Source: The Conversation – (in Spanish) – By Víctor M. Lizana Martín, Profesor Adjunto, Facultad de Veterinaria, Universidad CEU Cardenal Herrera, Universidad CEU Cardenal Herrera

Se llaman servicios ecosistémicos los beneficios que las personas obtenemos de la naturaleza. Algunos son muy fáciles de entender, como las materias primas o la energía, pero otros resultan menos evidentes, como el ciclo del agua, la descomposición de residuos, la polinización o la protección frente a infecciones.
Alrededor del 60 % de las enfermedades que afectan a las personas son zoonosis, es decir, se transmiten entre animales y humanos. Además, el 75 % de las dolencias nuevas o emergentes también entran en esta categoría.
Los ecosistemas bien conservados actúan como una barrera natural frente a estas patologías. Por un lado, mantienen separadas a las personas de la fauna silvestre, y por otro, favorecen procesos que reducen la propagación de patógenos. Un ejemplo de esto es cuando los depredadores eliminan a los animales enfermos, que suelen ser más débiles. Además, si hay gran variedad de especies en un ecosistema, los patógenos se diluyen entre distintos tipos de animales y es menos probable que lleguen a los humanos.
¿Qué ocurre cuando se rompe el equilibrio?
Los bosques tropicales húmedos, como los de la Amazonía, África ecuatorial o el sudeste asiático, son puntos calientes de biodiversidad, regiones que albergan una concentración excepcional de especies endémicas y únicas, pero que están gravemente amenazadas por la actividad humana. Al mismo tiempo, albergan muchos microorganismos capaces de provocar enfermedades.
Y estos ecosistemas están siendo alterados por el extractivismo. Tras el descubrimiento de un recurso, una de las primeras alteraciones suele ser la construcción de carreteras. Éstas permiten extraer materias primas y derivan en la llegada de personas, animales domésticos y nuevas actividades económicas a zonas que antes estaban aisladas, favoreciendo la circulación de enfermedades.
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Un mundo, una salud
Aunque los recursos naturales se agoten, las personas suelen quedarse y, con el tiempo, se establecen más comunidades. Para cultivar la tierra, se talan o queman árboles, creando un patrón de deforestación “en forma de espina de pescado”, con la carretera original como eje principal. Esto aumenta la presión sobre el entorno: se caza más, crece la población y aparecen nuevos asentamientos.
Además, en muchas de estas zonas se acompaña de otros problemas como pobreza, falta de infraestructuras o poca presencia gubernamental.
Consecuencias ecológicas y sanitarias
Otra de las consecuencias de este fenómeno es que el contacto entre personas, animales domésticos y fauna silvestre se vuelve más estrecho. Como resultado, se pierden los beneficios de un ecosistema sano. Las dinámicas naturales cambian: disminuyen los grandes depredadores, que eliminaban a los animales enfermos.
Al mismo tiempo, prosperan especies más generalistas, organismos capaces de prosperar en una amplia variedad de condiciones ambientales y utilizar diversos recursos alimenticios. También aumentan los vectores artrópodos, transmisores de enfermedades como mosquitos, garrapatas o chinches que son atraídos por los nuevos asentamientos humanos. El cóctel perfecto para que aumente el riesgo de transmisión de enfermedades.
Mascotas como puentes epidemiológicos en la Amazonía
En la Amazonía, las mascotas, especialmente los perros, están protagonizando un papel clave en este proceso. Los canes suelen acompañar en la caza, se mueven libremente y su alimentación depende en parte de lo que encuentran por sí mismos. Esto hace que entren en contacto directo con fauna silvestre, tanto en forma de depredadores como de presas. A pesar de ello, siguen formando parte del entorno doméstico y mantienen un contacto estrecho con las personas.
Por estas razones, las mascotas pueden actuar como un puente entre las enfermedades de la fauna silvestre y los humanos. Al alimentarse de animales salvajes o entrar en contacto con sus restos, orina o heces, pueden infectarse con distintos patógenos, como la rabia, la toxoplasmosis, la leptospirosis o parásitos intestinales, entre otros. Pero la transmisión también funciona en sentido contrario. Las mascotas pueden contagiar enfermedades a la fauna silvestre, como moquillo canino, parvovirus, leucemia e inmunodeficiencia felina o sarna.
Además, muchos invertebrados transmisores, como pulgas, garrapatas y mosquitos, pican tanto a animales como a personas. Si estos insectos se infectan, pueden contagiar la leishmaniosis, la dirofilariosis o la babesiosis, entre otras enfermedades graves. En muchos casos, las mascotas actúan como amplificadores del patógeno, facilitando su dispersión.
La Amazonía es inmensa y todavía poco explorada en muchas áreas. Sin embargo, la mayor parte de las investigaciones se han realizado en zonas periféricas.
Esto se debe a que son más accesibles, aunque también a que están más degradadas y estresadas. Precisamente por ello, son áreas especialmente importantes epidemiológicamente. Pero aún sabemos poco sobre lo que ocurre en el interior mejor conservado. ¿Qué podría estar pasando en comunidades remotas o aisladas?
Conservación, salud e impacto planetario
Cuando se protege el territorio, por ejemplo mediante parques nacionales o cediendo la gestión a comunidades indígenas, disminuyen las actividades extractivistas. Como resultado, también se reduce el riesgo de transmisión de enfermedades. Por eso, es importante aplicar el enfoque de “Una Sola Salud” (One Health), que tiene en cuenta la relación entre la salud de las personas, los animales y el medio ambiente.
También es necesario mejorar la vigilancia de enfermedades y estudiar más las zonas menos conocidas. Y para ello la colaboración entre científicos, veterinarios, autoridades sanitarias y organizaciones ambientales es fundamental.
Puede parecer que lo que ocurre en la Amazonía está muy lejos de nuestra realidad diaria. Sin embargo, en el mundo actual, los problemas locales pueden tener consecuencias globales. Las pandemias recientes han demostrado que la destrucción de la naturaleza puede facilitar la aparición y expansión de enfermedades. Por eso, proteger los ecosistemas no solo es importante para conservar la biodiversidad, sino también para proteger la salud global.
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Víctor M. Lizana Martín es miembro de la Sociedad Española para la Conservación y Estudio de los Mamíferos (SECEM)
– ref. La amenaza que representan el extractivismo y las mascotas para la Amazonía y la salud global – https://theconversation.com/la-amenaza-que-representan-el-extractivismo-y-las-mascotas-para-la-amazonia-y-la-salud-global-278608
