas elevadas.
Tanto Taiwán como Corea del Sur se enfrentan a retos similares, ya que muchos empleadores no aplican correctamente la normativa, se niegan a conceder la baja prometida o exigen pruebas intrusivas a las empleadas, lo que socava su dignidad en el proceso.
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En 2014, el municipio de Federación, en Argentina, introdujo una política que concedía a sus empleadas públicas un día libre remunerado al mes si no podían trabajar debido a su menstruación. A nivel local, esta iniciativa se conoció como el “día femenino”.
En Zambia, la baja menstrual se estableció en 2015, y las mujeres tienen derecho a un día libre al mes, sin necesidad de presentar un certificado médico ni siquiera de avisar previamente a su empleador. Esta política se conoce como “Día de la Madre”, lo que refleja el énfasis cultural en el papel que se atribuye a la mujer en la sociedad.
En el Estado de México, a las empleadas públicas se les ha concedido un permiso por dismenorrea (dolor menstrual) como política enmarcada en la defensa de los derechos laborales. Curiosamente, la política de México no se limita únicamente a la menstruación. Identifica tres grupos principales de beneficiarios: mujeres que sufren dismenorrea grave, mujeres en la mediana edad que padecen síntomas de la menopausia o la fase climáctica, y hombres en la mediana edad que sufren molestias relacionadas con la andropausia.
La normativa mexicana se describe mejor como baja fisiológica que como baja estrictamente menstrual, ya que amplía el apoyo a los trabajadores en diferentes etapas de la vida que tienen implicaciones para la salud.
La baja menstrual en España
La normativa sobre la baja menstrual en España entró en vigor el 1 de junio de 2023, tras un proyecto de ley presentado por el Gobierno de coalición del Partido Socialista y Podemos, su socio de izquierdas. La medida no fue aceptada de forma unánime: se aprobó con 185 votos a favor, 154 en contra y 3 abstenciones.
Desde el principio, la propuesta suscitó un acalorado debate. Su carácter innovador y ambicioso suscitó fuertes críticas por parte de varios partidos políticos, en particular del Partido Popular (PP), quien advirtió que la ley podría conducir a la marginación, la estigmatización e incluso a consecuencias negativas en el mercado laboral para las mujeres.
Sin embargo, la aprobación de la ley fue aclamada por grupos feministas y organizaciones de derechos laborales como un hito histórico. Para ellos, la baja menstrual representa un reconocimiento largamente esperado de las necesidades de las mujeres y un paso hacia una mayor igualdad en el empleo.
La ley introduce nuevos derechos para las mujeres en el marco de la Seguridad Social española, reflejando lo que algunos estudiosos han descrito como el “derecho a trabajar sin dolor”. Crea una nueva situación de incapacidad temporal relacionada con afecciones menstruales incapacitantes. Esto incluye la dismenorrea secundaria y afecciones relacionadas, como la endometriosis, los fibromas, la enfermedad inflamatoria pélvica, la adenomiosis, los pólipos endometriales, el síndrome de ovario poliquístico o cualquier dificultad en el flujo menstrual.
En estos casos, la Seguridad Social cubre la prestación desde el primer día de baja. Esto difiere de la baja por enfermedad general, en la que los pagos solo comienzan a partir del cuarto día. Además, las mujeres no necesitan haber cotizado previamente a la Seguridad Social para acceder a esta protección.
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Un sistema infrautilizado
El proyecto de ley original estimaba que alrededor del 1 % de los seis millones de mujeres de entre 16 y 50 años en España, aproximadamente 60 000 trabajadoras, podrían sufrir síntomas menstruales incapacitantes.
Según las propias cifras del Ministerio, entre el 1 de junio de 2023 y el 3 de febrero de 2025 solo 2 668 mujeres hicieron uso de la prestación, con una duración media de tres días por baja. Esta cifra es muy inferior a la estimación original, lo que significa que no se está utilizando tanto como debería.
Dada su reciente introducción y el reducido número de beneficiarias, aún no hay pruebas de que la baja menstrual haya tenido un impacto negativo en el empleo de las mujeres en España.
El problema de la baja menstrual
La menstruación se suele tratar como algo vergonzoso o incómodo. Este estigma dificulta que las mujeres expresen sus necesidades en el trabajo, lo que significa que gestionar la menstruación se convierte en una lucha privada, no reconocida en el lugar de trabajo.
El permiso menstrual es solo una posible solución a este problema. Otras políticas, como horarios flexibles, áreas de descanso bien equipadas, etc., también podrían ser muy beneficiosas.
La cuestión clave es si el permiso menstrual mejora realmente el bienestar de quienes lo necesitan o si, sin quererlo, refuerza la discriminación, los estereotipos negativos y el resentimiento hacia las empleadas que lo utilizan. El debate sigue abierto y subraya la importancia de diseñar leyes laborales que reconozcan las circunstancias biológicas de las trabajadoras.
Pero una cosa está clara: abordar la salud menstrual en el trabajo es de vital importancia. El punto de partida es reconocer que cada mes, alrededor de 2 000 millones de personas en todo el mundo experimentan la menstruación. Necesitan prácticas laborales justas y solidarias.
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Lidia de la Iglesia Aza no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. Baja menstrual: el estigma y la incertidumbre hacen que estas medidas se utilicen poco en todo el mundo – https://theconversation.com/baja-menstrual-el-estigma-y-la-incertidumbre-hacen-que-estas-medidas-se-utilicen-poco-en-todo-el-mundo-274653

